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Alejandro Viedma: “En un contexto de enfermedad, de muertes, yo hablo de amor, de sexo, de pasiones”

Entrevista realizada por Edison E. Ávila* el 10/11/20 para su blog Sin Formatos. ¡Muchas gracias!

Hace poco más de dos años, quien esto escribe fue uno de los asistentes que abarrotaron la Casa Brandon para el lanzamiento oficial del primer libro de Alejandro Viedma (#lesrares, en co autoría con Verónica Dema). He participado de otras presentaciones del libro, entre ellas, en la ciudad de Viedma, mi ciudad (casi casi) natal.

Tapa de "Amores di Versos"

En el mes de la diversidad, en un contexto tan especial para el mundo entero, llega por fin el segundo retoño de Viedma: “Amores di Versos – (De)construcción del Deseo”, editado por Milena Caserola. En este libro, actualmente en preventa, podremos conocer otras aristas de este psicólogo y activista por los derechos LGBTIQ+. Sin Formatos mantuvo una charla con Alejandro en la que hablamos del contenido del libro.


-¿Qué significa Amores di Versos para vos, qué vamos a encontrar en él? 

-Es la realización de otro de mis deseos, el primer libro de mi autoría total, siguiendo la ruta de la visibilidad y la afectividad a través de una literatura LGBTIQ+. Me gustó, por ejemplo, describir situaciones en formato crónica, pero también me habilité a la prosa poética. Hay bastante de autobiográfico, algo de imaginación y un hilo conductor: el deseo en lo deseado y por desear. Creo que en los escritos transmito mis sentimientos, así que ojalá sea un libro que, aunque sea por tramos, emocione, despierte cosas o al menos interese en cuanto a las temáticas y vivencias presentes allí. 

-¿Cuánto aportó la experiencia con #lesrares a la hora de hacer tu segundo libro? 

-Ayudó en mi confianza para salir del closet del todo como escritor, y sin el acompañamiento (que tuve todo el tiempo en #lesrares) amistoso y profesional de la gran coequiper que es para mí Verónica Dema, con quien ya estamos armando otro libro para el 2021, pero ahora y en los próximos meses tengo y tendré mi libido puesta en Amores di Versos. Con #lesrares terminé de notar la importancia que cobra para les lectores el sentirse identificados con párrafos que constituyen experiencias reales de vida. 

-Hablando de experiencias de vida reales, personales, ¿Cuánto de vos hay puesto en el contenido de sus páginas? 

-Hay mucho de mí, no sólo en el interior del libro, sino en esa foto de portada, de ese Alejandrito que fui a mis tres años, hace ya 44. También en el título, porque hablo de mis amores enmarcados en la diversidad, abriendo mi corazón y mi sinceridad no tan cómodamente, ya que me muevo mejor cuando escribo dentro de mi profesión y vocación, la psicología. Respecto a esos textos del interior del libro, son en su mayoría en primera persona y casi sin filtro, aunque juegue pendulando entre metáforas y la literalidad, sin caer en lo cursi, que me aburre.  

Amores di Versos cuenta, entre otros escritos, con una conmovedora carta del Alejandro Viedma adulto al niñe que fue, intitulada Palabras dulces ante un mundo amargo (carta a mi niñe interior). A continuación, una parte de ese texto.

“…No te preocupes tanto por obtener el cariño de los demás, eso lo irás sintiendo conforme vayas siendo VOS mismo, genuino.  

Es inútil que quieras parecerte a lxs otrxs. ¿Para qué lo harías? Sé como y lo que sos, con TU expresión de género, aunque te tomen por raro. Está buenísimo ser “rare”, ser único como tus huellas digitales, ser singular, prístino, irreemplazable, con tu impronta, tu signo, tu ícono, tu índice, tu símbolo, tu rasgo, tu estilo. 

Sólo así te sentirás objetiva y subjetivamente digno y te querrán tus amigues y familiares, por ende resistí a las críticas destructivas, a las burlas y al aislamiento, porque te convertirás en un sobreviviente, en un resiliente y verás que el futuro será mejor y más lindo que el pasado. Confiá en apostar a lo nuevo. 

Tené en cuenta que lo no dicho y los “ni” enferman, así que no temas hablar y tomar decisiones…”

-Esta carta emociona tanto como el testimonio en primera persona de tu experiencia como víctima de bullying que formó parte de #lesrares. Siento que hay algo reparador en tu amorosa mirada al Alejandro niñe. 

-Sí, porque trato de mimar, de abrazar a ese pibe que me provoca mucha ternura y siento que lo recibe bien, a la distancia. Es mejor tarde que nunca reparar dolores, soledades, silencios tristes. También es reparador observar el camino y agradecer por lo que vino después, más allá de empatizar con aquel niñe. 

-Anticipanos alguna faceta tuya desconocida que esté presente en Amores di Versos.

-Supongo que será novedoso leer, encontrar el erotismo que brota del Alejandro ya adulto, del Ale persona, ser deseante y amado-amante. Y, por otro lado, también salgo de otro de mis placares: mi identidad de género trans-itoria en mi niñez. Por otra parte, inclusive invito a les lectores a contactarse con su propio yo. Tal vez la carta a mi niñe interior sea un ejercicio para les que lean, porque implícitamente les pregunto: ¿y vos, qué le dirías a tu niño/niña que habitó y habita en ti? 

-Se viene la presentación del libro, en este 2020 donde la pandemia nos atravesó y puso en contacto con la virtualidad como nunca antes. ¿Cómo vivís este lanzamiento? 

-Estoy contento que haya salido en este año tan particular, donde elijo producir, terminar de darle forma y “parir” este libro, en lugar de quejarme o bajonearme, lo cual me permito muy poco. En un contexto de enfermedad, muertes, pérdidas en general, yo hablo de amor, de sexo, de pasiones, de curar, de querer y quererse, desde un lugar de mucha pulsión de vida. Siempre trato de evolucionar activando. De todos modos, me fantaseo pergeñando presentaciones presenciales, que me gustan tanto, para el año que viene, ojalá incluso viajando por mi país y otros lares… Eso sí sería como terminar de materializar la ficción, género también presente en Amores di Versos.

Amores di Versos es, sin duda, pura pulsión de vida, como todo en el mundo de Alejandro Viedma. 

Para preventa exclusiva, ingresar a https://www.mercadopago.com.ar/checkout/v1/redirect/cf90f056-632f-429a-a006-b054491e035e/payment-option-form/?preference-id=445378733-d8f66436-d9be-4bbd-b34b-563aeae9468e&p=55be82942f68f77d98a0bc04d777f7eb#/

La entrega de ejemplares se realizará a partir del 26 de noviembre.

Más información en la cuenta de Instagram de Alejandro Viedma, https://www.instagram.com/aleviedmapsi/

*Instagram: @nosidehouse

Link permanente: https://sinformatos.blog/2020/11/10/alejandro-viedma-en-un-contexto-de-enfermedad-de-muertes-yo-hablo-de-amor-de-sexo-de-pasiones/

#LESRARES: MIS MARCAS DEL BULLYING HOMOFÓBICO Y CÓMO SALÍ ADELANTE

A continuación, les comparto el segundo Relato de Diversidad Sexual del libro "#LESRARES", de la periodista Verónica Dema y el psicólogo Alejandro Viedma. 
Publicado el 12.10.16 en el Blog de LN Boquitas Pintadas
Pasaron varios años desde que conocí a Alejandro Viedma hasta que me contó de su costumbre de tachar los días escolares. Como un preso, recuerdo que pensé, que no ve la hora de terminar con el encierro. 
En este relato en primera persona Alejandro se abre a narrar los episodios de bullying que lo acompañaron en su niñez y adolescencia. Fueron momentos que vivió con angustia y casi en soledad. “El viaje de egresados a Bariloche fue una tortura. Dos de mis compañeros les dijeron a los pibes de otros colegios que yo era re puto. Cuando me enteré me sentí observado y evitado; lo único que quería era estar en mi casa”, escribe en este texto rememorativo. El recorrido se extiende, también, hacia la adultez: Alejandro es Licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y un ejemplo de cómo salir adelante, pese a todo. Verónica Dema.
La vida de Alejandro, en sus palabras 
Desde muy chico sentí que no formaba parte de lo que hacían y les gustaba a mis compañeritos varones. Mis intereses se iban diferenciando cada vez más de los de ellos a partir de quinto grado, o sea, a mis diez años. Y no hablo de sexualidad, porque en esa época no tenía idea de lo que era el sexo. Pero sentía que no encajaba, que no pertenecía al grupo de pibes formado por quienes jugaban al fútbol o empezaban a admirar a ídolos que nunca fueron los míos, como Maradona o Soda Stereo, o denigraban al que parecía el más débil... Como empecé a juntarme más con mis compañeras, comenzaron las cargadas con palabras como “marica” o “nena”. Eso se fue acrecentando en sexto y séptimo grado y, paralelamente, iba escuchando en la televisión, en la misa a la que asistía los domingos, en el barrio, que ser homosexual estaba mal, que era pecado, que era sinónimo de ser un enfermo, algo contranatural, por lo cual fui incorporando que yo era diferente y con algo a corregir. 
Recuerdo que a los once varios de mis compañeros, los mismos que ya habían dejado de elegirme para jugar y habían dejado de invitarme a sus cumpleaños (algo horrible para mí), me esperaron en el aula luego de educación física, donde empezaron con cánticos agresivos. No aguanté y me puse a llorar, me veía tan en desventaja frente a ellos, como con el pudor de quedarme desnudo públicamente y aún más humillado por mis lágrimas, que fueron la descarga de tiempo acumulado de tensión. 
A mediados de los ochenta tampoco había comprensión ni contención en las familias y yo me sentía muy solo. En paralelo siempre fui un alumno destacado, tal vez inconscientemente me exigía mucho como para compensar lo que suponía que no le iba a agradar a los demás: tenía las mejores notas porque eso no me costaba y me gustaba que mis padres estuvieran conformes con ese aspecto mío. 
Lo peor fue a partir de la mitad del secundario -encima fui a un comercial técnico en administración de empresas, es decir, estuve seis años en aquel colegio-. Me acuerdo que en quinto año empecé a tachar los días que pasaban, se ve que ya me gustaban las agendas, así que era un aliciente ver que en el calendario faltaba menos para que terminaran las clases. Eso hacía menos insoportable todo: casi la mitad de mis compañeros había dejado de saludarme un año antes y, si bien nunca ejercieron violencia física sobre mí, sí fue muy fuerte la simbólica, verbal, psicológica con referencias homofóbicas. Y eso no fue menos duro porque, aunque no lo hicieran mirándome a los ojos, las burlas, los insultos, los grafitis en las paredes mencionando mi apellido, las notas que me dejaban en mi carpeta me lastimaban mucho. Y sentía mucha vergüenza, miedo y así me fui encerrando cada vez más. Por suerte tenía tres amigas en mi división, no sé qué hubiera pasado sin ellas, con quienes al menos podía hablar. 
En sexto la situación lejos de mejorar empeoró, porque llegó el viaje de egresados a Bariloche y fue una tortura en lugar de vivir una semana de diversión, porque dos de mis compañeros fueron por más, les dijeron a los pibes de otros colegios que yo era “re puto”, así que cuando me enteré me sentí tan expuesto, observado, evitado y mirado con sorna que lo único que quería era irme, estar en mi casa. Nunca me sentí tan aliviado como cuando terminé esa etapa. 
Hoy no tengo rencor ni enojo con nadie. Hasta puedo comprender por qué la gente discriminaba: en los ’80s y ’90s estábamos en un contexto donde nos maleducaron respecto a lo que ahora se denomina diversidad sexual, sin leyes igualitarias, sin cuidarse de lo políticamente incorrecto, siendo los homosexuales parte de manuales de desórdenes mentales, así que no culpo a nadie aunque lo haya vivido con dolor. Pero, obviamente, no quisiera retroceder el tiempo para nada, por eso creo que hoy -y mañana-siempre es mejor, lo peor ya pasó. 
No obstante, no olvido. En una de mis sesiones de terapia le decía a mi analista: “Recuerdo haber leído en un texto de Freud que de la guerra volvían más traumatizados los que regresaban ilesos que los que salían heridos o incluso habiendo perdido partes de su cuerpo... Los sueños eran más repetitivos en los que no tuvieron marcas corporales... Así que a veces la palabra que injuria lastima más que un látigo o una bala”. Y él me respondió: “Es que los oídos no tienen párpados, están sobreexpuestos, sin protección”, y me señaló una frase de Oscar Masotta: “No matar la palabra, no dejarse matar por ella”, es decir que no hay que quedarse callado ni permitir que la palabra que degrada provoque tanto daño. Quizás por eso es que pude hacer una transformación positiva con esa parte de mi historia: sin habérmelo propuesto, empecé a trabajar escuchando a mis pacientes y a los integrantes de los grupos de reflexión para varones gay que coordino hace muchos años, brindándoles un espacio para que puedan historizar(se) a través de su discurso y sus recuerdos. 
Empezar a conectarme con mis gustos, ir descubriéndome como gran oyente de música, por ejemplo, me ayudó en el camino. Y no solo me iban deslumbrando ciertas voces o melodías, sino que transcribía letras de canciones del rock nacional en un cuaderno, de artistas que hoy todavía admiro, como Charly García, Celeste Carballo, Fito Páez. En esa época además estudiaba Dibujo y Pintura y quizá la sublimación a través del arte también hizo que expresara cosas que no podía decir con palabras. Por otro lado, la gimnasia me gustó siempre. También empecé a estudiar inglés y con los años leí autores increíbles como Patricia Highsmith, Susan Sontag, Hermann Hesse. Al mismo tiempo, iba investigando mi orientación sexual y mi identidad con lo que obtenía de información en revistas con artículos o entrevistas a referentes o miraba películas de temática gay. Después vinieron los recitales, los primeros boliches en donde me di cuenta que no era el único “bicho raro”, que tenía pares, gente a la que le pasaba lo mismo que a mí o sentía lo mismo que yo. 
En 1993 me surgieron sentimientos que no había experimentado antes: entusiasmo por ir a cursar y la libertad de no estar presionado por tener que disimular algo. Y el plus de haber elegido yo la carrera que iba a seguir. No por casualidad en el Ciclo Básico Común (CBC) de Psicología pude tener mi primer gran amigo varón. Empecé a disfrutar de ir a leer al buffet de Ciudad Universitaria mientras tomaba un café y observaba el río a través de esos ventanales enormes. 
No tenía idea de que me iba a dedicar a las diversidades sexuales. Se fue dando -o lo fui buscando- paulatinamente. Me acuerdo que en cuarto año de aquel secundario tuve la materia Psicología y me encantó, así que de todo lugar negativo u oscuro, uno puede llevarse algo bueno. 
Luego de más de quince años de haberme recibido, creo que es difícil atender a una persona gay, lesbiana, bisexual o trans si uno no ha sufrido esa u otra discriminación en carne propia. Para abordar las diversidades sexuales hay que saber de los subtemas que conforman ese universo y, lamentablemente en el campo del psicoanálisis, aún falta apertura y actualización. 
Hoy estoy preparado para contar cuestiones de mi vida que nunca hice públicas, y lo hago porque tal vez mis palabras ayuden a alguien. Desde mi sinceridad y empatía con el otro y lejos de la victimización o de pararme en un lugar de ejemplo, no quiero ser ejemplo de nada ni quejarme de lo que viví, aunque tal vez aporte mi granito de arena para que idealmente nadie más padezca lo que a mí me hirió tanto. En ese sentido sí quiero dejarles un mensaje a los adultos que ocupan cargos de mucha responsabilidad, a los docentes, a los profesionales de la salud, a los padres: les pido que no tengan una mirada indolente, insensible frente al sufrimiento de niños, niñas y adolescentes en general y, sobre todo, al de los LGBT; es de suma importancia que estén atentos porque cuando te lastiman te vas cerrando gradualmente, aislando y, cuanto menos un pibe hable y socialice, más problemas tendrá en su vida ya que su autoestima irá decayendo. 
En general un chico que no se percibe o no se va perfilando como heterosexual cree que no tiene un lugar porque está más en soledad y en silencio que otra persona de cualquier otra “minoría” discriminada, se va metiendo en el placard porque advierte que no puede compartir con su familia lo que siente y cómo está siendo violentado, agredido, y eso no sucede con, por ejemplo, niños o adolescentes judíos, afrodescendientes, de países limítrofes porque comparten la misma característica que sus padres, quienes pueden ayudarlos porque los entienden, contienen y defienden. Por tales motivos, la tasa de suicidios de adolescentes y jóvenes LGBT es mayor comparada con la de adolescentes y jóvenes heterosexuales. 
En la actualidad todos los adultos somos responsables. No puede justificarse más la discriminación o la complicidad en agresiones por ignorancia. En 2016 tenemos mucha información, leyes que protegen, despatologización y si alguien no sabe también es responsable por no informarse. Que la falta de datos e ideas no camufle la maldad y la impunidad de herir al otro, cosas feas que lastimosamente todavía habitan en nosotros, los humanos.   

Pasaron dos años de la publicación de Alejandro. ¿Qué tiene para contar ahora? (octubre de 2018)
Sucedieron muchas cosas desde el momento en que salió esta nota. Una de ellas fue la gran repercusión que tuvo, ya que se comunicaron conmigo de varios medios y estudiantes de carreras universitarias para entrevistarme y, por otro lado y de manera individual, me escribieron muchas personas para felicitarme y contarme lo identificadas que se sintieron al leer mi texto. 
Al releer lo que expuse, noto que no profundicé en lo que dice el encabezado: las marcas que considero dejó el bullying en mí. Recién empecé a bucear por estas cuestiones con mi actual analista, desde hace dos años, es decir, a mis 42 años. Me costó mucho tiempo procesar lo que viví, no lo podía verbalizar, el sólo recordar ciertas escenas me seguía produciendo dolor, me hizo mal pero por otro lado fue revelador y aliviador levantar ciertos recuerdos reprimidos. Hubo varios momentos difíciles básicamente relacionados al aislamiento y a lo que decían de mí. 
Una de las marcas se relaciona con que por mucho tiempo fui muy susceptible respecto de la mirada del otro. Ante la presencia de alguien al cual yo consideraba amenazante (por años así me resultaban los varones heterosexuales que exacerbaban su machismo) se activaba una alerta en mi piel, como una alarma que me ponía más sensible y temeroso aún de lo que era. Tenía miedo de que notaran mi costado femenino. Eso se generalizaba a otras personas en cuanto a lo que pensarían de mí en general y particularmente de mi sexualidad. Más de una vez le pregunté a un/a amigo/a: “¿Fulanito te dijo algo de mí?” (como esperando que ese “algo” fuera negativo). Y, en general, fui buscando la aprobación del otro en lo que yo decía, en lo que hacía... Incluso ya de recibido y habiendo empezado a escribir en mi blog. ¿Estará bien lo que escribo? ¿Se entenderá? ¿Me enjuiciarán por esto?, eran mis interrogantes repetitivos, cuestiones que no me permitían disfrutar de las cosas bellas que tenemos en la vida. Quizá inconscientemente sentía que por ser gay arrastraba la condena de portar carencias bien notorias, y eso me llevaba a estar más pendiente de la aceptación de los demás.
Otra marca que me quedó es que de forma automática seguí tachando cada día que transcurría en mi agenda. Y de eso caí en la cuenta hace relativamente poco. Me gustó hacerlo consciente, comprender de dónde venía y cuestionarlo. Me pregunté: ¿Por qué continuás haciendo eso, si vos amás vivir? Fue agradable hacer una diferencia entre lo que me fue funcional en ese pasado, cuando quería que se terminara el año lectivo, y este presente en el que soy un apasionado de la vida, cuestión que me entusiasma y alegra. 
Algo que rememoré y quisiera agregar para sentirme aún más honesto y justo conmigo y con los demás, es que también he sido testigo de otros casos de bullying y no estoy contento, conforme ni mucho menos orgulloso de mi accionar allí ya que, de alguna manera, participé como espectador. Recuerdo que en séptimo grado entró un compañero nuevo, más “afeminado” que yo. Las miradas, cargadas y comentarios negativos hacia mí aflojaron un poco y se instalaron en él. De ser elegido último, por ejemplo para los juegos de equipo en Educación Física, pasé a ser el anteúltimo y a eso lo vivía con cierta paz puesto que, aunque sea por uno, no era el último orejón del tarro, lo que hacía que yo me ilusionara con poder pertenecer.  
Hoy, desde el profesional de la salud mental que soy, quiero decir que hay que hacer cosas para evitar el bullying. Básicamente, la prevención y eso implica hablar, poner toda la palabra que se pueda, porque si no se simboliza la situación, se la actúa, se continúa poniendo en acto la violencia psicológica y/o física. Sería bueno que las víctimas puedan sentir que serán contenidas; que haya más y mejor comunicación entre los establecimientos escolares, los alumnos y sus familias; que haya un referente especializado en el tema y a quien acudir en las escuelas y en los colegios; incorporar un sistema antibullying para mejorar la convivencia entre los alumnos (y docentes) y así su educación. Además, es de vital importancia que se respete y cumpla en todo colegio la Ley de Educación Sexual Integral (ESI), para comprender que la diversidad es bien amplia y así no sólo tener que abordar a una persona desde su biología, la cual cómodamente se abrocha a un cerrado e irreal sistema binario. 
Quizá aquello penoso que viví hizo que desde que empecé a especializarme en diversidad y género tenga un compromiso y una responsabilidad extras dentro de mi profesión, como por ejemplo saber exactamente el sufrimiento (llámese estrés, angustia, ansiedad) que se siente cuando uno está dentro de un placard, cuando -ya de adulto-no puede hablar de su sexualidad en el trabajo, cuando no puede vivir un amor plena y libremente, etc., y allí estoy ofreciendo un espacio donde ese sujeto pueda empezar a decir y levantar ciertos recuerdos que cayeron en la represión, para que pueda poner palabra y sentimientos a lo que se vivió en silencio y en solitario, resignificándolo positivamente, para finalmente fortalecerse y transformarse curando las heridas. 

Jornada del Colegio de Psicólogos de Bs As, Distrito Xll

El 11 de agosto diserté en el panel de la Primera Jornada de las Comisiones de Forense y Violencia de Género y Familiar del Colegio de Psicólogos de la pcia. de Bs. As. Distrito Xll, “PSICOLOGÍA Y DERECHO: LAS VIOLENCIAS POSIBLES, INTERVENCIONES DESDE UNA PERSPECTIVA DE GÉNERO”, en  Quilmes. Aquí les comparto algunas imágenes de esa actividad tan exitosa y amorosa; muchas gracias colegas!


Muchas gracias, terapeutas, por su respetuosa escucha, por el afectuoso aplauso y por sus abrazos! Gracias Malvina querida! Muy interesante y rico el intercambio de comentarios, preguntas, saberes...
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Lic. Alejandro Viedma: Bullying / LN+

Muchas gracias PM, noticiero de LA NACION /LN+ conducido por Dolores Cahen D´Anvers, por haberme convocado para hablar en vivo sobre Bullying! #psicologo #tv #StopBullying #terapeuta Gracias a los productores Lucía, Camila y Manuel. En dicho programa hemos complementado aportes y opiniones con mi colega Nora Koremblit de Vinacur.

Les comparto algunas imágenes de esa oportunidad, esperando el video de nuestra participación para subirlo. NO al hostigamiento/acoso escolar. Saludos y buena semana para todxs!



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Gracias!!!



Bullying: entrevista con el Lic. Alejandro Viedma

Buenas! Les comparto este documental sobre Bullying realizado por alumnos de la Licenciatura en Periodismo de la Universidad del Salvador y elegido para ser exhibido en el Encuentro de Comunicación a nivel Nacional. En el mismo hablé sobre el hostigamiento escolar que he sufrido.  Este video también cuenta con otros testimonios que muestran diferentes temas que son flanco de la violencia en los colegios. Ojalá en el futuro ningún niño, niña o adolescente sea víctima del maltrato escolar. 


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https://www.youtube.com/watch?v=tXhspqN1II4&feature=player_embedded

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Muchas gracias!

Distintas formas de Bullying

Hablemos sobre acoso escolar. Les comparto este video-informe con mi participación, junto a la de otros testimonios, realizado por estudiantes de TEA interesadas en la prevención del Bullying. 

Les dejo saludos y el deseo de que no haya más víctimas de hostigamientos.
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https://www.youtube.com/watch?v=nTdY8iNVris

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Muchas gracias!!


"Yo también sufrí bullying": fueron víctimas de chicos y tuvieron revancha de grandes

El drama del acoso escolar
"Me escribían insultos en las paredes". "Yo era la rara". "No podía pertenecer al grupo 'canchero'". "Mis compañeros me cargaban". Estos cuatro chicos volvían del colegio llorando. Fueron víctimas del bullying. Pero lograron superarlo y ahora cuentan cómo dejaron atrás ese fantasma para volverse exitosos en distintas áreas.

Clarín los entrevistó en la previa del Día Mundial contra el Bullying. El término significa “intimidación” o "acoso escolar" y se manifiesta con agresiones físicas, insultos o manipulación psicológica. Todo, dentro de un aula. El tema se reactualizó con el boom de la serie 13 Reasons Why, de Netflix, que cuenta el suicidio de una adolescente víctima de maltrato. Pero la realidad es que, aunque el bullying deja huellas, también se puede salir adelante.

Lejos de las cámaras, el consultorio es el ámbito del psicólogo Alejandro Viedma (43). Su historia arranca en sexto grado. "Me dejaban de lado, me elegían último para los juegos de equipos, no me invitaban a un cumpleaños, o no me integraban a las charlas entre varones", cuenta. Con el tiempo, la situación fue empeorando. "En la secundaria me decían insultos a mis espaldas como 'puto', 'trolo', 'maricón', combinado con mensajes escritos que me dejaban en mi carpeta o la pared del aula, como: 'Viedma se la come'. Recuerdo la vergüenza que me daba, borraba eso al instante", relata. Ese dolor lo ayudó a autosuperarse. Desde hace 14 años coordina grupos de reflexión para varones gays en Puerta Abierta, donde la mayoría de los asistentes sufrieron el llamado "bullying homofóbico".

"Me hacían burlas ridiculizando al afeminado que veían en mí. Pero jamás los `denuncié´. Me parecía que iba a ser peor o que se la agarrarían conmigo físicamente. Sentía miedo". Aquí el terapeuta Viedma posa 25 años después de haber cursado el último año del secundario.

¿Cómo salir adelante? "Los chicos no pueden salir solos del hostigamiento. Siempre deben intervenir los adultos: docentes, padres y directivos del colegio", sostiene Flavia Sinigagliesi, docente de psicopatología infantojuvenil de la Universidad de Palermo. "Que comiencen a tener amigos que estén de su lado", propone Viedma. "Que no se dejen llevar por las opiniones de quienes se jactan de ser superiores", sugiere Drago. "Que el deporte los ayude", continúa Dahlgren. "Que no les importe lo que les dicen", sintetiza Guinzburg. Porque el bullying deja heridas profundas y dolorosas. Pero que se puede salir, se puede. Y ellos están para contarlo.


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Bullying por homofobia - Entrevista al Lic. Alejandro Viedma

Buen día, les comparto el siguiente video con mi participación exponiendo en primera persona algo del acoso escolar que he padecido y qué tienen que tener en cuenta padres y docentes frente a niños, niñas y adolescentes con indicios de estar sufriendo maltrato en los colegios.

Estuve hablando sobre bullying en el programa Signos de los tiempos, por el canal La Nación más. Aquí va mi testimonio y la opinión de otros profesionales de la Salud:


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Muchas gracias!

“Mis marcas del bullying homofóbico y cómo salí adelante”

Publicado el 
Este es el relato en primera persona de Alejandro Viedma que, en un texto sincero y sin victimizaciones, narra los episodios de bullying que lo acompañaron en su niñez y adolescencia. Fueron momentos que vivió con angustia y casi en soledad. “Tachaba cada día que pasaba y era un aliciente ver que faltaba menos para terminar las clases”, escribe en este texto rememorativo. El recorrido se extiende, también, hacia la adultez: Alejandro es Licenciado en Psicología por la UBA y, un ejemplo, de cómo salió adelante pese a todo.
La vida de Alejandro, según sus propias palabras 
Infancia:

Alejandro, abanderado de séptimo grado
Desde muy chico sentí que no formaba parte de lo que hacían y les gustaba a mis compañeritos varones. Mis intereses se diferenciaban cada vez más de los de ellos a partir de quinto grado, o sea, a mis diez años. Y no hablo de sexualidad, porque en esa época no tenía idea de lo que era el sexo. Pero sentía que no encajaba, que no pertenecía al grupo de pibes que se constituía por los que les gustaba jugar al fútbol o empezaban a admirar a ídolos que nunca fueron los míos, como Maradona o Soda Stereo, o denigraban al que parecía el más débil… Como empecé a juntarme más con mis compañeras, comenzaron las cargadas con palabras como “marica” o “nena”. Eso se fue acrecentando en sexto y séptimo grado y, al unísono, iba escuchando en la tele, en la misa a la que asistía los domingos, en el barrio, que ser homosexual estaba mal, que era pecado, que era sinónimo de ser enfermo, algo contranatural, por lo cual fui incorporando que yo era diferente y con algo a corregir.
Recuerdo que a los once varios de mis compañeros, los mismos que ya habían dejado de elegirme para jugar y habían dejado de invitarme a sus cumpleaños (algo horrible para mí), me esperaron en el aula luego de educación física donde empezaron con cánticos agresivos. No aguanté y me puse a llorar, me veía tan en desventaja frente a ellos, como con el pudor de quedarme desnudo públicamente y aún más humillado por mis lágrimas que fueron la descarga de tiempo acumulado de tensión.
A mediados de los ochenta tampoco había comprensión ni contención en las familias y uno se sentía muy solo. En paralelo siempre fui un alumno destacado, tal vez inconscientemente me exigía mucho como para compensar lo que suponía no iba a agradar a los demás: tenía las mejores notas porque eso no me costaba y me gustaba que mis padres estuvieran conformes con ese aspecto mío.
Adolescencia:
Lo peor fue a partir de la mitad del secundario -encima hice un comercial técnico en administración de empresas, es decir, estuve seis años en aquel colegio-. Me acuerdo que en quinto año empecé a tachar los días que pasaban, se ve que ya me gustaban las agendas, así que  era un aliciente ver que en el calendario faltaba menos para que terminaran las clases. Eso hacía menos insoportable todo: casi la mitad de mis compañeros había dejado de saludarme un año antes y, si bien nunca ejercieron violencia física sobre mí, sí fue muy fuerte la simbólica, verbal, psicológica con referencias homofóbicas. Y eso no fue menos duro porque, aunque no lo hicieran mirándome a los ojos, las burlas, los insultos, los graffitis en las paredes dirigidos a mi nombre, las notas que me dejaban en mi carpeta me lastimaban mucho, yo sentía mucha vergüenza, miedo y así me fui encerrando cada vez más. Por suerte tenía tres amigas en mi división, no sé qué hubiera pasado sin ellas, con quienes al menos podía hablar… En sexto la situación lejos de mejorar empeoró, porque llegó el viaje de egresados a Bariloche y fue una tortura en lugar de vivir una semana de diversión, porque dos de mis compañeros fueron por más, les dijeron a los pibes de otros colegios que yo era “re puto”, así que cuando me enteré me sentí tan expuesto, observado, evitado y mirado con sorna que lo único que quería era irme, estar en mi casa. Nunca me sentí tan aliviado como cuando terminé esa etapa.
Sentimientos/emociones rememorando esa etapa
Hoy no tengo rencor ni enojo con nadie. Hasta puedo comprender por qué la gente discriminaba: en los ’80s y ’90s estábamos en un contexto donde nos maleducaron respecto a lo que ahora se denomina diversidad sexual, sin leyes igualitarias, sin cuidarse de lo políticamente incorrecto, siendo parte de manuales de desórdenes mentales, así que no culpo a nadie aunque lo haya vivido con dolor. Pero, obviamente, no quisiera retroceder el tiempo para nada, por eso creo que hoy y mañana siempre es mejor, lo peor ya pasó.
No obstante, no olvido. En una de mis sesiones de terapia le decía a mi analista: “Recuerdo haber leído en un texto de Freud que de la guerra volvían más traumatizados los que regresaban ilesos que los que salían heridos o incluso habiendo perdido partes de su cuerpo… Los sueños eran más repetitivos en los que no tuvieron marcas corporales… Así que a veces la palabra que injuria lastima más que un látigo o una bala”. Y él me respondió: “Es que los oídos no tienen párpados, están sobreexpuestos, sin protección”, y me recordó una frase de Oscar Masotta: “No matar la palabra, no dejarse matar por ella”, es decir que no hay que quedarse callado ni permitir que la palabra que degrada provoque tanto daño. Quizá por eso es que pude hacer una transformación en positivo con esa parte de mi historia: sin habérmelo propuesto, empecé a trabajar escuchando a mis pacientes y a los integrantes de los grupos de reflexión para varones gay que coordino en Puerta Abierta, brindándoles un espacio para que puedan historizar(se) a través de su discurso y sus recuerdos.
Lo que me ayudó a sobrellevar la secundaria
Empezar a conectarme con mis gustos, ir descubriéndome como gran oyente de música, por ejemplo. Y no solo me iban deslumbrando ciertas voces o melodías, sino que transcribía letras de canciones del rock nacional en un cuaderno, de artistas que hoy todavía admiro, como Charly, Celeste, Fito. En esa época además estudiaba Dibujo y Pintura y tal vez la sublimación a través del arte también hizo que expresara cosas que no podía decir con palabras. Por otro lado, la gimnasia me gustó siempre. También empecé a estudiar inglés y con los años causalmente leí autores increíbles como Patricia Highsmith, Susan Sontag, Hermann Hesse. En paralelo iba investigando mi orientación sexual y mi identidad con lo que obtenía de información en revistas con artículos o entrevistas a referentes o miraba películas de temática gay. Después vinieron los recitales, los primeros boliches en donde me di cuenta que no era el único “bicho raro”, que tenía pares, gente a la que le pasaba o sentía lo mismo que yo.
Facultad:
En 1993 me surgieron sentimientos que no había experimentado antes: entusiasmo por ir a cursar y la libertad de no estar presionado por tener que disimular algo. Y el plus de haber elegido yo la carrera que iba a seguir. No por casualidad en el CBC de Psicología pude tener mi primer gran amigo varón. Empecé a disfrutar de ir a leer al buffet de Ciudad Universitaria mientras tomaba un café y observaba el río a través de esos ventanales enormes…
Yo no tenía idea de que me iba a dedicar a las diversidades sexuales. Se fue dando paulatinamente. Recuerdo que en cuarto año de aquel secundario tuve la materia Psicología y me encantó, así que de todo lugar negativo u oscuro, uno puede llevarse algo bueno.
Luego de más de quince años de haberme recibido, creo que es difícil atender a una persona gay, lesbiana, bisexual o trans si uno no ha sufrido esa u otra discriminación en carne propia. Para abordar las diversidades sexuales hay que saber de los subtemas que conforman ese universo y, lamentablemente en el campo del psicoanálisis, aún falta apertura y actualización.
Algo para agregar:
Hoy estoy preparado para contar cosas que nunca hice públicas, cuestiones de mi vida, y lo hago porque tal vez mis palabras ayuden a alguien. Desde mi sinceridad y empatía con el otro y lejos de la victimización o de pararme en un lugar de ejemplo, no quiero ser ejemplo de nada ni quejarme de lo que viví, aunque quizás aporte mi granito de arena para que idealmente nadie más transcurra lo que a mí me hirió tanto. En ese sentido sí quiero dejarles un mensaje a los adultos que ocupan cargos de mucha responsabilidad, a los docentes, a los profesionales de la salud, a los padres: les pido que no tengan una mirada indolente, insensible frente al sufrimiento de niños, niñas y adolescentes en general y, sobre todo, al de los LGBT; es de suma importancia que estén atentos porque cuando te lastiman te vas cerrando gradualmente, aislando y, cuanto menos un pibe hable y socialice, más problemas tendrá en su vida ya que su autoestima va decayendo.
En general un chico que no se percibe o no se va perfilando como heterosexual cree que no tiene un lugar porque está más en soledad y en silencio que otra persona de cualquier otra “minoría” discriminada, se va metiendo en el placard porque advierte que no puede compartir con su familia lo que siente y cómo está siendo violentado, agredido, y eso no sucede con, por ejemplo, niños, niñas o adolescentes judíos, afrodescendientes, de países limítrofes porque comparten la misma característica que sus padres, quienes pueden ayudarlos porque los entienden, contienen y defienden. Por tales motivos, la tasa de suicidios de adolescentes y jóvenes LGBT es mayor comparada con la de adolescentes y jóvenes heterosexuales.
En la actualidad todos los adultos somos responsables. No puede justificarse más la discriminación o la complicidad por ignorancia. En 2016 tenemos mucha información, leyes que protegen, despatologización y si alguien no sabe también es responsable por no informarse. Que la falta de datos e ideas no camufle la maldad y la impunidad de herir al otro, cosas feas que lastimosamente todavía habitan en nosotros, los humanos.