“Por accidente, casi muero de asfixia dentro de un placard”

Publicado el 05.07.12 en Boquitas Pintadas, blog creado por Verónica Dema.

Dos cuestiones movilizaron a Alberto a escribir a Boquitas pintadas: la discusión planteada en este blog cuando Martín Dutelli propuso la posibilidad de que “suave” reemplace la palabra “gay” para resignificarla socialmente; y, por otro lado, la charla organizada por Puerta Abierta y Sigla contra la discriminación y la homofobia en mayo pasado. Ambas cuestiones generaron en Alberto una necesidad: la de procurar poner en claro el poder que las palabras tienen en nuestras vidas.

“Muchos vocablos esconden vericuetos que, usados con cierta intencionalidad, encierran en su significado un significante que, a veces, va en dirección inversa a sus efectos, que pueden llegar a ser devastadores”, dice Alberto. Habla, aún sin brindar detalles, de cómo salió del placard, una experiencia que transitó durante años.

“La salida del clóset es una parte de nuestras vidas que deja marcas, pero en sí es una experiencia liberadora que hace reencontrarnos con nosotros mismos, a la vez que ese mundo nuevo expande su horizonte y empieza a encontrar pares en grupos de reflexión como los que hallé en el barrio de San Cristóbal de la Ciudad de Buenos Aires. Allí, en Puerta Abierta, bajo la coordinación del Lic. Alejandro Viedma, uno puede comunicarse, expresar y compartir estas vivencias que suelen ser comunes a muchos.

Cuenta Alberto que hace un tiempo, en su casa familiar, “por accidente, casi muere de asfixia dentro de un placard”. Lo trae a colación, también, como una metáfora de su vida. “La acuciante y tortuosa salida para sobrevivir me hizo recapacitar en cuánto estaba dejando de lado ese ser que soy por el que los demás decían que debía ser”. Los condicionamientos externos en esos discursos le resultaban decisivos a él.

Comparto lo que escribió para Boquitas pintadas

El poder de las palabras en la elección por la diversidad
Por Alberto


Es muy común el compartir una misma historia en que la orientación sexual no es acorde a los cánones (pre)establecidos por un orden mayor al que nada se le pudo discutir a lo largo de siglos.

Según las circunstancias de cada uno, atravesábamos una soledad amarga en la que sentíamos que éramos el ojo de la tormenta sin conocer que en el interior de much@s sucedía lo mismo, en especial, durante la adolescencia en los ‘70 y principios de los ‘80, cuando la comunicación aún tenía un tinte militar autoritaria. Ni qué hablar de familias conservadoras o inmersas además en sociedades del interior religiosamente enclaustradas en la misa de 7 de cada domingo llevando lo impiadoso del caso hasta los ‘90.

Recuerdo haber aprendido la palabra “elegir” en 1983 con el regreso de la Democracia, palabra que hablaba de libertad aunque no obstante escondía una complejidad severa de cierta dureza.

Al ir a las urnas esa libertad se manifestaba en una responsabilidad que condicionaría los años cívicos siguientes por lo cual ese elegir ritualizaba una especie de felicidad al comprobar que al correr del tiempo se habría acertado, o una culpa interna de haber errado el orden político.

Eran tiempos de cambios en que el tema de la sexualidad rompió con más fuerza los límites del “de eso no se habla”. Fue cuando reaparece la palabra “elección”, en un curso erróneo, que la convirtió en siniestra, y que trazaba un futuro tenebroso si no se amaba según lo establecido como bien visto desde el “deber ser”.


En sí la elección sexual es un tema que jamás entendí, porque la lógica supuesta en el acto eleccionario se mezclaba con el ámbito emocional y de ahí el disturbio interno de no saber quién me gobernaría.

La elección supone esfuerzo de decisión bajo la mirada social o la libertad individual y, en la gran cantidad de los casos, el esfuerzo se torna una odisea culposa de reglas de “domesticación” de diversa índole que deja a quien sea atónito frente a cualquier urna.

¿Qué intereses o desconocimientos traía aparejado el uso de la palabra elección de marcado yugo ordenador?

Muchos eligieron caminos que los dejó encadenados a clósets que, estimo, con el paso del tiempo se volvieron mundos de opresivas tinieblas; otros acertaron por la propia pasión y desarrollaron una vida sincera en su interior que respetó a su plenitud en diversa medida. Otros, intentábamos o creíamos ser libres en la tortuosa dualidad de la lógica y la pasión con la esclavizante carga de la palabra elección, con un respiro a medias de una puerta entreabierta de un ropero de incómodas condiciones del ser y no ser.

Los tiempos pasaron y las tendencias en las consideraciones científicas cada vez más aclaran que la orientación sexual no se elige desde la voluntad consciente sino que se sigue como a la aguja de una brújula interior que indica el camino para alcanzar la plenitud como ser maduro individual.

Sumado a esto, la creciente aceptación por la palabra diversidad hace que la elección no suponga estar de uno u otro lado sino en el de “uno mismo” para formar parte de un mundo social pluralista, diverso y por ende más justo para tod@s, donde cada cual exprese su subjetividad, lubricando así las bisagras del clóset para encontrar una puerta abierta para la construcción de uno mismo.

En mi caso particular, este fue el largo peregrinaje en una constelación de miradas socialmente correctas, y por qué no decir hipócritas y homofóbicas, un sinfín de terapias correctivas (tema que da para una extensa nota) que sólo hicieron que perdiera tiempo y dinero, o hasta la búsqueda de respuestas religiosas a la sombra de un Dios según la interpretación del cura de turno.

¿Es qué era yo el hijo, sobrino, primo minusválido creído automarginado pero sí realmente marginado por no ser como la “regla-moral-animal” de macho si lo que sólo era un ser humano como todos los demás? ¿Las incontables terapias direccionadas a lo “científico y socialmente aceptable” que sólo me confundían la relación lógica-emotiva convertidas en un laberinto sin salida en el que el tiempo se perdía (and “time is money”) a la vez de sentirme espiritualmente como “excomulgado” por un Dios que me creó así?

Fue hasta que encontré la contención terapéutica idónea que, a través de la maduración de mi ser interior, y apoyando mi autoestima en un proceso sin presiones, pude redescubrirme y así encontrar mis pasadizos interiores. Así pude llegar a la salida de ese clóset llamado “Alberto” para salir a la vida siendo expresiva y externamente “Alberto”.

Había llegado, por fin, el verdadero acto eleccionario en el cual opté por redescubrirme en mi propio mundo y, por fin, entender que cada uno puede asumir ser libre e individual, tan individual como su propia forma de amar, tan diversa como el mundo mismo.

Supervisión para terapeutas

Días jueves 16 hs, frecuencia quincenal, en San Cristóbal.


Para más información:


Cel.: 15-6165-4485, Lic. Alejandro Viedma

La escucha del analista es la condición fundamental para que exista la posibilidad de transformar una consulta en un trabajo de análisis, y la función o el deseo del analista es el resorte esencial de la cura analítica. La resistencia del analista se expresa desde el vamos y es por ello que debemos intervenir, preguntar a nuestros pacientes donde no comprendemos. Las dificultades son intrínsecas al arte de analizar, obstáculos que no son insalvables si se forma parte de un grupo de colegas que supervisa con continuidad. Partiremos de las propias entrevistas que los concurrentes sostengan con sus consultantes, trabajaremos sobre las viñetas clínicas que se hayan extraído de esos encuentros, y sobre los interrogantes que se vaya haciendo el terapeuta acerca de un caso específico. Esta es la propuesta, colegas, están invitados/as a sumarse.

Cómo sentirse menos solo

Publicado el 23.05.12 en http://blogs.lanacion.com.ar/boquitas-pintadas/uncategorized/como-sentirse-menos-solo/

Buscarle la vuelta para sentirse menos solo sin renunciar a sus principios, conservando la osadía de ser. Esa parece ser la búsqueda de la que habla Martín Dutelli, un frecuente colaborador de Boquitas pintadas que, tras asumir su homosexualidad, pasó por distintos estados, pero la soledad era una constante.

“Sentía que vivía en un gueto en el que éramos discriminados por nosotros mismos”, dice en un momento de un escrito en el que reflexiona sobre lo salvadores que resultaron en su vida los grupos de pertenencia que integró. “Cada vez me alejaba más del colectivo gay, me quedaba más solo para ver si podía reflexionar, pero eso no era suficiente si lo hacía solo, necesitaba el encuentro con otros pares que me ayudaran a pensar y reflexionar en grupo”.

Los dejo con esta vivencia, que es única pero quizá también se parezca a la de muchas personas.

La importancia de los grupos (de pertenencia)


¿Qué es lo primero que hace uno cuando sale del clóset? Yo no lo recuerdo bien, pero creo que cuando aprendés un poquito acerca de tu orientación sexual, es decir, sobre vos, es querer juntarte con otros que estén pasando por algo parecido a lo tuyo.

Me acuerdo que yo buscaba algún indicio entre las calles, alguna señal que me dijera por dónde ir, como marcándome el camino. Observaba a la gente y miraba a las personas que me miraban.

La intención de la mirada del otro, aquella invitación de la otra mirada y viceversa, a jugar a los juegos prohibidos; buscaba los sótanos que nos habitaban. Los claustros solitarios en los que padecíamos la adolescencia y la primera juventud de ser gays en aquellas épocas turbias, sin animarme aún a entrar a los lugares “extravagantes”, donde se sabía lo innombrable. La búsqueda era tan frenética y tan necesaria que recorría, además de calles, revistas clandestinas, mapas escondidos, avisos. Y así me iba enterando de los espacios que nos podrían alojar. Y aprendí a habitar desde el des-cubrirme.

Así fue que me acerqué a un grupo de jóvenes de una organización homosexual que me recomendaron. Nos juntábamos para charlar y para salir, para conocernos. Fue mi primer grupo de reflexión. Después, me sumé a otro, un lugar socializador y cálido como para relajarse. Entonces me dí cuenta que para empezar a entendernos entre nosotros, el mundo había parido los grupos de reflexión gay y otros grupos de pertenencia. Pero ya en ese momento, en los ’90, los grupos de reflexión eran de gran ayuda. Aprendíamos más de nosotros mismos y de los otros.

Si bien hay todo tipo de grupos, más allá de las especificidades de cada uno, quiero destacar estos espacios de intercambios a través de pensarnos y de hablar ya que he ido a varios y me sirvieron mucho. No son grupos específicamente terapéuticos, pero en el fondo no dejan de serlo.

Recuerdo hace años haberle dicho a mi psicóloga que me sentía en un mundo patético, donde la gente gay era superficial, histérica y patética. Siempre me encontraba yo señalando al otro con el dedo acusador, pero esto no era consciente en mí. Con el tiempo me dí cuenta que estos adjetivos eran parte de mi persona, de mi personalidad. Y también comprendí que uno puede ser superficial y profundo a la vez y que también se puede revertir el asunto, y no dejar de ser un buen ser humano. De todos modos, internamente sentía que algo aún no me satisfacía del todo.

Sentía que vivía en un gueto en el que éramos discriminados por nosotros mismos. Nos tratábamos con indiferencia. Cada vez me alejaba más del colectivo gay, me quedaba más solo para ver si podía reflexionar, pero eso no era suficiente si lo hacía solo, necesitaba el encuentro con otros pares que me ayudaran a pensar y reflexionar en grupo. Simplemente eso y que esos pensamientos nos enriquecieran cambiando la esfera en la cual había caído.

Fue en ese momento en que decidí tomar las riendas y buscar otro apoyo. Tratar de hallar una red de pertenencia en la que se me entendiera y, por otro lado, poder deshacerme de los prejuicios y preconceptos que aún me gobernaban. Porque si había algo de lo que no tenía dudas, era que todas esas ideas que se me habían formado en la cabeza, eran simplemente eso, ideas repetitivas que no se acercaban mucho a la realidad. Ideas que se fueron formando en mí, debido a los diálogos con los pares, o “impares” para mí, hasta ese tiempo.

Afortunadamente llegué a Puerta Abierta. Ahí fui bien recibido. El coordinador del grupo de reflexión para varones gay nos protegía y nos daba la libertad de mostrarnos, exponer nuestras formas. Ahí crecí mucho, me sentí querido por mis compañeros y por el moderador, el lic. Alejandro Viedma. Yo me sentía cuidado.

En todos los encuentros se traían nuevas formas de hacernos pensar. Siempre teníamos consignas para desarrollar. En el grupo cambiamos, crecimos, amamos, “amigamos”, nos reconocimos con mucho valor y veracidad. Yo por lo menos pude liberarme de las ideas de antaño. Y así emergió esta sensación de permitirme estar en paz con mi sexualidad que ahora puedo vivir libremente, gracias a poder reestructurar mi mente.

En esto tuvieron mucho que ver los participantes del grupo y el coordinador. Las charlas, los debates, me hacían pensar que algo estaba cambiando en mi mundo. Y cambió de raíz. Ya las personas que conocía eran más auténticas y logré hacer un buen grupo de amigos que, a esta altura, somos como familia. Por fin la palabra patético desaparecía de mi vocabulario para dar lugar a palabras más amorosas y compartidas.

Este espacio tiene una dinámica especial, yo he aprendido mucho ahí, y sigo aprendiendo. Creo que la clave es el amor que le ponemos todos los participantes. Pero fundamental una buena coordinación, siempre desde la contención, el cariño y también la puesta de límites. Por todo ello hago público mi agradecimiento a Alejandro.

Podría nombrar miles de cosas que he aprendido en el grupo: por ejemplo, aprendí a entender porqué somos como somos, aprendí desde la búsqueda y el descubrimiento de mi identidad; aprendí, también, a ser menos mediocre y a comprender que no todo pasaba por la superficie; aprendí a dejar de ser el centro para dar lugar al otro; aprendí a darme cuenta de que lo que me pasa a mí, no me pasa a mí solo; y aprendí, también, a aceptarme cada día un poco más, con amor y sin dejar de hacerme cargo de mis responsabilidades como sujeto deseante, sexuado y viviente.

Martín

Siempre hay un "pero" para con los LGBT

Publicado el 1 marzo 2012 por Alejandro Viedma para AGMagazine.info

- “Hay que matarlos a todos”. Cual exterminio nazi.
- “Prefiero una hija puta o chorra antes que sea lesbiana”. Sentencia de una “madre”.
- “Que vivan, pero en una isla”. Exclusión, exilio por parte del monseñor Quarracino.
- “Pueden ser homosexuales mientras no practiquen la homosexualidad”. Desde la iglesia católica.
- “Puede venir a esta casa con su pareja, pero que no se besen delante mío”. Comentario vertido por el padre (por ej. hacia su esposa) de un muchacho gay.
- “Que tengan unión civil pero no matrimonio”. Concesión de algunos derechos, no todos, desigualdad oída en debates.
- “Que se casen, pero que no adopten”. Casi todos los derechos, de todos modos continuaba la no equidad.
- “¿Por qué no adoptan, en lugar de la subrogación?”. Dirigida a Flor Trinidad y su marido.
- “¿Por qué no se operan, así son hombres o mujeres?”. Pregunta a las travestis.

Hoy quise hacer un recorrido por algunas frases sociales que históricamente denigraron y continúan denostando a las personas LGBT y así los pisotean en su integridad, pero que en el fondo marcan los logros de la comunidad diversa, porque del mandato “muéranse” –después se asombran de que la tasa de suicidios sea mayor en gays que en heterosexuales, sobre todo en adolescentes- se llegó a la conquista del matrimonio igualitario y a entender que los LGBT también están capacitados para ser buenos padres y madres.

Yo pensaba… Cómo negando, prohibiendo o permitiendo con peros, con el tiempo los homofóbicos terminan diciendo lo mismo que el colectivo LGBT, es decir, evitando el mal mayor para ellos (los primeros), acaban por adoptar paso a paso el mismo discurso de los activistas LGBT, ¡acaban por darles la razón!: que las lesbianas y los gays pueden casarse y adoptar niños criándolos con amor. O que las personas trans pueden reasignar su sexo, si así lo desearan.

Ahora bien, ¿se trata de un avance o de una resignación del terreno perdido, de un acostumbramiento sociocultural? Pareciera una falsa aceptación de sucesivas cadenas de inscripción, de marcas sociales que mejoran pero que aún denuncian el empuje de los LGBT hacia la marginalidad. Pensar en una aceptación total y masiva en estos días sigue siendo una utopía pues es harto dificultoso borrar variables identitarias de lo cultural, tales como la intolerancia, la discriminación, el juzgamiento por el atravesamiento de las religiones… Como que ciertos cimientos de dogmas tambalean y salen varios en defensa de ellos y, de ese modo, muchos se alinean en la tolerancia, pero no desde sus creencias sino desde un discurso adquirido para el momento.

Se sabe que semánticamente el “pero” que sigue a una coma invalida lo que se dijo o escribió previamente. Por eso es una dicotomía expresar: “Que sean pero que no lo hagan”, ¡como si se pudiese ser algo o alguien sin ejercerlo!; sería como decir: “Que sea chilena, pero que no tenga tonada chilena” o: “Que él sea heterosexual, pero que no tenga relaciones afectivo-sexuales con mujeres”.

Rescato que esos “No” y esos “pero” que visibilizan un acoso anti-gay hayan hecho más fuerte al colectivo LGBT y que hayan transformado esas palabras en “Si”, en “Vamos por más”. También pondero a los que no son personas LGBT pero que no son heteronormativos u homofóbicos, que no rechazan, no discriminan aunque, como redactaba, hay mucho sendero por hacer aún para que sigamos creciendo en y como una gran sociedad inclusiva.

Con este panorama, yo me pregunto: ¿por qué no vive cada uno su vida sin decirle al otro lo que (no) tiene que o debería hacer o (no) decir? ¿Tanto cuesta revisar los hechos propios sin tratar de controlar los ajenos?

* Alejandro Viedma es licenciado en Psicología (UBA), psicoanalista y coordinador de grupos de reflexión para varones gay. Para comunicarte con él escribe un comentario a continuación o entra en Facebook: Alejandro Viedma Psi

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Entrevista radial sobre Bullying

Audio de Alejandro Viedma conversando con Sonia García para el programa "Viva la tarde", que va de 16 a 19 hs., por LV12-Radio Independencia, Tucumán. 04-04-12.