Interrogantes, fantasías, mitos, miedos y deseos de gays por ponerse en pareja.


Por ALEJANDRO VIEDMA. Te presento a mi marido… ¿Qué hay detrás de la carrera por estar en pareja? ¡Y mostrarlo!
Más de una vez hemos oído a algún gay decir “él es mi marido” cuando nos estaba presentando a la persona que había conocido tres días antes. Nominar a ese partenaire de tal manera, ¿es acaso un intento de certificar un vínculo fuerte para los demás? ¿Será una fantasía de revancha ante los “sexos express” vividos previamente? ¿Actúa como necesidad imperiosa de pegarse a otro? ¿Es un modo de retener al otro porque con anterioridad se vivenció no ser aceptado, haber sido dejado, echado? ¿Significa quizá un modo de copiar el modelo hetero tradicional? ¿Operará como mecanismo defensivo contra la soledad? Como siempre digo, cada caso es singular y detrás de cada persona puede existir una, ninguna o varias respuestas afirmativas –o negativas- a estas preguntas.
Considero que los medios de comunicación instalan imágenes y nomenclaturas discursivas que son mejor recibidas por la sociedad en general, ejemplo de ello resultaron las transmisiones que tomaron el festejo de la unión civil de Piazza y su pareja y la celebración de Flor de la V con su compañero Pablo, donde dichos eventos formaron parte de “las bodas de 2008”. Todavía siguen repercutiendo, sobre todo en la tv, tales sucesos que son mencionados como casamientos y se nombra a Pablo y a Walter como maridos de Florencia y de Roberto, respectivamente.
En los grupos de reflexión para varones gay que coordino hemos tocado este tema y las opiniones, por suerte, fueron diversas. Algunos estiman que estos hechos mediáticos son como circos que no sirven para nada, otros, que visibilizan otros vínculos existentes.
Además, desde mi experiencia en la clínica psicoanalítica he escuchado que gracias a la repercusión que estos festejos tuvieron, algunos pacientes gay y lesbianas por lo menos habían podido empezar a hablar del tema con sus familias. Es decir, las personas que conviven con estos/estas analizantes –padres, hermanos, etc.- comenzaron a expresarse y los sujetos con una orientación homosexual supieron explícitamente lo que pensaba su gente cercana, pudiendo así tener la posibilidad de replicar o apoyar aquellas palabras en sus casas.
Tomando a la persona gay no expuesta públicamente, tal vez su necesidad de estar en pareja tenga que ver con que ese vínculo formalizado es socialmente más aceptado que estando solo o “picoteando” de aquí para allá, lo cual es tildado como promiscuidad. En el imaginario colectivo el varón gay “soltero” es sinónimo de fiesta, de reviente sexual, de irresponsabilidad.
También se puede reflexionar acerca de lo opuesto: que la existencia de ese estereotipo del gay –el que no tiene compromiso- provoca que no se desestabilice, que no se ponga en jaque la institución matrimonial.
Aunque el amor sea universal, hay distintos tipos de relaciones y formas de armar vínculos, como el de dos personas del mismo sexo, una categoría de pareja diferente (por ende criticada y boicoteada) a la heterosexual y por tal motivo muchas veces a dicha unión sólo se la vive privadamente, lo que contradiría a la frase de Benedetti “y en la calle codo a codo somos mucho más que dos”.
Aquí entran los mandatos sociales y los temores ajenos y propios en juego: “si sos gay terminarás solo” no deja de resonar constantemente en alguien que quiere desafiar al maleficio y apostar a construir algo de a dos, a veces sin conocerse/lo suficientemente, o a cualquier precio.
Si es que se encuentra a tal compañero a veces se sigue el otro mandato: no mostrarlo, que se permita la pareja, pero sólo en la intimidad, lo cual dificulta luego que se luche por los mismos derechos, por ejemplo en el área laboral.
Tanto se pone en la búsqueda de la pareja que una ruptura puede ser sentida como un total fracaso, sin tener en cuenta que fue una experiencia más.
Y retorna el sentimiento de soledad, o el horror frente a su próxima llegada, y para evitarla uno mismo, casi sin pausa o sin elaborar el duelo, se pone el imperativo de estar nuevamente con alguien, aunque sea un ratito, o con varios, como si en el hecho de rodearse de muchos se hallaría la certeza de no sentirse más solo. La soledad es estructuralmente humana, y generalmente una persona va detrás de un ideal y se empeña en tener una pareja rápidamente siguiendo un mandato sociocultural, no obstante la pareja no cura todos los males, sí en muchos casos alivia, ayuda, pero no lo es todo. Primero se tiene que estar bien con uno mismo, sentirse preparado, valorado uno para proyectar algo de a dos (o más).
Si hay tantas historias de vida como individuos, también hay tantas significaciones inconscientes y conscientes subjetivas y singulares como para armar lazo con el otro. Tal vez el mito de la felicidad alcanzada sólo estando en pareja sostenga que no exclusivamente lesbianas y gays la busquen, sino que cualquier ser humano la desee. O desee simplemente que el otro lo vea a uno acompañado…

Los (otros) clósets

Por ALEJANDRO VIEDMA | Reflexiones acerca de distintos modos de armar placares y las subjetivas salidas de los mismos. Publicado por agmagazine.info el 12 de mayo de 2009.

Del concepto al objeto
Al concepto CLÓSET lo entiendo como nuclear, ordenador y/o catalizador de cientos de temas porque conecta, motoriza y se relaciona con muchísimas nociones como las de la (homo) sexualidad, las represiones (internas y externas) sufridas, las creencias (religiosas, culturales, científicas, políticas), los sentimientos (amorosos, temerosos, angustiosos) aflorados en el ser humano, las dinámicas establecidas dentro de las familias, etc., etc.
Tomo al clóset como un dispositivo, un andamiaje, un aparato sociocultural que es a la vez grupal e individual, y por tener estas características agrupa a otras, como la masividad y la unicidad.
El placard puede adoptar distintas formas, o tal vez sería más adecuado nombrar a los muebles en plural, y por lo antedicho en el párrafo precedente, también puede ser nominado en singular si no dejamos de tener en cuenta que hay tantos clósets como seres humanos que los crean.
Como factor universal, podemos observar que cualquier armario puede hacer las veces de tegumento, de piel, de elemento envolvente y aislante que cobija del mundo exterior y a la vez nunca proscribe la comunicación con el mismo, es decir, siempre que hablemos del clóset tendremos que tener en cuenta que dicha abstracción conlleva la relación, la retroalimentación permanente entre un continente y un contenido.
Entonces, los territorios lindantes estarán divididos por marcos, puertas, materiales diversos como hierro, madera, plástico que pueden actuar como metonimias de lo fronterizo, de los filtros, de lo que el sujeto -que no puede asumir abierta y/o públicamente su orientación sexual- monta en la escena ante un otro: las (no) palabras, las mentiras, los pudores, los remordimientos, las sensaciones de estar atrapado y/o desamparado, el dolor, la bronca por los reproches recibidos posteriormente, entre muchos otros componentes presentes más.
Otro objeto hallable dentro de un placard sería la naftalina, que tiene como finalidad mantener la ropa sin que sea apolillada o, podríamos pensar, para que el sujeto pueda tornarse fuerte, para que exprese su ser en su totalidad, que no luzca con agujeros, debilidades ante los demás “invasores” y pueda ser útil para cuando decida cruzar ese límite, cuando se disponga a dar el/los paso/s subsiguientes.
Roperos distintos, la misma lógica
Si bien casi toda lesbiana y casi todo gay transcurre en su vida por la situación de “enclosetamiento”, no tiene la exclusividad, la única venia para la construcción del placard, es decir, cualquier ser humano puede estar en este estado por equis motivo. El clóset de las lesbianas y los gays es particular, con especificidades, sin embargo, ciertas características también pueden encontrarse en otros sujetos que pueden ser heterosexuales, o sea, establecerse en un clóset va más allá de la orientación sexual o de la identidad de género de la persona encajonada, ya que ese sujeto se interna dentro de un locker, casillero, recoveco o como quiera llamárselo porque a ese rincón lo concibe como una autoprotección, lo funda como mecanismo de defensa.
Actualmente, donde en la Argentina convivimos a diario con el problema de la inseguridad, es pertinente acudir a alegorías: el clóset como símil de la acción de autoblindarse, enfundarse en un chaleco antibalas, manejar y trasladarse en un automóvil con los vidrios polarizados, donde la persona puede observar gran parte de lo que lo rodea mas impide que los otros se adentren en su interior, que lo hieran.
Es en este sentido que puedo pensar en otros clósets, y a modo de ilustración puedo enumerar: el caso de una persona que tiene una relación con un/a amante hace muchos años y vive dicho vínculo escondiéndolo, sin libertad alguna; o el de un sujeto que padece una enfermedad –aquí se puede pensar en un trastorno alimentario, como la bulimia o la anorexia-, y la sufre solo, sin comentárselo a nadie; o el de alguien que es presa de la violencia doméstica, violencia naturalizada desde hace años en el interior de su pareja o su familia, sobre todo en los casos de violencia de género -cuando la mujer no puede hacer otra cosa que mentir, negar o esconder los golpes o al violento porque vive amenazada-; o el de un sujeto a quien le cuesta muchísimo superar una adicción; o el de una persona –sobre todo menor de edad- que ha sufrido o está sufriendo reiterados abusos sexuales. En los casos anteriormente citados y en muchos otros, generalmente se instala el miedo a “hacerle mal al otro” (por ejemplo una mujer golpeada si compartiera su infierno con su madre o con alguna hermana o amiga) si se lo contara, o se vive asustado por el rechazo y por la consecuente condena social, por ende el secreto permanece gelificado en la propia soledad.
Otro ejemplo lo puede constituir algún tipo de emigración ilegal del país de origen. Hace un par de años escuché en la voz de Julieta Venegas una canción que directamente me llevó a imaginarme el clóset, se trataba de “La jaula de oro”, tema popularizado por el grupo Los tigres del Norte. El texto es un testimonio sobre la emigración mexicana, y en más de una oportunidad la Venegas en vivo le dedicó dicha pieza a todos los paisanos que se encuentran en los Estados Unidos. Abajo “pego” la letra de esta canción:
La jaula de oro
Aquí estoy establecido
en los Estado Unidos
diez años pasaron ya.
En que crucé de mojado
papeles no he arreglado
sigo siendo un ilegal.
Tengo mi esposa y mis hijos
que me los traje muy chicos
y se han olvidado ya.
De mi México querido
del que yo nunca me olvido
y no puedo regresar.
De qué me sirve el dinero
si estoy como prisionero
dentro de esta gran nación.
Cuando me acuerdo hasta lloro
que aunque la jaula sea de oro
no deja de ser prisión.
Mis hijos no hablan conmigo
otro idioma han aprendido
y olvidado el español.
Piensan como americanos
niegan que son mexicanos
aunque tengan mi color.
De mi trabajo a mi casa
yo no se lo que me pasa
que aunque soy hombre de hogar.
Casi no salgo a la calle
pues tengo miedo que me hallen
y me puedan deportar
La situación descrita es clara: uno se establece en un lugar donde pasa años, por lo cual luego cuesta salir o correrse de allí. Dicho sitio puede en un momento ofrecer una especie de confort, de peligrosa o (auto) engañosa comodidad, ya que uno necesariamente se convierte en un presidiario en tal circunstancia, pues el silencio, la incomunicación, lo vergonzoso para uno (y para los demás) y la negación provocan angustia, porque hasta los seres queridos y cercanos se vuelven extraños y uno se vuelve ajeno para ellos.
Pareciera como si ese sujeto, en el tratar de olvidarse, escapar o de “hacerse el distraído de la realidad”, se volviese un automatón, una máquina repetitiva porque sólo se dedicaría a caminar por los senderos del “deber ser”, de las obligaciones y de esos temores aparecidos –miedo a que los demás lo rechacen, lo “destierren” si se expusiera tal cual o como es, si tomara las calles- por no cumplir con las exigencias del otro; a posteriori dichas exigencias se interiorizan y se potencian en el sujeto tapado con la consecuencia de ir perdiendo día a día su propia identidad, su “legalidad subjetiva”, situación que puede provocarle –si llegara a estancarse en esa localidad pantanosa por mucho tiempo- un aplastamiento subjetivo.
Mientras un sujeto se envuelva con esa especie de ataúd, de “sobretodo de madera”, se irá objetalizando, quedará cosificado, mimetizado con ese armario, y en un traspaso constante de mixturas que se simbiotizan, ese mueble se irá humanizando porque irá formando parte de esa persona, convirtiéndose en su cascarón.
En el caso de la persona gay o lesbiana que fabrica un clóset, lo hace porque se siente acechada por las miradas que no avalan su modo de vivir su sexualidad y los chismes diseminados se vuelven amenazantes en los oídos de dicha persona.
Lo siniestro, lo ominoso para Freud
Recuerdo haber leído –en los ´90, cuando era estudiante de la carrera de Psicología- Unheimlich (Freud, 1919), que se tradujo como “Lo siniestro, lo ominoso”, pero el año pasado asistí a una clase especial en un posgrado que realicé y mientras escuchaba a la colega oradora, todo el tiempo me invitaba a pensar en el clóset, ropero, placard, ya que en ese texto el padre del psicoanálisis refiere que se produce, en la situación que describe en dichas páginas (invito a los lectores a que busquen y hojeen ese artículo, caso contrario y si reprodujera aquí el mismo, este sería mucho más extenso y tal vez menos entendible), al mismo tiempo la vivencia de sentimientos aparentemente contrarios: lo familiar/hogareño/conocido/entrañable combinado con lo angustioso e intolerable por lo oculto, lo secreto, lo no develado que sale a la luz, como en ese proceso del coming out.
Lo siniestro, lo ominoso, aparece así como aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a “lo familiar”, pero que deviene en “no familiar”, aquello que es familiar y desconocido a la vez. Además, se da la falta de un límite preciso entre los objetos animados e inanimados, y hay un sentido de atemporalidad y de sorpresa, de extrañeza a la vez. Se trata de algo propio que al mismo tiempo es ajeno, lo que me remite al concepto de extimidad, porque hay algo que es interno y externo simultáneamente, como la banda de moebius.
También me interesó lo de la doble función que describe Freud: que no se vea y que sirva de pantalla, y lo conecto con la vivencia de cuando los gays y las lesbianas son tapados o intentan construir mascaradas para que los demás “no sepan” sobre su orientación sexual.

En cuanto a lo siniestro y el armario, lo oculto remitiría a la calavera que yace en el clóset, pero que todos la tienen, de tal manera, lo siniestro se produciría por el encuentro con eso que no debió salir a la luz subjetivamente y es algo instantáneo.
Cuando para cualquier sujeto se vuelve real el encuentro con la sexualidad, ¿hay algo allí que se vivifica como siniestro? Me parece más del orden del velo, en el sentido del arte, el velo que cubre la calavera social que todos ocultamos, el velo como semblante, como máscara.
Tal vez para el Otro social, el hecho de que alguien salga del placard, se lo viva como un momento de despersonalización que puede ser sentido como siniestro, como un doble que no se reconoce.
El acto de decir soy lo que soy
¿De qué está hablando una persona cuando exclama “soy gay”?
El coming out of the closet, el proceso de abrir el placard e ir saliendo del mismo, es un acto que va poniendo de manifiesto lo implícito, lo oculto, el silencio, el disimule.
A dicho proceso lo tomo como un acto ético porque el que despliega la enunciación se transforma en un sujeto que se responsabiliza por lo que ya no calla; hay un antes y un después de esas palabras expresadas, una manifestación visagra donde la posición subjetiva ya no será la misma. Es como cruzar el Rubicón, que le significó al César un cambio en su/la historia.
Los minutos previos a la emisión de las primeras palabras suelen ser los más difíciles de transcurrir para la persona que seguidamente va a decir, por ejemplo: “pa, ma, tengo que hablar con ustedes, necesito decirles algo”.
Ese algo –que no es poco- que se pronuncia en general trae aparejado costes psíquicos y físicos, porque cuando por ejemplo los padres no aprueban la homosexualidad de su hijo/a, este/a último/a en primer lugar sufre un descenso en su autoestima.
Por otra parte, tal circunstancia le aporta a la lesbiana o al gay una capacidad de resiliencia, de volver del salto, de hacerse más fuerte en el reponerse, recuperarse ante la adversidad.
El sujeto que necesita decir que es gay lo hace porque asume una identidad, identidad también sostenida por lo grupal, por un colectivo específico que siente y se expresa de una manera similar –aunque con diferencias-, compartiendo códigos y vivencias comunes. Es un ser que se construye también vía discursiva, en un contexto socializador.
Lo que hay que destacar es que decirlo siempre debe partir de una decisión personal y no de una obligación o presión externa. Todo sujeto es propietario de su vida (en general) y de ejercer y hablar con libertad, si así lo desea, sobre su sexualidad (en particular).
¿El regreso del “muerto vivo”?
Si la entrada en el placard y la permanencia en el mismo nos lleva a la frase “todos tenemos un muerto en el ropero”, el coming out of the closet sería homologable a cuando ese muerto revive o ya no se lo esconde más. ¿Cómo? Vamos por partes, cajón por cajón, estante por estante, percha por percha…
Al placard, como he dicho, en un primer momento se lo siente como un lugar con confort, no obstante al mismo tiempo ese ascensor atascado hace que se vaya pudriendo “eso sin vida” que está en su interior, mudo, inamovible, pero que produce efectos.
Al muerto, al asesinado se lo guarda en el clóset o se lo entierra, muchas veces, en el fondo de la casa, pero si pensamos que lo específico de una lesbiana o de un gay en una etapa de su vida es guardar, ocultar o tratar de aniquilar sus propias pulsiones (por “el qué dirán”), su condición afectivo-sexual, podemos decir que estos sujetos lo hacían porque se los consideraba criminales, como seres abominables a ejecutar. Históricamente se tildó –y aún en varios países de este planeta se sigue tomando- a los actos homosexuales como crímenes, y se los ha ordenado en la categoría de psicopatológicos, perversos desde la ciencia, la disciplina, el derecho, la religión.
Entonces, se destina las cuestiones sexuales a lo más íntimo de lo privado, y la intimidad en una casa generalmente yace en la habitación, por lo que lo más íntimo se guarda, se lo protege más que a otras cosas en el ropero. ¿No son acaso los ladrones los que van directo a ese lugar, porque el mismo es una suerte de refugio, escondite para otros objetos de valor, como el dinero y las joyas?
Por lo tanto, según cada singularidad y las particularidades de la represión de cada quien, habrá diferentes construcciones de armarios: habitan encastrados, grandes, chicos, con varias puertas, con una sola, de diferentes estilos como modernos, antiguos o coloridos, pero también existe una mano de obra común hasta para preparar las salidas de aquellos: la designada por la comunidad en general y el colectivo LGBT en particular, porque asumir una sexualidad disidente, distinta a la heteronormativa, es de alguna manera aceptar que se está o se pasó por un enclosetamiento, ya que no se puede salir de un lugar de donde previamente uno no entró.
Las voces que animan a otras gargantas
Cuando alguien habla, en simultáneo habilita a otro a que lo haga. Ese acto genera más actos, más sujetos se animan a hablar porque la palabra cobra vida: el muerto revive.
Eso me dirige a la cita bíblica “Lázaro, levántate y anda”, ya que hablar es andar-diciendo, sólo que Lázaro no se autonominó en ese acto, contrariamente, el que da la "orden" de ponerse de pie y caminar –de que pueda expresarlo- al gay o a la lesbiana es él/ella mismo/a y ningún Jesús ni voz externa, sino la interna, la propia, el alma de cada quien, su propia determinación.
La salida del clóset es como autodeclararse inocente o al menos no culpable por ser gay, en tanto que lo que parecía muriéndose dentro del sujeto renace y mejora, se transforma porque en un paso previo hubo un giro tremendo en la cosmovisión interna del sujeto, que había internalizado la homofobia. Con esto quiero significar que anteriormente a su salida pública, el sujeto se autoacepta en soledad.
Porque a ese sujeto ya se le hizo insoportable portar un falso self, yo falso izado a medida que su placard iba paseando por los umbrales del nudo borromeo propuesto por Lacan: se pasa del ropero como instancia imaginaria y simbólica para convertirse en algo real, connotado desde lo material, material que hasta puede fragmentarse, sin perder sus otros dos registros.
En algún punto, los que quisieron y pudieron salir del clóset lo hicieron porque han roto el cerrojo de la naturalización del ahogo y en tal sentido las lesbianas y los gays que caminaron, hablaron, se asumieron al fin, pudieron hacer algo distinto a lo que los otros quisieron predestinarlos –incluso cuando los demás quieren que uno calle y vuelva al armario-, y lograron instalar algo del orden de un cambio.
Además, sin desearlo o habiéndolo querido han actuado políticamente, porque es toda una actitud y una cuestión política generar un cambio en uno y en los otros, animar, vitalizar a muertos ajenos también, despertar conciencias. Se convida al semejante a esquivar la condena y simultáneamente también se lo declara inocente antes de que haya un esqueleto.
Es por tal cuestión que el muerto no se terminó de duelar, porque no se trata de algo mórbido real, tal vez nunca llegó a agonizar, a estar en coma porque tomó otro camino y sorpresivamente pudo mejorar notablemente e inyectar, contagiar de salud y de vida a las partes oscuras y reprimidas de los cuerpos, las mentes y los seres vecinos.
Todas las aberturas, los pasos para la salida del placard ayudaron a dar otros pasos. Las salidas de los clósets de los gays y las lesbianas han provocado, entre muchos logros, que nuestra nación junto con otros sesenta y cinco países en diciembre de 2008 en el Organismo de las Naciones Unidas (ONU) votara a favor de un texto que llama a despenalizar la homosexualidad en nuestro planeta.
Incluso las salidas de los clósets hacen que los demás salgan de otros clósets que no tengan que ver –o sí- con la sexualidad. Quizás, y por otro lado, estimado lector, la previa salida del clóset de un ser cercano a ti, sobre algún tema o cuestión personal, te ha permitido hacer tu propio camino de visibilidad…
Porque aunque Benedicto XVI se empeñe en lo contrario, hay algo del orden de la inevitabilidad: los cambios sociales son inevitables, es inevitable que no se den, que no muten las realidades en un mundo pleno de configuraciones inevitablemente diversas y visibles.

Problemáticas acerca de las homoparentalidades

Martes 28 de abril de 2009
En la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA),
Rodríguez Peña 1674, CABA.
De 11,15 a 13.00 hs. Aula a designar.
El Capítulo de Adopción, Homoparentalidad y Diversidad Sexual proyectará la síntesis del film "Cachorro", producción española (2004), dirigida por Miguel Abaladejo.

Coord.: Lic Eva Rotenberg, secr.: Lic Beatriz Agrest Wainer. Introductores a la discusión: integrantes del Capítulo.
Discutidores Invitados: Dra. Leticia Glocer y Lic. Alejandro Viedma.

Debate con los asistentes. Actividad libre y gratuita. Espacio para profesionales de la salud y de la justicia.

CARTA PUBLICADA POR EL DIARIO PÁGINA 12, COMO MUESTRA DE AGRADECIMIENTO A ALEJANDRO VIEDMA

SOY
VIERNES, 13 DE MARZO DE 2009
PD
Lo digo desde Soy
Alejandro:
No es fácil poner en palabras esta gratitud demasiado grande. Se cumple un año casi desde que entré al taller de Puerta A. y tenía ganas de escribirte esto. Porque ahora me mudo lejos y porque éstas son esas cosas que uno tiene guardadas en el pecho y no sabe muy bien cómo explicarlas, pero que merecen salir a flote, aunque sea dando tumbos.
Ahora estoy pensando que me di cuenta temprano en realidad, que a los once ya lo sabía. No que era gay, eso ya lo sabía desde antes; a los once descubrí que me daba vergüenza serlo, descubrí que tenía que ocultarlo, callarlo, que lo mejor que podía hacer era mirar a las chicas y tragarme el deseo poseso de besar a mi mejor amigo. A los once comprendí que estaba permitido hablar de las tetas de mi vecina, pero no mirarle la entrepierna a su hermano más grande. La regla era simple y me pasé media vida tratando de cumplirla. Raspándome la mirada, quitándome el amor como una lacra, como una culpa sucia de la que despegarse. Y todavía cerca de los 20 años soñaba con un genio mágico, una píldora, una terapia o un dios que viniera a sacarme la mugre de lo que no quería ser.
Pero entonces un día, como dicen en los cuentos, lo que vos ya sabés: yo estaba perdido y caminé por Hipólito Yrigoyen y toqué las puertas del grupo (de un grupo, de cualquier grupo). Me senté en ese círculo de extraños y sucedió lo que no esperaba: que después de tantos años de evadirme, me encontré por fin a mí mismo.
Es una extraña sensación de trascendencia el aceptarse.
¿Qué puedo decirte ahora? ¿Enumerar los peldaños que me llevaron al amor, a los amigos, al orgullo? Ese círculo me dio la mirada, la palabra y el coraje, me dio la base de todo lo que vino después. Y por eso voy a llevarlos siempre conmigo, como esa mano que me hizo piecito para que saltara la pared y me fuera del otro lado del miedo. Para que saliera de un Berlín por siempre aparte y estirara los brazos a la posibilidad de ser mejor de lo que era.
Gracias una y mil veces, Ale, a vos y a los chicos de Puerta A., por hacerme ver que puede haber un mundo distinto al heredado. Y lo digo desde acá, desde el Soy, para que también escuchen los otros: los indecisos, los temerosos, los reprimidos. Cuando metan el ojo una vez más a escondidas entre las páginas de este mundo al que no se atreven, sepan que hay manos tendidas y dispuestas, y que no habrá jamás libertad más grande que amar sin cuestionárselo o que Ser sin complejos. Adelante.
Yo también Soy.
Nacho

Entrevista con el lic. Alejandro Viedma


Por Marcelo Marquetz
El encuentro se realizó un miércoles de 2008 en AGRadio, donde tiene lugar de 20 a 22 hs el programa “Espacio Nexo”. Marcelo es miembro de la FALGBT y más que un reportaje provocó y logró que se diera una charla distendida y cordial.
Marcelo M.: Alejandro, ¿cuál es tu trabajo específico?
Alejandro Viedma: Soy licenciado en Psicología y trabajo en forma privada como psicoanalista, dentro de la línea Freud-Lacan, para la comunidad en general y también atiendo demandas que tienen que ver con las particularidades de la identidad sexual, la orientación sexual, el género, la diversidad sexual; trabajo en equipo, con algunos colegas que pueden tener otra formación y también interdisciplinariamente, para ser coherentes con lo que bregamos acerca de la diversidad. Por otro lado, coordino grupos de reflexión para varones gay, lo cual significa otro encuadre, institucional, donde más que nada modero los tiempos de participación de los integrantes y propongo una dinámica específica para cada encuentro pero no por ello debe necesariamente ser fija. Este espacio es más relajado para todos, más a modo de charlas-debates en torno a cuestiones del ser gay.
M. M.: Respecto a la terapia, veo que a veces es difícil porque no todos los terapeutas tienen clara la cuestión de la diversidad sexual en términos de acompañamiento profesional a una persona que va con esta problemática; algunos terapeutas a partir de una demanda así tienen que hacer una elaboración propia de qué significa la diversidad sexual…
A. V.: Sí, básicamente porque ninguna persona, siendo terapeuta o no, se salva de los prejuicios y de la homofobia. Entonces, en principio lo que debemos hacer es informarnos sobre este tema y sobre varios más que son tabú para nuestra sociedad. Recién ahora se está abriendo la temática de las "minorías sexuales", no obstante aún existen diferencias significativas entre lo que es capital federal y el resto de la Argentina y eso se nota en lo legal: la ley de unión civil fue aprobada solamente en CABA, Río Negro y Carlos Paz, y lo grave es que todavía en el 2008 existen edictos policiales en muchas provincias, donde pueden seguir deteniendo a las travestis, lo cual demuestra que continúa la discriminación y todo eso provoca trascendentes efectos negativos en la salud de los sujetos, sobre todo para los que aún no pueden salir del clóset. Más grave aún resulta el hecho de que esa discriminación basada en la ignorancia muchas veces atraviesa y se instala en los consultorios, en los terapeutas.
M. M.: Además, dentro de los grupos discriminados socialmente pareciera como que se está durmiendo con el enemigo, porque para gays y lesbianas el lugar más duro suele ser el privado, el íntimo, el familiar, cosa que no pasa por ejemplo con los judíos o los negros, donde en sus casas hay contención, por eso para los gays cuesta y se tarda más contarlo en la familia que decirlo en ámbitos más sociales…
A. V.: Sucede lo que no pasa en otras minorías porque los primeros espacios transitados por cualquier persona, como la familia y la escuela, para lesbianas, gays y trans son expulsores, se propinan hostigamientos. Luego suele haber una reiteración de la historia en el trabajo, donde “no se habla” del tema o se lo rodea de manera peyorativa o con el chiste fácil que camufla al heterosexismo, por lo cual algunos individuos no pueden declarar que son gays o lesbianas ni en sus casas ni en sus laburos por miedo a las consecuencias que pudieran sufrir.
M. M.: Se establece una especie de código de silencio, a pesar de que hay cosas que son evidentes, pero no se las quiere hablar…
A. V.: Claro. Lo que observo y escucho mucho en la clínica, en el consultorio, y también en los grupos de reflexión que coordino, es esto de “supongo que lo saben, pero no por mí” o “en mi casa lo sospechan pero nunca me preguntaron nada”, y por otra parte es común que cuando lo dicen reciben como respuesta un silencio muy incómodo, o la frase “no se lo cuentes a nadie”. De esta manera, sigue operando el mandato que se destine todo eso a lo privado, “tenés que guardártelo” y encima se homologa privado a malo. Es en este sentido que considero de gran ayuda el dispositivo grupal, donde asoma una contención, se da una habilitación de lo que se dificulta hablar en otros lugares, estos espacios funcionan entonces como socializadores porque empieza a circular la palabra en un contexto de cercanía con el otro donde se mira a los ojos. El fin no es la formación de un gueto, pero creo que primero es necesario que comience a ponerse en funcionamiento el pensamiento y el discurso intragrupalmente, intra-colectivo para luego ampliar, abrir las fronteras, o sea, primeramente hay que “trabajar” ciertas cuestiones personales, particulares, grupales y comenzar a conscientizarlas, a verbalizarlas, a charlarlas para después poder estar más tranquilo y preparado, con un soporte y una red para el “afuera”. Siempre para esto lo grupal presenta un plus, porque emerge algo “mágico”, que se ve en los efectos positivos subjetivos, y si bien por lo menos lo que yo propongo no son grupos terapéuticos, ya hablar y que tus pares te escuchen -y viceversa- es terapéutico en sí mismo; además está todo lo previo: buscar, averiguar data, movilizarse, llegar al lugar, encontrarse semanalmente con el otro, es decir, hacerse activo en todo este proceso para establecer vínculos, hacerse amigos, armar salidas, tejer una red afectiva y eso sí que no es mágico, uno tiene que tener las ganas, la buena predisposición, la continuidad y el compromiso para poder lograrlo.
Pregunta de un oyente: “Le quisiera preguntar al licenciado Viedma cuáles son las consecuencias de seguir en el clóset”.
A. V.: Desde mi experiencia, puedo afirmar que el silencio o la construcción de la mentira provocan un desgaste psíquico importante para los sujetos que permanecen en el placard porque no hablar de su sexualidad conlleva que construyan una especie de mascarada por los inventos que fabrican, por las farsas que son generadoras de una bola que puede hacerse gigante, lo que en un momento posterior torna complejo el frenarla, el deshacerla. A veces se empieza por cambiar de nombre al partenaire, porque lo que se transforma es su género.
M. M.: Sí, es como decís vos, es como una bola de nieve o como las cáscaras de la cebolla, una tras otra, una tras otra…
A. V.: Todo eso produce un agotamiento porque el sujeto tapado se pregunta a sí mismo ¿qué le conté a fulano?, o ¿a qué boliche le dije a aquel que iba a bailar?, o ¿al otro le comenté que estaba saliendo con una tal Mariana o Silvina?, lo cual requiere de un esfuerzo mental permanente, ya que puede armársele un “mejunje” y muchas veces esto tiene un coste alto manifestado en lo corporal, porque lo que no está tramitado, digerido vía discursiva, se instala en el cuerpo, se somatiza, por ejemplo se aloja en algún órgano, como la piel. También podría manifestarse un estrés notable que origine una depresión, lo que amerita un tratamiento psiquiátrico, medicación, puesto que el aparentar ser otra cosa de lo que se es, lleva al sujeto a esforzarse el doble por quedar bien con los demás en distintos espacios, de tal manera, es común ver a lesbianas y a gays que son muy exitosos en sus puestos laborales o en sus carreras terciarias o universitarias, donde poseen promedios brillantes porque están muy metidos en eso, depositan casi toda su libido allí y justamente estos sujetos se permiten poco para el disfrute, para el placer, para el ocio, ya que no se relajan, están constantemente autoexigidos, tapando otras cuestiones y eso trae aparejado algunas de las consecuencias que te mencioné anteriormente.
M. M.: Yo digo que la vida es una, las posibilidades de realización se van acortando y en realidad la posibilidad de vivir es una y en la medida en que uno pueda ser lo más auténtico posible, acercar más el deseo y la realidad, será menor el sentimiento de frustración.
A. V.: Por eso hay que laburar estas cuestiones en terapia, el por qué se llegó a ese estado, cuál y cómo fue el proceso y el contenido, hacer una elaboración personal y ser paciente en ambos sentidos: recorrer un camino como analizante siendo permeable al inconsciente y tener paciencia, bancarse la falta puesto que a veces precisamente estas cuestiones están latentes y lleva tiempo y no es agradable sacarlas a la luz por el dolor que ocasionan, pero considero que este es el sendero más sano y con cambios efectivos que perdurarán.
M. M.: Eso lo vemos mucho en Nexo, donde trabajamos con personas viviendo con VIH, y lo decimos permanentemente: es directamente proporcional que cuanto más te costó asumir tu homosexualidad más te cuesta asumir el VIH, incluso creemos que en muchos casos como consecuencia de una no asunción seria, profunda, adulta, madura de la propia identidad sexual se tiene descuidos, se busca la infección como autocastigo.
A. V.: Bueno, justamente esa es una manera de situarlo en el cuerpo, y lo que sucede a veces en estos casos es la construcción de un doble clóset, de una doble (auto) estigmatización, y por ello es prioritario conscientizarlo, quizás uno está muy pendiente de la culpa, de los atravesamientos religiosos y familiares, porque “no soy ese que vos querés que sea” y repite cosas.
M. M.: Exacto, esto de los vínculos muy primarios, pero hay un punto en el cual para poder emerger como persona uno necesita romperlos.
A. V.: Totalmente, ser sujeto de deseo, con la instancia de responsabilidad, de responder por lo que uno siente y elige, por empezar a hacer circular lo simbólico en pos de mover ciertas cuestiones históricas de uno; tal vez por eso yo me dedico a trabajar con adultos. No obstante, como decía recién, a menudo son procesos inconscientes, no es que uno a propósito busque hacerse el mal, entonces es importante rastrear y visualizar cuáles son los mandatos que operan con tanta fuerza detrás de las acciones, de lo fenomenológico, mandatos que han sido transmitidos por nuestros antecesores familiares, sociales y los que emanan de nuestra cultura, cuáles son los tabú que siguen desparramándose para que, paradójicamente, no se desparramen para no mover ciertas bases culturales fuertes. De este modo, hallamos una carga negativa en las cosas que nos trasmitieron: la negación, el señalamiento, el destierro, la vergüenza, el silencio, el esconderse, la culpa, el pecado, la enfermedad, la idea de futura soledad, de muerte. Todos estos son elementos que nos enseñaron, que aprendimos y hemos incorporado y también hemos pasado la posta a otros, por consiguiente, todo carbura como un círculo vicioso, no obstante lo positivo es que podemos deconstruirlos, des-aprehenderlos en ese proceso de hacerlos consciente, y a partir de allí elegir modificar nuestras conductas, nuestras formas de manejarnos, producto de nuestras estructuras rígidas de pensamiento. Más tarde, un paso más consistirá en educar al otro, informar a nuestros padres, a nuestros alumnos, a nuestros pares, etc., para que puedan entender y no solo pasarles la pelota contándoles que una es lesbiana o uno es gay.
M. M.: Claro, porque tal vez nosotros desde la militancia manejamos un lenguaje común, con códigos, comprendemos las cosas de una manera, incluso la gente de la comunidad gay por relacionarse en el ámbito con amigos y amigas lesbianas, gays, trans creemos que todos hablan el mismo lenguaje, pero por ahí papá y mamá no, sino que ellos hablan el lenguaje cotidiano que habla el heterosexismo a través de los medios, de la familia, de los valores tradicionalistas, de lo que quisieran o desearían para nosotros, y de repente un anuncio de este tipo es muy fuerte, por algo no se lo había hablado antes. Tal vez el primer impacto sea violento, agresivo, y debemos darle un tiempo a papá y a mamá para que ellos hagan su elaboración, porque, como vos decías, “la pelota se la pasamos a ellos”.
A. V.: En la primera etapa para ellos es como que se les viniera el mundo abajo y, como a veces todo es muy “de golpe”, se precisará ejercitar la capacidad de empatía, esa acción de ponerse en el lugar de ellos, porque generalmente cuando la lesbiana o el gay ya traspasó, ya superó el sufrimiento o los altibajos y pudo asumirse primero ella o él mismo y luego ante los demás, cae en una clase de vicio por no captar por qué al otro le cuesta tanto asumir la situación presentada, se olvida fácilmente del proceso que tuvo que recorrer.
M. M.: Que fue lento, que fue temeroso al principio.
A. V.: Pero luego de todo esto, creo que el amor triunfará. Desde la posición del analista es importante escuchar lo que trae el paciente, darle un lugar a ese discurso, alojarlo, abrir y no obturar ese padecimiento subjetivo que muchas veces se arrastra desde hace tiempo, por eso ya es de utilidad el hecho de la decisión de empezar un tratamiento terapéutico y a partir de allí el profesional le brindará su ayuda al paciente, lo acompañará, lo contenerá. El terapeuta tiene que entender que existen tantas sexualidades como seres humanos y en ese lineamiento podemos decir que hay diversas homosexualidades y no sólo un tipo.
M. M.: La verdad, está muy bueno el programa, yo lo estoy disfrutando mucho y te agradezco por compartir esta noche, es un placer. ¡Qué bárbaro cómo se va el tiempo!
Mensaje de otro oyente: Felicito a Alejandro por su laburo diario, que ayuda a mucha gente a sentirse plena con su sexualidad y a entender mejor las relaciones sociales más allá de la sexualidad que expresamos. Un abrazo.
M. M.: ¿Por qué conjugar el psicoanálisis con la militancia? ¿Dónde hallás la riqueza o el punto de encuentro?
A. V.: Uh… ¡Eso ya sería tema para otro programa! Me parece que el punto ahí es la dignificación del sujeto, cuando siempre el “homosexual” –y lo digo entre comillas porque a mí no me gusta ese término porque viene de la psiquiatría y se lo asociaba a la patología- fue tratado como objeto de estudio, psicopatologizado, objeto de marginación, objeto al fin, uno desde el psicoanálisis también intenta subjetivizar a las personas, y en los grupos, que aquellos que los integren puedan reconocerse en otras historias de pares, para que no sigan sintiéndose solos o enfermos y esto que decías, “¡cómo se va el tiempo!”, cómo pasa la hora, los años, y yo digo: muchachas y muchachos, no dejen pasar la vida, prepárense para asumirse, infórmense porque todo empieza por uno, reúnanse porque no vivimos en una isla desierta, somos seres sociales, hablen con sus amigos y con sus padres con respeto, sean protagonistas y no miren todo esto desde afuera, desde enfrente.
M. M.: Para terminar, un mini ping-pong: ¿un sueño por realizar en la causa gay?
A. V.: Yo creo que vamos bien, no debemos dejar de lado las conquistas, los logros y continuar por este camino, creo que con eso tiene que ver el éxito, con no claudicar en el trayecto.
M. M.: ¿Qué es para vos la terapia, el psicoanálisis?
A. V.: Una herramienta de vida, un instrumento para conocerse más a uno, para aceptarse en todo sentido, desde la incompletud que también motoriza, porque el deseo sigue en movimiento, y para brindarse al otro.

Marcelo Marquetz y Alejandro Viedma.

Foto del espacio de la diversidad sexual en Montevideo, Uruguay.