Presentaron la reedición del libro “Homoparentalidades”

Crónica de la actividad en donde se presentó el libro Homoparentalidades: nuevas familias, y la crítica del texto, a cargo del lic. Alejandro Viedma. Publicado por agmagazine.info el 20-10-10.

El pasado 18 de octubre se presentó, con entrada libre y gratuita, el libro de temática LGBT “Homoparentalidades” en Puerta Abierta. La presentación estuvo a cargo del lic. en psicología (UBA), psicoanalista y coordinador de grupos de reflexión Alejandro Viedma, y contó con la presencia de las compiladoras Eva Rotenberg y Beatriz Agrest Wainer. Posteriormente a las palabras del comentarista y sus colegas, se armó un debate muy interesante (“pogo discursivo”, al decir de Viedma) entre los/las asistentes y los/las panelistas.

Alejandro comentó cómo conoció a las analistas, dijo que su acercamiento a Rotenberg fue post lectura del material hace tres años, y a partir de allí y de vez en cuando se han estado convocando mutuamente para reflexionar de manera conjunta algunas cuestiones de su práctica clínica.

Homoparentalidades: nuevas familias (Buenos Aires: Lugar Editorial), aborda como tópico las familias diversas, “no convencionales” y es el resultado de un trabajo interdisciplinario de casi una década desde la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), una investigación en adopción a partir de la experiencia clínica. El libro se había editado por vez primera en 2007. La nueva edición modificada amplía el texto con dos capítulos nuevos en un mes y momento históricos para nuestro país, julio de 2010, ya que allí se promulgó el matrimonio igualitario. Los trabajos compilados son en su mayoría de psicoanalistas (como la recordada Silvia Bleichmar), pero también de profesionales de diferentes disciplinas como la filosofía (desde la postura de Diana Maffía), el derecho, la medicina, la psiquiatría.

Viedma expresó que a él le encantó este libro y ponderó ciertas variables que considera fundamentales para tratar el tema de las familias homoparentales: que sea un trabajo desde la interdisciplinariedad, entendible y hecho en la Argentina, aún con algunos trabajos de autores extranjeros. Y de la siguiente manera navegó por las zonas por las cuales el analista transita y rescata como nodales:

Tanto en la contratapa como en el prólogo, así como en las palabras preliminares de las compiladoras y en los artículos de los autores convocados se repiten los vocablos “complejo” y “complejidad”, al referirse a la parentalidad actual, sobre todo respecto a lo que Rotenberg y Agrest Wainer subtitulan como nuevas familias, las homoparentales. También deambulan, entre otros, los términos desafío, revisión, deconstrucción, debates, intercambios.

El párrafo que cierra el texto de la contratapa pertenece a la psicoanalista Joyce McDougall, frase que abre y concluye con lo que la autora considera, sobre este tema, “lo más importante” y “lo que no tiene ninguna importancia”: “Lo más importante no es lo homoparental o lo heteroparental, sino la capacidad de ser padre. Eso es lo que cuenta, la capacidad de amar al niño, de educarlo para que pueda devenir un sujeto. Que este sujeto sea viviente, activo, dinámico, que ame la libertad y desarrolle la sexualidad. Padres que se puedan identificar al hijo en sus deseos y en sus necesidades y que desean abrirlo al mundo y a su necesidad. Que sean homo o hetero no tiene ninguna importancia”.

Según el parecer del licenciado, dicha frase marca la posición personal y profesional de cada uno de los que participaron en este libro.

Además, Viedma adhiere a las palabras de Agrest Wainer: “Sabemos junto con Freud que toda ciencia necesita confrontar sus conceptos. Tendremos que estar dispuestos a tolerar la incertitud frente a esta temática, revisar, actualizar o replantear nuevas hipótesis a partir de la clínica con estas nuevas familias y sus hijos”.

El capítulo 1 se titula “Adopción. La identidad como derecho y/o como construcción”. El presentador opinó que la identidad parece ser un concepto introductorio al tema de la adopción y las familias homoparentales. Rotenberg cualifica la identidad humana con los siguientes términos: devenir, proceso no cerrado, apertura, deseo, intencionalidad. La dra. Ana María Carrasco, por su parte, dice que la identidad personal supone “ser uno mismo” y señala la diferencia entre la identidad dinámica y la estática, explayándose en la dinámica, por ser la que se proyecta socialmente, fluida y no finita, porque se crea con el tiempo.

Viedma sostiene que estas características descritas por las autoras citadas pueden transpolarse a las nociones de familia y género: “… el género es una categoría social, históricamente flexible y por tanto, mutante, sujeta a las modificaciones de cada sociedad en sus diversos momentos”. (Oliveira, 2002; Louro, 1997; Costa, 1994; Scott, 1995; Chauí, 1984).

Los dos artículos que se agregaron son de Susan Vaughan y Emilce Dio Bleichmar.

En las viñetas clínicas que presenta la primera, la terapeuta recorre la homofobia internalizada de lesbianas aún con años de estar en pareja, sobre todo en las preocupaciones por creencias y prejuicios personales respecto a la paternidad, y se dirige a sus colegas para que revisen las propias reacciones contratransferenciales hacia gays y lesbianas con proyectos de armar familias. A Viedma le parece muy buena esa afirmación (por simple y real), y al finalizar su conclusión Vaughan, le sigue hablando a los analistas: “… la decisión de ser madre o padre es una decisión significativa para cualquiera, sea gay o heterosexual. De hecho, la experiencia de ser padre puede ser una experiencia que cambia la vida y que trasciende el asunto de lo heterosexual u homosexual. …antes de que el mar cambiara en nuestra cultura, los hombres gay y las lesbianas sentían con frecuencia que tenían que elegir entre ser abiertamente gay o mantenerse en secreto y casarse para poder tener hijos. Actualmente hay una libertad cultural creciente para ser ambas cosas, podemos serlo si tenemos la libertad interna para hacerlo. Todavía, para muchos de nosotros, llegar a esta libertad interior aún implica tener un buen tratamiento psicoterapéutico, y allí es donde entran –ustedes- todos los colegas. Sus pacientes confiarán en ustedes. … estamos hablando de ayudar a nuestros pacientes a tener la flexibilidad psicológica y la libertad para inventarse a ellos mismos como individuos únicos y genuinos…”.

Por otra parte, Dio Bleichmar concluye en su artículo: “Quizá si la gente que abriga temores de que la apertura del modelo de familia o la adopción homoparental conociera a Carlos (un niño incluido en una viñeta clínica, criado por una pareja del mismo sexo, aclara Viedma), tendría la impresión contraria, la familia parece reforzarse, enriquecerse en la diversidad como lo muestra Carlos que sostiene, desea y se proyecta en el futuro constituyendo una familia”.

Las preguntas que Alejandro le hizo a sus colegas fueron:

1)   Homoparentalidades es un “libro pionero” y también reciente en esta temática, en cierto sentido adelantado respecto a lo que se debatiría fuertemente tres años después. ¿Cómo fue el camino, el recorrido dentro de una institución emblemática argentina (APA)? ¿Qué relación encuentran entre ese trayecto y la complejidad teórica para abordar esta problemática?
2)   Nociones de identidad y género. ¿Intrínsecas o extrínsecas al psicoanálisis? Justamente, la identidad de género es algo basal en el presente y en el futuro, sobre todo desde el activismo LGBT argentino. ¿Cómo incluyen a las personas trans en la parentalidad actual?

Luego de que las compiladoras contestaran, hubo interrogantes y testimonios del público presente.

El cierre fue con un caluroso aplauso.

Presentación del libro Homoparentalidades

Lunes 18 de octubre a las 20 hs.

Presentación a cargo de Alejandro Viedma, con la presencia de las compiladoras Eva Rotenberg y Beatriz Agrest Wainer, en Puerta Abierta, organización LGBT presidida por Graciela Balestra. Actividad no arancelada. Debate posterior con los/las asistentes.

Homoparentalidades: nuevas familias (Buenos Aires, Lugar Editorial), es el resultado de un trabajo interdisciplinario de una década –sobre todo desde 2002, año en que se promulgó en la Argentina la ley de unión civil- desde la APA, una investigación en adopción a partir de la experiencia clínica.
La primera edición de este libro fue en el año 2007 y las compiladoras son Eva Rotenberg y Beatriz Agrest Wainer. La nueva edición ampliada con dos capítulos nuevos llegó en un mes y momento históricos para nuestro país: julio de 2010.
Los trabajos compilados son en su mayoría de psicoanalistas (como la gran Silvia Bleichmar, a quien además entrevistó Rotenberg), pero también de profesionales de disciplinas diferentes, como la filosofía (desde la tinta de Diana Maffía), la medicina, la psiquiatría y el derecho.

Entrevista radial al Lic. Alejandro Viedma: "Estoy a favor del Matrimonio Igualitario"

Audio del programa Del arco político, de Radio El Mundo, AM 1070, Argentina.

Conductor: Darío Del Arco, quien entrevistó al lic. Alejandro Viedma el día 14-07-10, víspera de la aprobación de la modificación en el código civil respecto al matrimonio.
En aquel momento Alejandro Viedma explicó por qué estaba a favor de la Ley de Matrimonio Igualitario y de la adopción de niños y niñas por parte de parejas conformadas por personas del mismo sexo; entre varias cuestiones expresó: “Se trata de la ampliación de derechos a personas que hasta hoy no los tienen”.


Link relacionado:
https://www.youtube.com/watch?v=CKxAuDUOZSo

Yo, tú y ellos merodeando por el ropero

POR ALEJANDRO VIEDMA Algunas impresiones y preguntas sobre la entrada, la permanencia y la salida del clóset. Publicado por agmagazine.info el 01-09-10.

Pese a la reciente aprobación del matrimonio igualitario en la Argentina, muchas personas lesbianas, gay y bisexuales aún siguen dentro del ropero, no hablan sobre su orientación homo o bisexual. Por otro lado, es necesario resaltar que tanto en los pueblos del interior de nuestro país como en los demás países latinoamericanos, para las personas que conforman el colectivo LGBT todo se complica más, sobre todo por la presencia de ciertas peculiaridades que se añaden a cada geografía específica, como ser el poder de la iglesia, la edad mayor, la clase socio-económica baja, las diferencias culturales por género, entre otras cuestiones.

Cada sujeto es arquitecto de su propio armario empotrado, de su guardarropas cerrado que igualmente trasluce cómo está intrincada y ubicada su estantería, porque lo no verbalizado/ble logra traspasar el filtro del tamiz represivo, es decir que a trasluz siempre se deja permear algo de lo que se dificulta poner en palabras.

El sujeto que está absolutamente dentro del placard se encuentra embutido, comprimido. El quedarse dentro del clóset dependerá de cada uno, del tiempo que necesite, de su (in) capacidad de tolerar el sufrimiento.

Además del individuo particular, siempre participan otros obreros de la construcción en este armado que por ende es también grupal, por la introyección del mandato -que viene desde el exterior- de impostar la postura de la orientación homo o bisexual.

La imposición de la impostación de la homo o de la bisexualidad, la orden de no expresar “la verdad” del deseo del sujeto, sigue funcionando con violencia en buena (¡o mala!) parte de la sociedad latinoamericana, porque es violento que el otro irrumpa en el deseo singular de uno. Desde ese lugar, el sujeto podría desaparecer puesto que se intenta arrasar con su subjetividad.

El mensaje que se aplica puede llegar a través de distintas vías, por ejemplo directamente de una madre, un padre, un hermano, o en las escuelas con el bullying (hostigamiento o acoso en las aulas), o de una manera cuasi indirecta pero no menos virulenta, como por ejemplo en interpretaciones subjetivas de pasajes de la Biblia o a través de los medios masivos de comunicación, en donde se desvaloriza lo femenino, se des-informa, haciendo ecuaciones no valederas, como por ejemplo gay=abusador de menores. Ecuaciones que se dan en una continuidad, o sea que no tiene existencia una situación sin la/s otra/s, no son independientes las expresiones de las ecuaciones, están convocadas por variables y atravesamientos diversos.

Entre las formas sugestivas, menos directas, más solapadas existen modos de inducción al cambio por parte de supuestos profesionales de la salud mental, por la homofobia del terapeuta, por lo cual ciertos pacientes no se sienten oídos, entendidos por sus analistas, ¡encima que cuesta tanto enunciar en voz alta la homo o la bisexualidad! En lugar de historizar a esos sujetos, escucharlos, aportarles dignidad, metas que también deberían constituirse en responsabilidad de los terapeutas, se los sigue destinando al sufrimiento. El psicólogo o psiquiatra que considera a la homosexualidad como una enfermedad es un incompetente porque se basa en un planteamiento –que se transformó en su ideología- que ya caducó hace mucho tiempo.

De lo que hay certeza es de ese padecimiento de la gente que está dentro del clóset, que se conecta en soledad con sus propias heridas, dolores de estos damnificados sociales, sobre todo por parte de seres malintencionados (allí operaría algo más del orden del odio que de la ignorancia), dolorosas heridas que se cubren para formar un collar montañoso, un dique de contención frente a otros ataques.

De la siguiente manera entonces resultaría un engranaje, unos caminos con flechas que se retroalimentan constantemente: primero el mandato emerge por la homofobia social, luego se alza el placard subjetivo también por la homofobia internalizada de cada individuo, internalización por no cumplir con el ideal del Otro, que insiste en respetar la prohibición, por lo cual lo desafiado es castigado y luego auto castigado por la culpa y la vergüenza que afloran por no seguir las reglas rígidas de los demás.

Así, la materialización del clóset se da en el vértice justo entre el sujeto y su grupo sociocultural (barrial, provincial, nacional y continental), oscila entre lo personal y lo institucional, entre lo individual y lo colectivo, donde habitan muchos más que dos.

Ahora bien, y con toda la situación descrita precedentemente, es decir, con una importante porción social machista, heterosexista, que todavía intenta fabricar individuos gay, lesbianas, bisexuales y trans enclosetados, imposibilitados de ser abiertamente LGBT, sujetos que se jueguen por sus deseos, es pertinente preguntarse: ¿cómo se hace en América Latina para estar totalmente fuera del ropero? ¿De qué se agarran esos sujetos para atravesar exitosamente el proceso de la salida del armario? ¿Qué ayuda a cada persona a no claudicar en el recorrido de su proceso de asumirse, primero él/ella mismo/a y luego ante los otros? Seguramente también será un logro singular de cada quien, dependiendo de con quién/es cuenta y de qué herramientas personales hace uso para su conquista individual.

Haciendo un salto respecto de la línea que venía escribiendo, también se me ocurre preguntarme… Llevar a que alguien entre en el clóset, ¿es igual o distinto a la frase nefasta que circulaba en la época del proceso militar argentino? En la dictadura funcionaba/corría el “no te metás”, que significaba no inmiscuirse en una situación determinada, confusa, ilegal, complicada, el hacerse el sordo, el ciego, el mudo, no implicarse. Se les decía a nuestros compatriotas: “no hablen, no denuncien”; entonces: “metete en tu casa, en un placard, de lo contrario vas a terminar mal, en una zanja”. Hace ya un tiempo la sociedad argentina está aprendiendo que no debe dar vuelta la cara, y que tiene que tener memoria también con los compañeros LGBT compatriotas, torturados y desaparecidos.

Desde mi posición, anhelo que se deje de esconder bajo la alfombra, ya que las orientaciones sexuales o identidades de género contranormativas no representan una basura, mugre o suciedad. Y además, como decía al principio de este escrito, el ocultamiento total es de por sí un imposible porque hasta por las hendijas o por los tragaluces se cuelan los rayos del deseo y en algún momento las ollas de presión explotan por la libido en ebullición, energía anteriormente sublimada en deportes, carreras exitosas o trabajos full time, modos de tapar por estar so-metido al poder heteronormativo.

Pero, y despidiéndome con ciertos interrogantes para seguir reflexionando: hoy, comenzando setiembre de 2010, ¿cuál es el orden que se intenta preservar diciéndoles a los gays que no lo digan? ¿Sólo se trataría de mantener un orden social/moral/hetero-reproductivo? ¿Qué significación adquiere ese precepto en cada región latinoamericana? ¿Cuáles son los efectos sociales del silencio? ¿Qué es lo que no se quiere/puede oír? ¿Cuáles son los resortes que se mueven por debajo de los mensajes que mutilan los decires? ¿Cómo actúa y qué consecuencias apareja aquel mandato para las personas LGBT? ¿Qué tienen en el norte las personas que censuran? ¿Cuál es en la actualidad la amenaza, el temor que se les presenta a las personas que discriminan? ¿Qué condiciona al otro de la homo o bisexualidad de uno? ¿Dónde están más condicionados los gays, las/los bi y las lesbianas argentinos/as? ¿Por quiénes? ¿Cuándo y por qué se condicionan más las propias lesbianas y/o los propios gays? ¿Qué los a-condiciona?

Generalidades sobre género

Aspectos básicos, propuestas y definiciones de género.

POR ALEJANDRO VIEDMA Publicado por AGMagazine el 22-08-2010

Introducción

Siempre que aludamos a cuestiones de género, tendremos que remarcar y al mismo tiempo denunciar la opresión y la subordinación de las mujeres en una sociedad patriarcal y machista, que por consiguiente no brega por la ecuanimidad, por la igualdad y por la justicia para la totalidad de los seres humanos.

A partir de la primacía del varón sobre la mujer se montarán exclusiones por sexo y violencia de género, y por ende se seguirá naturalizando el poder de lo masculino en detrimento de lo femenino, discriminación -visible mediante agresiones físicas e insultos, y solapada a través de sonrisas- acentuada con el agregado de otras variables en juego, entre varias: la orientación sexual, la pertenencia étnica, la edad, la clase.

Según refiere Ana María Fernández, “No es ya la violencia explícita del golpe físico que somete por terror, sino la violencia simbólica que inscribe a las mujeres en enlaces contractuales y subjetivos donde se violenta tanto la economía como el sentido de su trabajo productivo, se violenta su posibilidad de nominarse y se las exilia de su cuerpo erótico, apretándolas en un paradigma de goce místico, que –en verdad—nunca ha dejado de aburrirlas”1.

Tanto se ha solidificado el mito de la mujer como pasiva (eróticamente hablando) y carente de control de su sexualidad, que hubo un abrochamiento a la idea de la necesidad de un varón empoderado, poseedor del saber y deseante, por lo tanto sujeto, complemento de su objeto, objeto que debe permanecer en la privacidad.

Lo contrario ha ido ganando terreno en los últimos tiempos, donde el rol de la mujer fue modificándose para ella mostrarse como es: un ser humano, un ser sexuado, un ser activo en sus decisiones respecto de su cuerpo y sus placeres, una persona autónoma con su erotismo, un ser público y por todo lo anteriormente enumerado, también un sujeto deseante.

De todos modos, aún hay mucho camino por recorrer, mucho género para cortar en pos de la equiparación en cuanto a derechos y oportunidades de las mujeres y los hombres, porque no es sencillo resistir a la violencia física, a la violencia simbólica o a la violencia moral, a la hegemonía falocéntrica, al autoritarismo en la conyugalidad, que posiciona a la mujer como suplemento de goce ilimitado.

Algunas definiciones de género

“Género se refiere a la gama de roles, relaciones, características de la personalidad, actitudes, comportamientos, valores, poder relativo e influencia, socialmente construidos, que la sociedad asigna a ambos sexos de manera diferenciada. Mientras el sexo biológico está determinado por características genéticas y anatómicas, el género es una identidad adquirida y aprendida que varía ampliamente intra e interculturalmente. El género es relacional ya que no se refiere exclusivamente a las mujeres o a los hombres, si no a las relaciones entre ambos”2.

“En las ciencias sociales, los estudios de género son el área de conocimiento sobre la desigualdad entre hombres y mujeres, que tiene su punto de partida en los roles sexuales que se asignan de forma diferenciada a hombres y mujeres a través de la socialización de género. En numerosas ciencias como la sociología, la psicología o la antropología, el género es una construcción simbólica que alude al conjunto de atributos socioculturales asignados a las personas a partir del sexo biológico que convierten la diferencia sexual en una desigualdad social entre hombres y mujeres”3.

“El género se conceptualizó como el conjunto de ideas, representaciones, prácticas y prescripciones sociales que una cultura desarrolla desde la diferencia anatómica entre mujeres y hombres, para simbolizar y construir socialmente lo que es “propio” de los hombres (lo masculino) y “propio” de las mujeres (lo femenino)”4.

“Cuando decimos que las diferencias de género son culturales, nos referimos a que, como el sujeto no existe sino en sociedad, las particularidades biológicas de cada sexo han adquirido una nueva naturaleza, pues independientemente de su operación en el nivel fisiológico, aquéllas tienen lugar en cuerpos socializados en los que opera simultáneamente una incorporación de lo social, los sujetos y las sociedades, que construyen permanentemente significados acerca de sus condiciones vitales, dependiendo de los valores culturales específicos en que se desenvuelven”5.

“Si tomáramos la distinción establecida por Freud entre “diversidad” y “diferencia”, la primera como conjunto de atributos mediante las cuales el niño pequeño define “masculino-femenino” al margen o previamente al reconocimiento de la distinción sexual en sentido estricto (las niñas usan arito, los varones no; las niñas llevan el pelo largo, los varones corto… etc. ), y la diferencia en términos de presencia o ausencia del atributo fálico –que tal vez hoy podríamos repensar, dado el conocimiento precoz y las variación valorativa de la cultura post-patriarcal como atributo genital, que remite a la real diferencia y no se sostiene sólo en la portación de pene- es evidente que lo que Freud considera como siendo del orden de la diversidad, debe ser considerado hoy como del orden del género. El matiz diferencial está dado, en el nivel conceptual, porque esta diversidad, aún cuando tome variaciones singulares, está marcada fuertemente por la cultura, y en particular por aquello que Castoriadis ha concebido como siendo del orden del “instituyente-instituido”6.

“…comprender que la gramática es un instrumento y no una ley. Supongamos que tengo ante mí una muchacha de modales masculinos. Un ente humano vulgar dirá de ella: “Esa muchacha parece un varón”. Otro ente humano vulgar, ya más cercano a la conciencia de que hablar equivale a decir, dirá de ella: “Esa muchacha es un varón”. Otro aún, igualmente consciente de los deberes de la expresión, pero más animado por el afecto a la concisión, que es la lujuria del pensamiento, dirá de ella: “Ese varón”. Yo diré: “Esa varón”, violando la más elemental de las reglas de la gramática, que exige que haya concordancia de género y número, entre la voz sustantiva y la adjetiva. Y habré dicho bien; habré hablado en absoluto, fotográficamente, más allá de lo vulgar, de la norma y de la cotidianidad. No habré hablado: habré dicho. (…) Que obedezca a la gramática quien no sepa pensar lo que siente”7.

Cómo combatir el sexismo y la violencia de género

Para luchar en contra de la naturalización del sexismo y la violencia de género es preciso la introducción de ciertas acciones en forma conjunta.

Cuando nos refiramos a los conceptos de identidad y ciudadanía sabremos que tendremos que apuntar a la intervención y sensibilización social, y uno de los modos de llevarlas a cabo será con el acompañamiento de programas educativos con contenidos y enfoques multidisciplinarios (de ciencias sociales, psicología, historia, biología, antropología, etc., y también de paradigmas religiosos) que promuevan la igualdad entre varones y mujeres, programas dirigidos a desterrar la discriminación por género, haciendo entender que tanto la masculinidad como la feminidad son construcciones subjetivas y sociales y desde allí se podrán analizar las especificidades de las relaciones entre los géneros.

De tal manera convertiremos al género en una de las llaves principales para entrar en la comprensión e interpretación del mundo del cual formamos parte y arribaremos a la estructura y organización cultural tanto a nivel global como regional, en nuestro caso específico, la nación Argentina.

Simultáneamente, habrá que fomentar la apertura de espacios de crítica y discusiones de los discursos sobre desarrollos que inciden en los proyectos y planes de los organismos privados y públicos. El intercambio y la reflexión se izarán como herramientas de nuestra cotidianidad en el proceso de la reconstrucción de la sociedad que queremos mejorar.

Por lo precedentemente puntuado, será capital cuestionar la presencia exclusiva de divisiones binarias, para iluminar cómo estas siguen dando letra al poder discursivo.

Con respecto a los medios masivos de comunicación, es fundamental analizar la fabricación de preconceptos y estereotipos sexistas que se reproducen en los discursos simbólicos, caso contrario no se cuestionará la asimetría dada por los sentimientos negativos creados hacia las mujeres.

Referencias:
1 Fernández, A. M.: “Violencia y conyugalidad: una relación necesaria” en Giberti, E.; Fernández, A. M.: La mujer y la violencia invisible, Ed. Sudamericana – Fundación Banco Patricios, Buenos Aires, 1992, pp. 150-151.
2 www.ciudadpolitica.com : http://www.ciudadpolitica.org/modules/wordbook/entry.php?entryID=5707&PHPSESSID=a512ba20a0c4132f37f8fa9352054dc4
3 http://es.wikipedia.org/wiki/Genero
4 Lamas, M.: “Diferencias de sexo, género y diferencia sexual” en Cuicuilco Nueva Época, vol. 7, Nº 18, Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), México, 2000, p.2.
5 Granados Cosme, J. A.: “Orden sexual y alteridad. La homofobia masculina en el espejo” en Nueva Antropología, vol. XVlll, Nº 61, México, setiembre 2000, p. 80.
6 Bleichmar, S.: “La atribución de identidad sexual y sus complejidades” en Revista Actualidad Psicológica, Año XXIX, Nº 320, Buenos Aires, junio 2004, p. 2.
7 Pessoa, F:: “El libro del desasosiego”, Emecé editores, Argentina, 2000, p. 116.