Resiliendo post salida del placard

Publicado el por  en su blog Boquitas pintadas, de lanacion online.


Hoy celebramos: hace dos años que nació Boquitas pintadas. La ley de matrimonio igualitario fue el punto de partida para empezar a hablar, a narrar historias, a pensar en temas en los que muchos (me incluyo) nunca nos habíamos detenido. Miro hacia atrás y me encuentro con que conocimos juntos más de doscientas historias …de quienes se animaron a decir qué desean, de los que están en camino, de los padres que transitan nuevos momentos con sus hijos, del arte que muestra cada vez más historias diversas, de las nuevas familias y sus nuevos y merecidos y postergados derechos, de….
 
En estos dos años también vivimos juntos momentos de intolerancia, de falta de respeto, de incomprensión manifiesta en numerosos comentarios vertidos en este blog y en otros sitios que se ocupan de visibilizar historias que incluyen la diversidad sexual.
 
Por estos dos años, por las conquistas y el reconocimiento: ¡Felicidades!
 
Para celebrar este segundo aniversario, qué mejor que compartir un texto que habla de que se puede, de que vale la pena intentar ser feliz. Sobre esto reflexiona el Licenciado en Psicología (UBA), Psicoanalista y Supervisor de terapeutas, sostén de este blog, Alejandro Viedma.
 
Resiliendo post salida del placard
 
 
Según un avance de la vigésima tercera edición del Diccionario de la Real Academia Española, la resiliencia es, para la Psicología, la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.
 
Escribió Nietzsche: Lo que no me mata, me fortalece”. Y hoy me encuentro reflexionando sobre el coraje que implica superar los temores y demonios morales e ir en busca de la felicidad siendo sincero con uno mismo y con los demás, a pesar de las presiones ajenas y propias.
 
Cuando uno se radica en las sombras, en la oscuridad, es muy difícil sentirse fuerte, es casi imposible ver un halo de luz al final del sendero pero, cuanto más se avanza erguido dentro de ese túnel, más se engrandece la luminosa salida. Sería como hallar la desembocadura del laberinto, o aproximarse a quedar en libertad de aquella cárcel donde se estuvo.
 
Los primeros pasos fuera de la celda heteronormativa constituyen una transición, una libertad condicional.
 
Ahora bien, ¿cómo se hace para salir?, ¿qué ayudará a no claudicar en el recorrido de ese ser que está pidiendo seguir viviendo a pesar de su morada clandestina?
 
Existen herramientas múltiples -sólo es preciso visualizarlas, escogerlas y utilizarlas- tales como: recurrir al sentido del humor, enamorarse de un semejante, valerse de la sublimación vía arte o algún deporte, o retomar proyectos personales que habían sido dejados de lado.
 
Tomo al proceso del coming out (salir del armario: asumir y expresar la propia orientación sexual o identidad de género) como una carrera de obstáculos, con postas, o más bien de embolsados, en donde uno está limitado en el avance, en un camino muchas veces largo, arduo y lento, con tropiezos y ¿retrocesos?
 
Cuesta volver a levantarse sin ayuda…Positivo es solicitar asistencia para estar acompañado, contenido, “empatizado”, y tener paciencia.
 
Por momentos podrás volverte un tanto irascible y tener pesadillas. Pero al segundo de atravesar el cartel de llegada (que se dio porque antes se pasó el de “largada” y se dirigió hacia algo nuevo), de final, no habrá marcha atrás, ya no será como volver a fojas cero. Tu caligrafía próximamente será legible, clara y tu insomnio se irá cortando para comenzar un soñar despierto.
 
La fortaleza se logró porque la persona no se rindió, no se dejó vencer por los que se pararon/paran en la vereda de la adversidad. El sujeto que atravesó exitosamente el proceso de la salida del placard ya no se arrodillará ante nadie ni para pedir perdón –porque la culpa ya aflojó- ni para pedir permiso –porque fue uno quien ya se autorizó de sí mismo para vivir su sexualidad acorde con su deseo, para no parecer y efectivamente ser.
 
Gracias a ello también con el tiempo se notará una merma, una disminución de síntomas presentes por la tensión permanente, y de la ansiedad por no estar tan pendiente de la mirada del otro, como sucedía residiendo en el clóset. Es decir, uno ya no es tan permeable a la opinión externa porque se va exponiendo de forma distinta. Cuando el mueble no es más un necesario escudo, se puede responder menos dubitativamente, estar más plantado, mejor posicionado para no continuar a la defensiva con lo que el otro pueda pensar o vociferar acerca de la “gaycidad”. Así y en lo sucesivo uno ya no se sentirá tan impotente, desconsolado, doblado de dolor vertebral por cargar tanto peso, o con pánico; se podrá respirar hondamente sin fobias o afecciones psicosomáticas, o sea que lo saludable y aliviador empezará a tener característica de durabilidad.
 
En esta dirección, puedo incorporar algunas palabras de un ex paciente al que llamaré Julio, y quien en una de sus sesiones ha referido: “El día que salí del armario creo que fui yo mismo por primera vez, y me sentí seguro, libre y tranquilo…”.
 
Habrá algo no perfecto aunque sí compacto: ni de acero (porque hasta este material se oxida) ni endeble (que desinfla a la vulnerabilidad más sensible), algo que anteriormente podía resquebrajar el alma, el corazón y el cuerpo entero.
 
De utilidad, será entonces, un nuevo escudo llamado resiliencia, una especie de resistencia forjada por la fortaleza adquirida al salir de aquél sórdido espacio, protección con la cual ahora es posible atravesar esas situaciones a las cuales se temía, y poder estar más allá de cualquier excusa que la verdad interior de ser uno mismo.
 
Sostengo que uno sólo puede amar y ser amado realmente desde el sentirse y mostrarse tal cual es, y no desde un personaje o de algo montado dependiendo de la ocasión. Por consiguiente, los personajes en su lugar: para las novelas, las ficciones, las tablas, los filmes pues preferible es no ser galardonado como “mejor actor/actriz”. Aquí no es en vano diferenciar lo que sería una interpretación para un determinado rol, de ser el protagonista principal de tu existencia.
 
Nunca es sin un Otro que se entra en un clóset y nunca es sin un Otro que se sale del mismo, armando lazos para ello ya que somos seres vinculares, y es ése el punto temporal exacto en que uno puede elegir quiénes son esos Otros, en adelante menos amenazantes y menos devoradores.
 
En cualquier salida del placard –y trátese del tema que se toque- hay dudas, pavor por lastimar a los que más uno quiere y asusta que a uno lo dejen aquellos que necesita, pero la misma energía que asiste para iniciar y sostener el proceso va creciendo cada vez que detrás de cada puerta que abres aparece una mano amiga, una oportunidad nueva, la compañía de alguien (llámese pariente, amigo, compañero de trabajo, vecino), la esperanza de un amor… Algunos podrán alejarse, pero muchos se acercan, te valoran, te admiran, colaboran en esa reconstrucción/resignificación que irás haciendo de vos mismo y por añadidura también de los demás.
 
Por ende, estimado/a mío/a, yo te digo que el reloj no se detiene, por lo cual pregúntote: ¿Cuánto tiempo más de tu vida vas a regalar? ¿Por qué y para qué seguirías donando poder y fortaleza al Otro para que maneje a su piaccere tu individualidad, tu subsistencia irrepetible y única? ¿Seguirás permitiendo que el Otro se arrogue el derecho de coartar tu libertad para que (no) vivas plenamente?
 
Y te sugiero festejes, celebres, te armes una ceremonia, un ritual para conmemorar el día en el cual te recibiste de sujeto. Porque la verdadera trans-gresión tiene que ver con vivir bien, sin tanta autoexigencia devenida en autoflagelo, siendo hoy lo más feliz y digno posible, desde la verdad, el respeto y la estima por sí mismo y por los demás.
 
Salir del armario es un proceso, decía… En el mismo viajan las lágrimas que se van secando, cristalizando al bajar por las mejillas del rostro que va recomponiéndose, para posarse sobre los dientes en pos de iluminar una bonita sonrisa.
 
En síntesis, cuando alguien salió del claustro hablando, asumiendo en voz alta lo que es y cómo es, ya puso a prueba y en acción su capacidad de resistencia elástica, su resiliencia, pues no sólo ha soportado varios choques sino que salió recuperado de esos golpes extremos tomando mejor forma, cual ave fénix. A partir de allí y sin un Yo ensombrecido se podrán enfrentar otras experiencias adversas y sobreponerse a ellas para pisar más sólida y firmemente sobre un suelo óptimo, ya desde lugares reparadores y afianzados.
 
Porque como dicen por allí, las crisis podrían tomarse como oportunidades de cambio, también de aprendizajes, compromisos, crecimiento y, porque como ha escrito y canta Teresa Parodi: “Nos han robado hasta la primavera pero no pueden con nuestra canción, parece frágil pero no se entrega, sigue cantando como vos y yo. Ella resiste porque es la memoria, ella resiste como vos y yo”.

¡Salud! Y tiempo al tiempo.

¡Pero a no perderlo tanto!

Norma y Cachita en su casamiento, símbolo de resistencia/resiliencia.

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Gracias y felicidades!!

Le deseo felices fiestas a cada persona que entra en este blog, que ya ha superado las 40.000 visitas! Agradezco y valoro mucho este intercambio reflexivo, respetuoso y afectivo que despliega un puente entre nosotros desde hace un lustro, para tratar de sortear la desigualdad, el dolor, la injusticia, la ausencia, el aislamiento y la soledad siendo bien humanos y no creyendo en soluciones mágicas sino laburando, construyendo, conectándonos y solidarizándonos con nuestros semejantes. 
Estoy cerrando otro año maravilloso y quería compartir con ustedes este texto que me llegó de un expaciente ("P", quien me dio su permiso/consentimiento para publicarla) y me conmovió mucho. Es una de las tantas muestras de apoyo y agradecimiento que recibo, y el que da las gracias soy yo. 
Que tengan un gran 2013 con salud, trabajo y amor. 
FB: Alejandro Viedma Psi  https://www.facebook.com/pages/Alejandro-Viedma-Psi/197298870290333?ref=hl


SABOR A VIDA, por P.
Uno se sorprende con lo que descubre de las cosas de la vida cotidiana y de cómo se pueden encontrar similitudes entre las actividades diarias y las cosas realmente fundamentales. De cómo todo, a fin de cuentas, termina siendo igual de importante en la vida, porque en las cosas pequeñas y rutinarias es donde muchas veces está la verdadera esencia del alma y el secreto de la felicidad.
Día de descanso en casa... Aquí me encuentro a mí mismo pensando en mi ex-analista, el Lic. Alejandro Viedma y, paralelamente, haciendo pizzas caseras para la semana.

En una conexión con él, estamos “hablando” de todo un poco y yo estoy recibiendo, como siempre, tanto conocimiento como reflexiones hermosas de esta gran persona… Y entonces comencé a recordar todo lo bien que me hicieron los casi tres años de terapia con él.
Al principio yo no creía ni quería saber nada con hablarle de mis cosas a un desconocido, ni a nadie. Vivía encerrado en mi mundo, en mi propio placard. Vivía una vida de mentiras, una falsa felicidad, en la cual mis momentos de placer y alegría eran los que me imponía el afuera, o yo mismo y, de alguna manera, intentaba autoconvencerme de que eran auténticos.
Fue cuando me enamoré por primera vez... de un chico. O de la idea de estar con ese (o con cualquier) chico libremente, viviendo la vida que sólo en sueños me permitía vivir y hasta cierto punto, porque inclusive mis sueños se convertían en pesadillas en el momento en el que bloqueaba todo intento de desear una vida –para mis seres cercanos- diferente, prohibida y hasta errónea.
Y fue también entonces cuando me crucé con un artículo de Viedma en Internet… ¿Casualidad? Creo que todo ocurre por algo y creo fielmente en un Ángel de la Guarda (me gusta pensar que es mi madre que se fue hace mucho), en un Destino, o en como uno lo quiera llamar. La cosa es que este mensaje me llegó en el momento justo de “apertura”, ya que comenzaba de a poco a permitirme ser.
Solamente había hablado de mi sexualidad con mi hermana, pero me sentía muy solo, dubitativo y con miedo, y tomé una de mis primeras decisiones como persona librepensadora e independiente: comenzar una terapia.
Ya desde el principio noté cómo las frases que INCONSCIENTEMENTE afloraban de mí, expresaban deseo, falencias, necesidades de gritar y cambiar esta realidad que estaba viviendo, temores, fantasías, etc., cosas que mi terapeuta me marcaba acertadamente en mis fallidos y sueños y me hacía repensar y trabajar más profundamente sobre ellos.
Hace un rato con un amigo rememoraba una de las primeras sesiones en la cual Alejandro me pidió que describiera mi día ideal: no hice más que quedarme en silencio durante largos minutos y, luego de eso, el bloqueo mental, las ganas de llorar, hasta sentí vergüenza de no saber quién era yo, qué quería, de qué disfrutaba… porque las cosas que me hacían bien NO eran las correctas, NO debía hacerlas ni sentirlas… Estaba encerrado en una celda en la que NO me permitían ni me permitía ser, hacer ni sentir. Y allí empezó a aflorar el “Basta de NO!!”. Stop con los noes…
Ha sido un trabajo conjunto entre mi psicólogo (quien ante mí se presentaba enigmático pues yo no sabía absolutamente nada de su vida, pero al mismo tiempo cálido, contenedor) y yo… Y más adelante me permití incorporar en este proceso a mis amigos, a mi nueva pareja, a mi familia… Un recorrido en el cual fue trascendental hablar, decir, hacer, probar, sentir, equivocarme, consciente y hasta inconscientemente, dejando salir todo lo que había adentro. Es que esa es la única manera de conocerse y de que las cuestiones anquilosadas y sufrientes puedan modificarse.
Y son en las cosas y acciones de la vida cotidiana, por mínimas que sean, en las que uno se va descubriendo. Hay que empezar por ahí, de a poco, tomándose el tiempo para cada cosa, porque todo requiere un viaje en el cual, por ejemplo, descubrí que disfruto mucho de la cocina y que, como en la vida, para preparar unas ricas pizzas hay que tener los ingredientes necesarios (y si no se los tiene, hay que ingeniárselas para hacer lo mejor que se pueda con lo que hay); hay que tomarse un tiempo determinado para que leve la masa, para que crezca (en todos los sentidos que a uno se le pasen por la cabeza); amasarla con fuerza, convicción, constancia; cuidarla para que no se queme, para que no se pase ni se eche a perder y, por sobre todo, hay que hacer las pizzas con mucho amor. Además, en lo posible, hay que compartirlas con gente querida, gente que nos haga sentir bien y, si esto no se puede, disfrutarlas solo, con la compañía de uno mismo… porque lo más importante es, básicamente, poder disfrutarlo y disfrutarse para luego darse entero pero sin perder la esencia de lo que uno es. Como me dijo una vez Alejandro: “sin que te desdibujes como sujeto”.
Hoy puedo decir que, gracias a todas estas cosas que me fui permitiendo en estos últimos años, gracias a mi gente y sobre todo gracias a haberme animado a emprender un tratamiento analítico, pude abrir mi cabeza, conocer mi interior, navegar en mi inconsciente, animarme a amar como y a quien yo quiera (a mi pareja varón con el que llevamos ya casi dos años de casados); a trabajar en lo que me encanta y disfruto; a gozar de la música y el canto, la cocina, la naturaleza… Pero fundamentalmente, me habilité para vivir.
Cuántas veces escribí la palabra VIVIR!! Es que de eso se trata: de vivir, animándose, equivocándose, conociéndose, aprendiendo, hablando, disfrutando… amando, amando… amando… viviendo y dejando vivir… FELIZ!
¿Quién quiere una porción de muzza?

El peso de las palabras violentas


Por lic. Alejandro Viedma

Para AGMagazine.info

¿Te has puesto a pensar que una palabra conlleva energía positiva o negativa según su carga valorativa?

Si bien los conceptos socialmente aceptados son definidos desde la literalidad del diccionario, en primera instancia son útiles porque el universo simbólico con sus notas tiene entre sus funciones la de ordenar: por un lado estructura, organiza la realidad para que no haya caos y, por otro, imparte e impone orden (a través de preceptos, leyes, advertencias) y desde allí indica cómo se deben hacer las cosas y cuáles no se pueden practicar, creando así un discurso implícito o explícito de permisos y prohibiciones.

Las palabras y sus sentidos dependerán de su carga valorativa, por su condición de no inocencia, de cómo, dónde y cuándo se las expresen y, a partir de ahí, sabremos de qué forma las incorporamos y repetimos, ya que nos han educado de una manera normativa y eso condiciona y nos condiciona.

De esta manera, cada uno de nosotros será responsable en tratar de iluminar el lenguaje, de que las palabras tengan una fuerza positiva, no violenta, de cambiar lo ensombrecido de un significado vacío, peyorativo o sórdido preestablecido.

Un ejemplo de la positivización de lo anteriormente negativo lo constituye nominar a una “persona que convive con el VIH” o decir que tal sujeto es “VIH positivo”, en lugar de mencionarlo como “portador” o “infectado” –y ni hablar de “sidoso”-. Porque negativizar a alguien significa cargarlo con más peso (allí el menos es más, el signo -, negativo tiene como resultado que se lleve +, mayor carga) en su mochila, en su espalda, en su cuerpo y en su interior.

Específicamente y para abordar la diversidad sexual, a mí me interesa preguntar a mis pacientes en tratamiento analítico y a los asistentes a los grupos de reflexión para varones gays que coordino en Puerta Abierta: “¿Qué circulaba en tu casa/familia acerca de la homosexualidad?”; “¿cuáles eran los términos que se utilizaban para referirse a los gays?”. Lamentablemente la inmensa mayoría de los entrevistados expresa que siempre ha escuchado cuestiones negativas, patologizantes, malas, insultantes respecto a la homosexualidad, sólo excepcionalmente han escuchado algo positivo de ésta. O sea que hay modos de “malaeducación”, sobre todo en las escuelas y en los hogares, que internalizamos pues se enseña (¿o se enzaña?) desde una moral que crea prejuicios y viceversa.

Con las personas LGBTIQ aun continúa sucediendo lo que yo llamo “el discurso cultural del NO” o “la cadena de lo negativo” ya que, en mi experiencia clínica he estado registrando varias frases a modo de devoluciones de los demás como correlato de las entradas y las salidas de los placares, es decir, algunas respuestas recibidas cuando por ejemplo alguien se asume gay o lesbiana con un cercano o no tanto; mandatos que, justamente, comienzan con la negatividad, lo que refuerza el imperativo: “No podés hacerlo”; “No se debe”; “No lo digas”; “No lo muestres”; “No lo pienses”; “No mantengas esa fantasía”; “No elijas eso”; “No es correcto que toques a otro varón”; “No lo beses”; “No te le acerques”; “No está bien que te vean con él”; “Que NO te escuchen”; “No lo acaricies delante de mí”; “Qué va a decir la gente, que NO sepan que es tu novia, decí que es tu amiga o tu prima” (dirigido a una hija). Dichas expresiones nunca pasan desapercibidas, jamás se las lleva el viento y, si no entran por un oído y salen por el otro, traen consecuencias obviamente negativas en la salud y en la sexualidad de los sujetos receptores de esos discursos amenazantes y condenatorios, seres que se van sintiendo y construyendo como diferentes porque los demás los ven y consideran así.

Y todo esto tiene que ver, insisto, con la educación y, además, con la transmisión de lo judeo-cristiano. En palabras de José Milmaniene (fuente: Imago Agenda nº 92, agosto de 2005, pág. 42): “Antes de leer, carecemos de las palabras, y luego de leer poseemos los significantes que desocultan y revelan el Ser. Los textos fundacionales de la cultura son más que elocuentes al respecto: inscriben en el psiquismo las secuencias significantes que portan las enseñanzas y los mandatos, en un nexo de interacción, tal como lo indica el nombre mismo de la Biblia hebrea (Torá), que significa a la vez mandato y enseñanza. Nos constituimos como sujetos de la Ley a través de las enseñanzas, que siempre imponen normas que nos alejan del goce, tal como lo patentizan los Diez Mandamientos. Al imponernos el límite subjetivante, se nos transmite un modelo de ser, basado en la identificación con el valor de la palabra”.

Lo interesante y el desafío que se nos presenta en tanto humanos es que como tenemos la capacidad para crear realidades, podemos modificar lo literal del diccionario, los manuales escolares añejos o cuestionar los dogmas. Algo de eso está sucediendo en nuestro país hace varios años con algunos medios de comunicación importantes como ciertos diarios (por ej., Página 12) o el blog Boquitas Pintadas (creado por la periodista Verónica Dema) de lanacion.com, los cuales hace un tiempo relativamente corto empezaron a escribir “las” travestis, dejando de hacerlo en masculino.

Por supuesto, otra tarea ardua es la que tendrán los docentes, fundamentalmente si se cumple la Ley de Educación Sexual Integral, y es por ello que celebro la consigna de este año de la XXl Marcha del Orgullo: “Educación en la Diversidad para crecer en Igualdad.

Además y concluyendo, los terapeutas tenemos la responsabilidad de habilitar a los sujetos LGBTIQ –y también a los que no lo son, porque los heterosexuales también tienen conflictos con la sexualidad y el amor- para que puedan expresar con libertad, tranquilidad y firmeza sus sentimientos, su sexualidad, su vida, sus placeres, su erotismo, su deseo más allá de la orientación sexual y/o de la identidad de género que cada uno/a asuma, justamente desde lo positivo que implica ser diversos.

* Alejandro Viedma es licenciado en Psicología (UBA), psicoanalista y coordinador de grupos de reflexión para varones gay. Facebook: Alejandro Viedma Psi -

“Buenos Aires me ayudó a asumirme gay”

Publicado el por  para Boquitas pintadas



Esta es la historia de Tomás, un lector de Boquitas pintadas que tiene 21 años y cuenta su llegada a Buenos Aires desde una provincia muy conservadora y cómo esa mudanza en plena adolescencia le permitió salir del clóset. Su relato permite reflexionar sobre muchísimos temas: los costos de no poder asumir la orientación sexual, las ventajas de la gran ciudad, los propios prejuicios dilemáticos, la lucha de poderes entre “lo que está bien” y “lo que está mal”, la bisagra que significó la ley de matrimonio igualitario, la importancia de no estar solo al momento de auto-aceptarse gay, entre otros.
 
Comparto lo que narra Tomás, que en su relato menciona a este blog como un puente que le permitió conocer la ONG Puerta Abierta, a la que se integró como uno de los participantes del grupo de reflexión para varones gays. Allí encontró la contención que necesitaba para empezar a vivir plenamente su homosexualidad.
 
“La sexualidad es el lugar desde donde uno se para en la vida”
 
Por Tomás
 
Llegué a Buenos Aires en plena adolescencia, solo y con mi mochila cargada de miedos, confusiones y no saberes. Vine desde una ciudad del interior del país, donde en el círculo donde yo me movía, la homosexualidad era un completo tabú.
 
A esta ciudad gigante a la cual llegaba, no lograba entenderla. Su frenetismo me apabullaba: gente corriendo para todas partes, personas durmiendo en la vía pública, edificios de más de veinte pisos, ruidos de autos y bocinas por doquier, chicas caminando de la mano en Plaza Francia… Era como desde mi casa me la habían pintado: “En Buenos Aires están todos locos”.
 
Pero especialmente me intimidaba terriblemente la libertad con la que la gente manifestaba su sexualidad, sentía que eso me dificultaba cada vez más poder guardar mi gran secreto: me gustaban los hombres.
 

Al año siguiente de llegar a Buenos Aires, viví nada más ni nada menos que el debate por el matrimonio igualitario. Escuchando este debate pude identificar claramente en las personas que se oponían a la ley, a la sociedad conservadora y homofóbica de la cual provengo, y del otro lado, una voz que me decía que el ser homosexual no era algo por lo que tuviera que avergonzarme o pedir perdón. Estaba muy confundido. Los argumentos de ambas partes los sentía válidos.
 
No podía más. Vivía estresado, y lo empezaba a notar en mi cuerpo, sí, somatizaba bastante: se me caía el pelo, me bajaban las defensas, me enfermaba continuamente (los dolores de garganta y mareos eran cada vez más constantes), adelgazaba…
 
Tenía que tomar una determinación, tenía que hacer algo por mí. Ese algo fue tomando forma, y de a poco pero con cada vez más fuerza me fui convenciendo de que lo que tenía que hacer era aceptar lo que sentía, tenía que aceptarme.
 
En esa búsqueda de contención, cada tanto leía el blog Boquitas Pintadas del diario La Nación, donde me enteré de una organización llamada “Puerta Abierta”, y de un grupo de reflexión para varones gay. La idea la descarté desde el primer momento. “Un grupo de reflexión para varones gay”. En mi imaginario repleto de miedos, prejuicios y desconfianzas, lo que esperaba de un grupo donde había mucha “gente gay” era que hicieran cosas “desviadas”, pensaba que iba a encontrarme con un grupo de “encuentros sexuales”, un sauna o algo similar. Cabe recordar que para mí, en esta ciudad, “todos estaban locos”.
 
Un día, harto de escucharme a mí mismo y mis auto-discursos, saqué fuerzas de alguna parte y me animé a llamar al Lic. Alejandro Viedma, el coordinador del grupo de reflexión, para pedirle una entrevista. Fui a su consultorio, muerto de miedo, y finalmente descubrí que no era un grupo de encuentros sexuales y decidí quedarme.
 
El duelo de no ser lo que querían los demás
 
Hoy puedo decir que tuve y tengo mucha suerte. Yo no realicé mi camino de salida del clóset solo, por más soledad que este camino implique, sino que lo hice sostenido por grandes personas que me ayudaron a transitarlo, tal vez sin que siquiera ellas supieran lo que significaban para mí, pero que sin las cuales dudo lo hubiera podido lograr.
 
Desde el primer día que llegué a este espacio grupal comencé un duelo: el de no ser lo que siempre quise ser (o lo que los demás querían que fuera), y comenzar a ser lo que realmente soy. La diferencia estuvo cuando empecé a notar que me sentía bien siendo lo que soy, y ahí fue cuando tomé consciencia: estaba empezando a salir del placard.
 
Hoy tengo 21 años y siento que mi proceso continúa. Estoy orgulloso de los logros que pude alcanzar, como blanquear mi sexualidad con personas muy importantes en mi vida, como lo son familiares muy cercanos y amigos.
 
Pienso que salir del ropero, es muy importante. Sólo podemos hacernos cargo de lo que es nuestro, no de lo que le suceda a los demás con lo que somos. La sexualidad es el lugar desde donde uno se para en la vida, desde donde miramos el mundo, no es solamente el acto sexual, sino mucho más que eso. Uno elige un/a compañero/a para compartir su vida -cualquiera que haya vivido el estar enamorado, daría testimonio de que es uno de los estados más maravillosos que existen- por lo cual, no es intrascendente contar que uno es gay, que está de novio con otro varón.
 
En lo personal, a mí me sirvió mucho escuchar personas como las que conocí en el grupo de Puerta Abierta, para mí, fue sinónimo de crecer. A todas y cada una de estas personas, las admiro profundamente, ya que intentan a través del diálogo y la reflexión, crecer como personas; y cada uno desde el lugar que ocupa, trata de mostrarle a quienes tiene a su alrededor y no comprenden o temen lo que es diferente a ellos, que lo diverso no es tóxico; camino que yo creo, es el único para alcanzar una mejor y más justa sociedad. Por esto mismo, pienso que lo importante, es no encerrarse.
 
Lo único que tengo hoy son palabras de agradecimiento para el moderador, Alejandro, y todas esas personas del grupo de los miércoles, que me enseñaron que “uno sólo puede amar y ser amado realmente desde el sentirse y mostrarse tal cual es, y no desde un personaje o de algo montado dependiendo de la ocasión. Por consiguiente, los personajes en su lugar: para las novelas, las ficciones, las tablas, pues preferible es no ser galardonado como `mejor actor´”, como alguna vez escribió Viedma.
 
“No soy diverso por ser gay, sino por ser humano”
 
Para finalizar, quisiera compartir lo que considero uno de los aprendizajes más importantes que he tenido en este corto trayecto de veintiún años que lleva mi vida y es, justamente, el aceptar la diversidad. Entender que todos somos diferentes. Parece simple, pero para mí no lo es. En este tiempo, logré comprender que no soy diverso por ser gay, soy diverso por ser un ser humano, ya que todos somos diferentes los unos de los otros, por lo que somos y por lo que “elegimos”. Somos diferentes por gustarnos más el fútbol que el básquet, por ser hinchas de Boca o de River, por gustarnos el rock o el blues, por ser negros o blancos, por ser hetero u homosexuales, por ser católicos o judíos, etcétera, etcétera.
 
El hecho de que se consideren minorías diversas a las de una determinada raza, religión, orientación sexual o identidad de género, a las cuales hay que “tolerar”, es un grave error, porque a fin de cuentas, la diversidad es mucho más que una minoría: es la esencia del ser humano. He logrado ver que discriminar jamás puede conducir a algo positivo, y si yo alguna vez discrimino, es porque no aprendí nada de todo lo que me tocó vivir. Ningún ser humano debería discriminar a otro por ser “diferente”, pero los que alguna vez nos sentimos discriminados, debemos prestar especial atención en no hacerlo, pues nosotros sabemos más que nadie lo que se siente estando del otro lado. Me atrevo a aventurar que para las próximas generaciones, comprender esto no será tan difícil, porque ya hay y habrá más información, lo que hará que, al deconstruirse los preconceptos, la gente pierda el miedo.
 
Tomás

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¿Hay un gay reprimido detrás de un homofóbico?

Publicado el por Verónica Dema para Boquitas pintadas

¿Quién se esconde detrás de un homofóbico? ¿Hay un gay encubierto, como suele escucharse? Especialistas vinculados a la psicología y a la psiquiatría reflexionan sobre el tema para ofrecer una mirada esclarecedora. Coinciden en relativizar esta postura y aportan sus fundamentos teóricos. En un segundo post sobre este tema, estos mismos especialistas darán su punto de vista sobre cómo reducir la homofobia.



Uno de los conceptos clave para contextualizar la cuestión es heteronormatividad. Tal como define el Lic. Alejandro Viedma, un colaborador esencial en Boquitas pintadas, es una “expresión usada para identificar una supuesta norma social relacionada al comportamiento/patrón heterosexual; se condice con la idea de que el modelo heterosexual es el único válido socialmente, por lo tanto, normal y obligatorio, lo que justifica los argumentos discriminatorios y prejuiciosos contra lo LGBT, particularmente los relacionados a la construcción de las familias no tradicionales y la expresión pública de la diversidad sexual”.
 
La psiquiatra jefa del departamento de Psicología y Filosofía del Colegio Nacional de Buenos Aires, Silvia Di Segni, explica. “Creo que la respuesta que daría, clásicamente, el psicoanálisis, sería que detrás de una persona homofóbica hay un/a homosexual no asumido/a, pero considero que esto sólo cubre un aspecto posible de la cuestión. Me parece que también es necesario analizar cómo se construye una subjetividad homofóbica en nuestros días”.
 
Y se explaya: “Esta aparece a menudo (aunque no exclusivamente) en sectores conservadores y fundamentalistas (religiosos, políticos, sociales) que se definen en base a binarismos rígidos del tipo: “nosotrxs/otrxs” que atraviesan diferentes aspectos de la vida, entre los que están las sexualidades. Y, en el caso de las sexualidades, esos sectores no aceptan la diversidad sino únicamente la heteronormatividad en la cual tradicionalmente el varón mantendrá un lugar de poder y privilegios siempre que se muestre perfectamente varonil no sólo a costo de reprimir deseos inconscientes sino también de implementar la hipocresía consciente que ocultará infidelidades y otras sexualidades (desde las posibles, como el deseo por personas del mismo sexo o trans hasta las delictivas como la pedofilia, la violación o el incesto). Aún las mujeres homofóbicas sostienen ese sistema más allá de que no las favorezca”.
 
Así es que, según el punto de vista de Di Segni, “adjudicarle solamente el temor a asumirse como homosexual a una persona homofóbica en parte lx justifica ante el juicio de ser consideradx, simplemente un/una racista capaz de atacar, combatir o denigrar a quienes no sienten/piensan como él/ella. Toda persona que asume una conducta homofóbica se sitúa por encima de lxs demás a quienes se sienten con derecho a perseguir y eventualmente atacar o matar. Se trataría entonces de un fenómeno de narcisismo patológico para el cual lxs otrxs no son considerados personas con igualdad de derechos; su “nosotrxs” incluye a seres supuestamente superiores y lxs “otrxs” a aquellos supuestamente inferiores”.

“No todos los homofóbicos son homosexuales”
 
El psicoanalista Diego Samara, licenciado en Psicología de la UBA, señala que siempre existe algo en común y algo que se diferencia entre los homofóbicos. Según considera, lo común, lo que no falta nunca en un homofóbico es lo heteronormativo como única forma de vida. La diferencia está en que no todos los homofóbicos son homosexuales no asumidos.
 
“Creo que hay que tener cuidado con esta creencia defensiva que generaliza. Esto, por lo que deja implícito: ‘Todos los homofóbicos son homosexuales, sean asumidos o no’, que también se podría leer como: ‘Los que discriminan son homosexuales’”. Y se justifica: “Sostengo que algunos homofóbicos sí, en su minoría, son homosexuales no asumidos. En este punto, me parece necesario indagar, investigar, ¿a qué se debe que no asume su homosexualidad?, ¿qué creencias, prejuicios, mitos se esconden detrás?, porque uno no oculta su orientación sexual porque sí, pues no existen heterosexuales no asumidos”.
 
Por otra parte, aclara, en muchos casos, los homofóbicos son heterosexuales. “Esto se debe a la cultura heteronormativa, a lo que transmite la iglesia o a lo que se cultiva en una familia”.
 
“Gays encubiertos, los más crueles”
 
La directora de la ONG Puerta Abierta, Graciela Balestra, también coincide con sus colegas en que no necesariamente todo homofóbico es un gay no asumido, aunque aclara: “En ese caso, paradójicamente, la discriminación se suele expresar con más crueldad. Quizás porque los demás le muestran en espejo lo que no puede aceptar de sí mismo”.
 
La licenciada en Psicología explica que la homofobia parte de un prejuicio o de muchos. “Todas las personas incorporamos algunos prejuicios en nuestra infancia, de diversa índole. El prejuicio es una creencia fuertemente arraigada sin correlato con la realidad, ya que se crea a partir de una sola experiencia con una gran carga afectiva, que luego se generaliza. Por ende es irracional. Por ejemplo: todos los perros son peligrosos (a partir de que me mordió uno de chico)”.
 
Balestra agrega que los prejuicios también pueden ser aprendidos y transmitidos de generación en generación: éstos se adquieren entre los 8 y 11 años, que es la llamada etapa de adquirir valores. “Las familias están convencidas que eso que enseñan a sus hijos es un valor. Así se incorpora la homofobia. El problema es que algunos hijos se inmolarían por sus padres antes que decepcionarlos (al menos inconscientemente), o sea que aunque los cuestionen verbalmente, es posible que sigan llevando consigo la carga de la culpa”.
 
“Muchos no aceptan su homofobia”
 
El licenciado en Psicología (UBA) Alejandro Viedma, psicoanalista y coordinador de grupos de reflexión de varones gays, aclara que no se puede ni se debe hacer un diagnóstico a distancia, ni universalizar particularidades porque el psicoanálisis es la práctica terapéutica desde la escucha del caso por caso. “Si alguien fuera homofóbico, y si lo quisiera, tendría que acercarse al consultorio de un terapeuta para revisar sus conflictos psíquicos con ese y otros temas, en pos de poder resolverlos, descubriendo ‘qué se esconde detrás de’ o qué subyace en su práctica discriminatoria”.
 
Pero habla de un inconveniente y es que, por los preconceptos y estereotipos, “muchos no sólo no concientizan su homofobia sino que marginan, segregan a otros porque es lo que previamente naturalizaron y, por ende, ni se cuestionan u objetan su postura habitual. Así que no puede expresarse que quien es homofóbico es un homosexual no asumido”.
 
Según Viedma, además, también los gays pueden internalizar la homofobia social, religiosa, familiar, institucional, cultural porque “lo que no ha dejado de impregnar en nuestra Latinoamérica es una matriz machista/sexista/patriarcal; es decir, también podría destilar homofobia alguien que se encuentre y viva fuera del clóset y no obstante rechace a otros con sexualidades no normativas, sobre todo, a los varones más afeminados (en esta línea no es fuera de lo común escuchar frases tales como: ‘A mí no me gusta la gente del ambiente, busco cero plumas”), o a las personas trans (“No me representan las travestis que muestran por tv en la marcha del orgullo”) o, en el caso de las lesbianas, sucedería otro tanto contra las mujeres más masculinas, las “butch” o “bomberos”/”camioneras”.
 
Lo que sí enfatiza el profesional es que se puede percibir que “por debajo de la homofobia hay miedo, aversión u odio irracional que puede manifestarse en conductas agresivas o evitativas frente al pánico y eso deviene en rehusar al otro (otro a quien se lo posiciona como diferente o inferior) a través de violencia moral o explícita o, en el caso de la homofobia internalizada, muchas veces, el daño recae en el propio sujeto homosexual que aún no ha logrado su autoaceptación total, lo que puede incidir negativamente en su vida sexual o provocar el autoflagelo, por ejemplo, dañando su cuerpo, su salud física y/o psíquica por vías distintas”.

“Detrás del insulto hay ignorancia”
 
El licenciado en Psicología Fernando Cano también aclara que es importante referirse a la homofobia desde una perspectiva amplia -que incluya variables culturales y sociales. En ese sentido, explica: “Si tenemos en cuenta que los modelos de pensamiento actuales referidos a la sexualidad surgen de un paradigma heteronormativo, que rotula a lo diferente en el lugar de excepción o disfunción, podemos ver a los individuos discriminadores como emergentes agresivos de este paradigma”.
 
Y se explaya: “A mi entender, lo que se oculta detrás de un individuo homofóbico es la manifestación de un dispositivo cultural que ha pretendido construir verdades generales a través de premisas parciales y falsas. En el insulto discriminador se pone en acto una forma de ignorancia porque muestra la incapacidad de atribuir valor a la diferencia. Por otro lado, las diferencias atraviesan a todo sujeto humano porque somos seres únicos e irrepetibles, más allá de la identidad y del deseo sexual. Puede ser que algún sujeto, saturado de homofobia internalizada, rechace su propio deseo y proyecte su odio hacia quienes puedan vivirlo con naturalidad, pero me parece que no es generalizable”
 
Reacciones de odio y miedo

El profesor de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de San Luis, Víctor Martínez Nuñez, también se sitúa en la dinámica heteronormativa para reflexionar sobre la persona homofóbica. “Como sujetos atravesados por construcciones culturales y sociales, donde la realidad social es interpretada de acuerdo a modos articulados desde las instancias de socialización, el sujeto homofóbico presenta comportamientos de rechazo, odio y miedo irracionales que emergen de lógicas discursivas de la heterosexualidad obligatoria. Las instancias socializadoras son dispositivos implícitos y explícitos de transmisión de modos de entender, interpretar y construir la realidad social y cultural, traducidos en comportamientos, actitudes, hacia dicha realidad”, define.
 
Y, en respuesta a la pregunta central, agrega: “Creo que pensar que detrás de un sujeto homofóbico existe una orientación sexual no normativa no asumida y reprimida sería, desde mi punto de vista, dejar de lado las variables sociales y culturales mencionadas. Si bien pueden existir casos, merced a la pericia clínica, en los que determinados sujetos homofóbicos están además presentando una homosexualidad reprimida, no es condición básica para pensar a las reacciones emocionales de miedo y odio irracional hacia la homosexualidad”.
 
E invita a pensar e indagar sobre otro constructo teórico como el de la “homofobia internalizada” que, si bien está relacionada a la homofobia, poseen etiologías un tanto distintas. En definitiva, pensar a la homofobia y al sujeto homofóbico implica hacerlo desde una perspectiva psicosocial y cultural.

Cómo curar la homofobia
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