Cachorro en familias diversas

Por ALEJANDRO VIEDMA Sobre otro posible modo –y no modelo- de formar una familia, presentada en el film español Cachorro.

Sinopsis de la película(fuente: http://www.adictosalcine.com/ver_pelicula.phtml?cod=760)

Pedro, un atractivo dentista homosexual, desinhibido en sus relaciones y sin más responsabilidades que para con él mismo, se compromete a cuidar durante quince días a su sobrino Bernardo, un niño de 9 años con el que hasta ese momento no ha tenido mucha relación. El niño es hijo de Violeta, la hermana de Pedro, una hippie trasnochada que ha decidido hacer un viaje por la India con su nuevo novio. Pedro cambia su comportamiento temporalmente para que su sobrino no perciba su carácter y ritmo de vida, de la misma manera el niño tiene una actitud de lo más natural, como si estuviera en su propia casa, sin incordiar ni entrometerse en nada. Ahora Pedro tendrá que enfrentarse a un montón de cosas inesperadas para él (colegio, educación, etc.). Poco a poco la relación se hará más estrecha, a base de cariño, afecto y amistad, algo que Pedro nunca había tenido con nadie que no fuera con él mismo. Todo es perfecto hasta que Dª Teresa, la abuela paterna de Bernardo, aprovecha la ausencia de Violeta para ver al crío y hacerle algunos chantajes sentimentales. La educación de un crío a su parecer no puede estar en manos de un homosexual.

Personajes, escenas y cuestiones a destacar del film
En principio, los recortes que vienen a continuación me hacen, como psicoanalista, empezar a formar parte de algo más novedoso, más interactivo, una forma de diálogo entre la clínica (con estas temáticas complejas respecto a la diversidad sexual) y el cine.

En “Cachorro” (España, 2004), del director Miguel Abaladejo, nos encontramos con una madre que no apunta a los cuidados, se mete en situaciones sin su previo análisis, sólo guiadas por la compulsión, la repetición, la impulsividad, sin evaluar costos, donde podríamos pensar en una no operación de la represión, con límites inexistentes y viuda, al menos se menciona a un hombre ya fallecido (¿además padre ausente?, lo cual no es lo mismo), es decir, se muestra una desprotección del menor en el plano parental. En primera instancia, parecería que no hubo ley en esa familia, circulan personas con sus cualidades y fallas, estas últimas resaltadas porque la falta es ofrecida de manera muy directa, “a cielo abierto”. Se hablaba y hacía todo –con una modalidad de puros actings- delante del niño. Lo significativo es que esa madre deja a su hijo a cargo de su hermano y no de cualquier persona, tal vez inconscientemente eligió al que mejor podía cuidar a su hijo en unas vacaciones más largas de lo previsto, o sea, entre tantos descuidos, le dio lugar a ese tío.

Más adelante aparece la abuela paterna (encarnando la tradición, la ley) que viene a “salvar” al nene, intentando forjar como podía lo que ella consideraba saludable para el porvenir de su nieto. Esta mujer siempre estuvo al tanto de Bernardo, sobre todo de cómo le iba en la escuela, por intermedio de la maestra del niño.

El tío materno, en el momento del encuentro con ese niño indefenso –tiempo posterior a que este último se quedara sin su madre-, va a su rescate. Son muy claros los límites que pone ese tío (“este libro no es para ti”) y la contención que le brinda a su “único sobrino legal” (por ejemplo, al verlo mal, triste, le permite dormir con él una noche). Hay un esfuerzo en el primero para brindarle al sobrino un mundo lo más acorde a él, lo cuida y lo deja en compañía de alguien -“la canguro”- para que, por ejemplo, lo saque a pasear. Tío que intenta poner lo mejor, y hasta lo que desconocía, que tiene en esa ardua tarea de criar a alguien, ser uno de los principales referentes para la vida de esa personita, siendo justamente un anti-modelo, amoldándose a la edad del niño (nueve años). La paradoja es que el señor, aún “livin´ la vida loca”, se pregunta –interrogante dirigido a su amigo- por su rol en función al otro: “¿seré bueno para él?”, y ejerce de padre sustituto; el adulto llega a marcarle límites a su amigo: que no fume marihuana delante del menor. Luego de que este tío fuera internado por un deterioro en su salud, lo que lo hace mejorar es la ilusión de volver a convivir con su sobrino, de liberarlo del encierro, y a este último la misma ilusión de convivir con su tío lo hace transcurrir un pupilaje, un colegio interno gris. En una escena el niño le dice: "te quiero mucho, igual que los otros niños a sus padres". El nene se identifica al rasgo masculino de su tío (el adulto le dice “no llores, tenemos que ser fuertes”, cuando su hermana es detenida y el chico le pide a su tío que le haga un corte de pelo “como lo tienes tú”), el niño toma ese rasgo, esto contradiría el prejuicio sociocultural, porque a pesar de ser gay, es un varón no afeminado, tal vez porque el director de la película quiso mostrar otro arquetipo del gay distinto al de la “loca fashion”, el gordito, robusto, velludo, varonil, con pelo corto, sexualmente activo, que es el “oso”. La escena del corte de cabello, ¿es acaso una metáfora de escisión del pasado y una apuesta a un futuro mejor con ese tío? La función de sostén que fue cumpliendo ese tío se fue construyendo, no estuvo desde el principio, porque al comienzo tuvo que lidiar con problemas graves, y donde expresaba “no me acostumbro a relacionarme con niños”, función de padre sustituto que se construye más allá de lo biológico. Para ilustrar la función de sostén, me pareció muy clara la escena donde el tío le enseña a cepillarse correctamente los dientes al nene, justamente estando a su lado en el baño y mostrándole él mismo cómo debía hacerlo erguido frente al espejo. El deseo de hacerse cargo del menor surge a posteriori, pero rápidamente porque enseguida se implica, se moviliza, y si tiene que hacer un trámite lo deja en la casa de la madre de la canguro; le acondiciona una habitación especial al pibe, pidiéndole a este último que elija el color de las paredes, preguntándole y no decidiendo desde la heteronormatividad, que sólo permitiría que sea el celeste. También este tío se pone en marcha para averiguar el colegio donde asistirá su sobrino. Hasta sus amigos llegan a decirle: “esta noche sal a divertirte, relájate”. Ese tío ofrece parte de su narcisismo (de hecho ya ni puede tener relaciones sexuales sabiendo que su sobrino está durmiendo cerca de su habitación) en pos de un otro, condición excluyente para poder formar parte de o fundar cualquier grupo humano, como una familia. Pone gran parte de su libido en un lugar donde antes no existía. Pedro es un anti héroe que al final triunfa, es decir, sale adelante aún con sus miserias y los obstáculos que se le presentan, desde el amor, condimento curativo, de salvataje, elemento fundamental que debe emerger e intercambiarse en una familia.

El nene es retratado lindo y bueno por demás ¿Quién no quisiera adoptarlo? Finalmente es el héroe de la película. Sabe todo el tiempo cuando le ocultan (sobre todo su abuela) las cosas (verbaliza: “¿por qué no me han dicho la verdad? ¡Siempre están todos engañándome!”), y hasta tiene procesado el tema de las drogas (incluso con su corta edad sabe armar porros), el VIH, la diversidad sexual, por ejemplo, le pregunta a su compañerito si es homosexual o a su “tiíto” por su ex pareja o por su actual amante francés (“¿ese hombre que va a venir es tu novio?”) o “¿cómo te diste cuenta que eres homosexual?”; les retruca a todos, es mucho menos prejuicioso (o no tiene prejuicios) que los adultos, cocina, limpia, está sobreadaptado. Tal vez el lado positivo de tanta libertad ejercida y transmitida por su madre (y tener un tío gay fuera del clóset) haya tenido como efecto que ese “mocoso” no “mamase” la cara más prejuiciosa, tuviera mayor flexibilidad para todo lo que lo circunda y fuese más proclive a la aceptación de la diversidad en general, además, Violeta le pasó la posta de un mandato interesante: “tienes que pensar en positivo”. Es, en definitiva, un chico “puro amor”, sin trastornos notorios. En el colegio pupilo construye dos amistades muy estrechas, tal vez esos chicos tomaron el rol de hermanos. Este niño, principalmente, viene a acotar ese goce pulsional del tío y elige a este último como su cuidador, dejando afuera a su abuela paterna.

“cachorro” en Google
En tiempos de googlear, me dispuse para copiar y pegar lo primero que surgía de la búsqueda del término cachorro. He aquí los principales significados y datos hallados:

-¿Cómo adiestrar a tu cachorro? Consejos para una buena salud de tu cachorro. Cómo alimentarlo.

-¿Por qué comprar un cachorro a un criador responsable?

-Muchas veces se nos presenta la ocasión en la que tenemos que hacernos cargo de la alimentación de un cachorro, porque la madre no puede alimentarlo por diferentes motivos (fallecimiento, mal comportamiento materno, o por abandono).

-No se trata sólo de alimentación, higiene y un lugar para dormir, estamos hablando de educación, un cachorro necesita forjar su temperamento.

-Qué tener en cuenta antes de elegir un cachorro. La decisión de adoptar un cachorro surge muchas veces de un deseo poco analizado.

Tanto las características resaltadas de una cría como las de su posible cuidador son las descritas en la película Cachorro, características complejizadas en los personajes del niño y su tío. Dichos rasgos hacen al vínculo mismo, rasgos y acciones que viajan a modo de feedback, de constante retroalimentación entre el menor y su cuidador “momentáneo”. Aspectos que no son otra cosa que necesidades básicas estructuralmente humanas.

Entonces, en los primeros años de la vida de cualquier persona es imprescindible: la educación, la salud, el aseo, la vivienda, la alimentación y un adulto responsable, es decir, que responda a sus obligaciones asumidas, acompañando al armado de la personalidad y la subjetividad de ese menor, ya que la indefensión en lo humano existe en tanto y en cuanto hay un otro que viene a su encuentro, un otro comprometido e implicado en esa función de sostén.

Marco sociocultural y resignificación en el diccionario
El debate acerca de las familias no tradicionales merece tener lugar porque no cierra, no se trata de algo binomial o dicotómico, sino que es abarcador de muchísimas cuestiones que atraviesan este campo.

Para ello es fundamental que volvamos a apuntar a la noción de diversidad en general y en particular remarcar la diversidad en las subjetividades, en las sexualidades, en las familias, hasta en lo homoparental. Creo que es importante referirse a las "familias diversas", o a “la familia” así, a secas, y dejar de nominarlas desde la etiqueta de homoparentales, "nuevas", etc. (aunque creo que al principio dichas nominaciones sirvieron y todavía están provocando la visibilidad de estos grupos, motivo por el cual volveré a utilizar los adjetivos mencionados, pero entre comillas), ya que si hablamos de diversidad no precisamos rotular. Ya es tiempo de dejar de considerarlas como "diferentes", pues si entran en el universo de la diversidad... ¿Diferentes a qué? ¿A quién/quiénes? Además, si estamos atravesando la época de la caída de los modelos, no debiéramos proponer una situación, sujeto o grupo diferente a algo como ideal, jerarquizado. De lo contrario se seguirá pensando en torno a un modelo a seguir y lo que se aparte de él será algo descarrilado, adverso, diferente a ese modelo y no se tendrá en cuenta que somos todos diferentes pero entre sí, entre todos y todas nosotros y nosotras, los seres humanos.

Lo distintivo para estas familias es la falta de un marco legal, lo cual las sitúa como ciudadanos de segunda, pero eso es algo externo, no intrínseco a dichas familias. No es algo inocente del lado de la sociedad, una cosa es que se las tilde de diferentes y por eso se las des-enmarque legalmente, se visibilizan sólo las “otras” familias para apartarlas, como la contra cara de la “normalidad”, y otra tomarlas como algo más en un grupo amplio, lo que equivaldría a no discriminarlas, a ampliar estos microcosmos para que socio/legal/culturalmente se fundan en el cosmos de la totalidad de las infinitas familias.

Justamente en la página 196 de “La familia en desorden” (2003, Fondo de Cultura Económica de Argentina S. A.) hallamos en la nota 2 la siguiente aclaración: El término “homoparentalidad” fue acuñado en Francia en 1996 por la Asociación de Padres y Futuros Padres Gays y Lesbianas (APGL). Nunca se utilizó en el mundo angloparlante –en especial en Estados Unidos-, donde se prefiere hablar de lesbian and gay families o lesbian and gay parenthood. Actitud debida a que los homosexuales norteamericanos recusan toda denominación de origen psiquiátrico y prefieren un vocabulario más gozoso, centrado en el género. De allí la invención del término gay (para los hombres) y la recuperación de la palabra lesbiana (para las mujeres), con referencia a Safo, la poetisa griega de la isla de Lesbos. Iréne Théry criticó con justa razón el término “homoparentalidad”, por poner en primer plano la sexualidad del padre que, en principio, no debe tomarse en cuenta en la filiación.
La familia no es un hecho prefijado, sino que está rearmándose constantemente en movimientos permanentes de encuentros, desencuentros e intercambios (de afectos, sexo, cuidados y otros elementos que hacen a su unión), intercambios y movimientos posibilitados por una base de estabilidad presente, como la instauración de la prohibición del incesto, o del mensaje “no te drogues delante del nene”, o un velo que cubra la intimidad, y en su interior se establecen distintos roles, posiciones, funciones que tampoco son previamente instalados.

En el 2009 en la Argentina el matrimonio entre personas del mismo sexo aún no está legalizado, lo cual implica que una pareja de lesbianas o de gays no pueda adoptar, y con este panorama no se tiene en cuenta que desde el campo jurídico se debe tutelar a las personas, sobre todo a los menores.

Las “nuevas” organizaciones familiares desafían, al visibilizarse y luchar por los mismos derechos para todas y todos, a la heteronormatividad ordenadora, heterosexual e impuesta, con vínculos endogámicos. Al haber una falta de ajuste con las realidades del presente, se brega por la deconstrucción de un modelo familiar único y obligatorio.

Volviendo a “Cachorro”, me parece que esta película muestra una familia posible y no intenta normativizarse en la hetero, y que también dentro de las “homoparentales” pueden existir muchas opciones, no sólo se trata de núcleos humanos compuestos por dos papás o por dos mamás.

También permite ver que tener una orientación sexual hetero no es una condición sine qua non para ser una buena madre o un buen padre. Bernardo nació de y convivió sus primeros años con una pareja heterosexual que sin embargo no transmitió la ley, cuestión que sí hizo su tío gay.

El partenaire analista ante estas demandas diversas
Creo que las configuraciones familiares diversas nos hacen a los analistas reformular ciertas teorías y conceptos “intocables” dentro del psicoanálisis. Estos lazos que se construyen en grupos conformados por dos mamás, dos papás, madres transgénero, madre o padre soltera/o lesbiana o gay, etc., nos llevan a repensar los conceptos de complejo de Edipo, las funciones paterna y materna, las identificaciones, las nociones de perversión, del nombre del padre, entre otras.

Lo principal para que un niño se desarrolle de manera sana es recibir amor y estabilidad; ser madre o padre implica tener la capacidad de brindar amor, afecto y educación a un hijo de la mejor forma posible, sea mujer o varón, gay o hetero. El funcionamiento saludable de las familias dependerá de las dinámicas que se establezcan en sus interiores y no de las estructuras de las mismas.

En el imaginario colectivo de esta sociedad occidental, patriarcal, machista no está instalada la idea de hombres que crían a sus hijos, dado que la mujer siempre ha sido vista como la esencial fuente de crianza y cariño para los chicos, no obstante, el hecho de que la mujer tenga un “instinto maternal” no excluye al varón de tener dicha capacidad para desempañar ese rol, cuestión que pareciera desconocer la abuela de Bernardo.

Lo que el analista debería plantearse es qué lleva a cada sujeto –padre o futuro padre- al deseo de hijo y cómo será alojado este último. El sexo biológico y la directa asociación a ciertas conductas de género no tendrían que ser parámetros para mensurar cuán buena es una persona como madre o padre, y sí su idoneidad por ejemplo para la adopción, lo cual conlleva capacidades y estilos educativos adecuados: afecto, deseo, comunicación, normas, exigencias y disciplina razonados, aspectos presentes y desplegados por ese tío.

En palabras de Araceli Fuentes: "La clínica psicoanalítica es el lugar donde el psicoanálisis recoge los efectos que estos cambios tienen sobre los sujetos. Las nuevas familias se ven obligadas a inventar nuevos lazos, siendo éstos fruto de un pacto".

Siguiendo con la frase precedente y los lineamientos de Freud y Lacan, considero que los analistas no debemos retroceder ante la subjetividad de nuestra época y quien no trate de entenderla tendría que pensar en dedicarse a otra cosa, debería renunciar a atender a estas demandas si su rigidez está signada por un ideal de familia a alcanzar.

La película comentada y recomendada recorta una realidad posible de un tipo de familia y nos brinda a los profesionales mucho material, nos presenta desafíos. Lo contrario de abandonar antes de empezar sería posicionarnos como analistas del caso por caso, trabajando primeramente nuestros propios preconceptos, combatiendo miedos, mitos, (in) formándonos constantemente, leyendo estudios y casos, interactuando con otros profesionales (abogados, docentes, etc.) de distintas disciplinas involucradas, para poder alojar correctamente a esos discursos, a esas historias diversas. Tal vez los psicoanalistas tendremos que ampliar nuestro encuadre con otras corrientes más acordes para trabajar estas dinámicas familiares, terapias vinculares, como la escuela sistémica.

Para concluir, tomo el hacerse cargo amorosamente de un otro como un acto ético, un acto de amor, porque amar es responder sin salirse de uno, sin desdibujarse, pero priorizando al otro. Esto es lo que hace este tío del “cachorrito”, lo que implica una buena función de sostén y de padre sustituto: a ese menor lo respeta en sus elecciones y tiempos, lo acompaña, lo escucha y le contesta lo que le pregunta ese niño, le responde algo, que no es lo mismo que cualquier cosa, responde, en fin, con mucho más que palabras.



Alejandro Viedma junto al capítulo de Homoparentalidad, en la APA