Muy buenas! Cómo están? Les comparto video con audio de la comunicación
telefónica que mantuve con Pettinato y su equipo para su programa de la radio
Rock and Pop, hace unos meses. Charlamos sobre subtemas afines a las
diversidades sexuales, a las personas LGBT.
El conductor Roberto Pettinato entrevistó al lic.
Alejandro Viedma en su programa “Radio Rana”, el
día 29 de marzo de 2016. El equipo de la radio conversó con Viedma, entre
varios temas, acerca de las Diversidades Sexuales, las personas LGBTIQ, el amor
en las parejas cuando un integrante de la misma reasigna su sexo, las
cuestiones culturales de género, las translesbianas o transbianas, la
diferencia entre la orientación sexual y la identidad de género.
¿Qué les parece la nota? Saludos y buen arranque de
semana!
Gracias al
programa Congenero, de Telesur, por el envío sobre Puerta Abierta! Junto a la
lic. Graciela Balestra hemos informado acerca de la historia, las actividades
actuales y los objetivos del centro.
En mis palabras:
“Este es un espacio donde empezamos a fortalecernos, a empoderarnos… Donde
puedan sentirse más seguros de sí mismos, donde pueden trabajar cuestiones de
su identidad, que es lo más importante y lo más fiel a uno mismo, lo más íntimo
y sincero que uno puede tener, y en particular la orientación sexual o la
identidad de género… Entonces estas cuestiones, por ahí, no se pueden hablar en
otros lugares”.
Mi
participación, junto a la de otros especialistas y activistas de la Diversidad
Sexual, en este video-informe de 360 TV.
En
palabras mías: “Me formé en la UBA (Universidad de Buenos Aires) en los 90 con
el concepto de perversión, la homosexualidad era igualada... Veníamos del
concepto de enfermedad, en la psiquiatría lo mismo, para la iglesia pecado
mortal…”. Y respecto de Puerta Abierta a la diversidad, el primer Centro de
Jubilados Lésbico Gay de Latinoamérica, expresé que es: “Un espacio donde se
pueden (los adultos mayores LGBT) sentir a gusto, cómodos y tranquilos que se los va a contener, se los va
a escuchar…”.
Ser gay y querer contarlo, la primera salida del clóset. Tener VIH y querer contarlo, la segunda salida. ¿Cómo se viven ambos momentos? ¿Qué similitudes tienen? ¿Cuándo es el mejor momento para hablar de cuestiones tan íntimas? Alejandro Viedma comparte con los lectores de Boquitas pintadas algunos apuntes sobre su experiencia en el consultorio con varones gays que viven con VIH en un intento por responder a estas preguntas.
La importancia de profesionales y consultorios inclusivos
En mi clínica analítica con adultos vengo notando, de parte de varones gays que viven con VIH, la necesidad de atenderse con psicólogos y médicos “amigables” para abordar estos temas.
Según mi punto de vista no es justificable, hoy en día, que profesionales de la salud trabajen en sus consultorios con prejuicios por falta de información actualizada o que reproduzcan conceptos preestablecidos que están cimentados por una ideología moralista y hegemónica, o por otras causas que llevan a juzgar, criticar o direccionar el deseo del paciente, precisamente lo más singular que posee. En ese accionar, el profesional, se estaría comportando de una manera poco ética, más allá de que esté en juego o no el tema del VIH-SIDA.
Yo tomo el camino de contener a ese sujeto que consulta, alojar los interrogantes que se hace y así co-pensarlos, ver cómo está dicha persona, cómo vive, qué siente, cómo se maneja con los cuidados en sus prácticas sexuales y, en todo caso, revisar por qué se conduce de tal forma, más allá de con quién y cuántas veces mantenga relaciones sexuales; todas cuestiones a desplegar si la infección del VIH se hubiera producido por la vía sexual.
En los últimos tiempos y conforme mi experiencia, los pacientes buscan un profesional que les brinde serenidad; así como la persona infectada espera de un psicólogo que pueda contener la “intranquilidad” que suele generar tener un diagnóstico positivo, alguien que pueda escuchar el llanto, el enojo, los temores, las incertidumbres de saber que uno vive con el virus y a partir de allí ayudar a esa persona a que pueda construir alternativas saludables, de un infectólogo precisan recibir algo como: “Si te comprometes con este tratamiento vas a estar mejor, mantené la calma y seguí las indicaciones que te doy”. Y, por supuesto, también están atentos a que el psicólogo esté sensibilizado en el tema, que sea idóneo, es decir, que el saber profesional esté acompañado de la empatía necesaria para crear un clima de confianza, porque ya bastante violencia vienen recibiendo de lo social. Por tales motivos, desde la primera entrevista, los consultantes que arriban con un padecimiento subjetivo de gran magnitud (sobre todo si recientemente tuvieron un diagnóstico positivo), no dejan de tantear qué cara pone el analista, si cambia su lenguaje corporal, si es otro ser más que los va a discriminar, si “se queda mudo” o qué dice cuando por fin pueden manifestar eso que les cuesta mucho abrir en sus otros círculos sociales, principalmente en el laboral y en el afectivo, donde la mirada de los más cercanos, familiares y amigos, es la que consideran más preponderante.
Resumiendo este apartado, la actitud del terapeuta con un paciente que vive con VIH o SIDA es fundamental al momento de abordar qué es lo que provoca la infección del VIH en las personas. Saber que vivir con VIH se entiende, del lado del profesional, como una característica más de alguien, baja los niveles de ansiedad y estrés, y ese es el primer paso para que una persona seropositiva pueda abrirse, con menos dificultades, al resto de su gente.
¿Cuándo es el mejor momento para contárselo?
Viñeta de un ex paciente a quien llamaré Camilo, de 30 años
“No sé cuándo es el momento indicado para contarlo, esa situación para mí nunca es cómoda, aunque ahora es menos dura que antes… siempre me conectaba al momento que me dieron el diagnóstico positivo, me actualizaba aquel día y me producía dolor, me angustiaba”.
Aquí entran a jugarse diversas cosas a nivel psíquico. Cuando una persona se entera que vive con VIH suelen emerger cuestiones relacionadas con la enfermedad, el deterioro, la muerte, ya que crece el grado de vulnerabilidad al mismo tiempo que baja la autoestima. Parte del dolor y de la angustia que expresa Camilo en su testimonio tal vez tenga que ver con su pregunta, pero a ese interrogante le precede o subyace además otra pregunta: “¿Se lo tengo que decir?”. En este punto, muchos sujetos que viven con VIH diferencian si se encontrarán con un otro “sólo para sexo” y, en esa circunstancia no consideran que haya que decirlo, o si sienten que aquel compañero sexual podría devenir en un novio o una pareja, como apuntaba “Camilo”.
Por otro lado, están presentes las expectativas por las respuestas del partenaire. En aquella sesión de terapia, Camilo continuó: “El miedo a que te rechacen siempre está… (Se toma unos segundos para repensarlo). Ahora no sé si es temor, pero no deja de ser desagradable si lo toman mal, hay un malestar. Yo siempre me cuidé con preservativo, pero más de una vez, cuando creí que la cosa podía avanzar con alguien para algo más que sexo y pude hablarlo, me contestaron: “¿Por qué no me lo dijiste antes?”. Y qué sé yo cuándo es ese “antes”… ¿Antes de vernos?, ¿cuando empezamos a chatear?, ¿cuando nos vimos por cam?, ¿cuando nos conocimos personalmente?, ¿a la tercera salida? Si no sabés qué va a pasar… O supuestamente lo tomaron bien, y a la semana se borraron”.
Me gustaría sumar, a lo que antecede, algunas preguntas propias: ¿por qué aparece la necesidad de contar que uno vive con VIH o SIDA?, ¿qué sucedería si no surgiese esa necesidad? En definitiva, lo más importante ¿no es implementar las medidas de auto cuidado?
Lo grupal para empoderarse
En 12 años de coordinar grupos de encuentro y reflexión para varones gays predominantemente mayores de 35 años en la Asociación Civil Puerta Abierta, sólo excepcionalmente algunos contaron que son seropositivos. Sí lo hicieron en un espacio más privado, como lo es el consultorio de su analista o con amigos muy cercanos.
Sostengo, por lo precedente, que esta cuestión se trata de una segunda salida del clóset, y para muchos es más complicada que haberse asumido gay y habérselo comunicado a sus allegados. El concepto de doble salida del placard es algo que también utilizan las mujeres lesbianas por el hecho de ser mujeres. Pero creo que en el caso del VIH opera también el sentimiento de culpa, de sentir constantemente que es algo “evitable”. No es la misma clase de culpa o vergüenza, por llamarlo de alguna manera, que cuando hablamos de sexualidades distintas a lo heterosexual. Aquí hacemos referencia a una enfermedad crónica que en el 80 por ciento de los casos -dato publicado por la Fundación Huésped o por el Ministerio de Salud- se transmite por relaciones sexuales sin protección. En el caso de las identidades “disidentes”, se ha desterrado el concepto de elección, mientras que hablar sobre el VIH exige otras fortalezas, involucrarse con la situación, hacer la adherencia al tratamiento, la medicación, pero también luchar para recuperar la propia autoestima.
Pero los miedos empiezan a achicarse cuando se puede hablar de lo que a uno lo aterra, toda carga es menos pesada si se comparte lo que uno silencia. En tal sentido, otro tanto sucede en la otra orilla, del lado de los que conocen a alguien que vive con VIH… Ejemplo de ello es cuando determinadas dudas pueden ser verbalizadas: “Si nos cuidamos al momento de la penetración pero no cuando tenemos sexo oral, ¿puedo contagiarme?”, preguntaba otro expaciente seropositivo.
Para finalizar, puedo concluir que los grupos de pertenencia donde puedes hablar con otros que comparten tu situación son una herramienta interesante porque también ayudan a desdramatizar y fortalecerte para mejorar tu relación con el resto de las personas.
El próximo miércoles 9 de marzo a las 20 se inicia la treceava temporada del grupo de reflexión de varones gays en Puerta Abierta, en el barrio porteño de San Cristóbal. Para ingresar al grupo el lic. Viedma toma una entrevista previa, que podés concertar comunicándote al tel. 15-6165-4485 alejandroviedmapsi@hotmail.com.ar
Les comparto un post de Boquitas pintadas l Blogs lanacion.com, con un testimonio real, en donde Pablo (quien dio el permiso para que se publicara) escribe: "...ese día en el video club
descubrí algo que siempre estuvo ahí y nunca me había dado cuenta." Y
agrega, respecto de su hallazgo: "Más tarde, ya sabiendo que mis viejos
estaban próximos a regresar, escondo la película entre las cosas que están
dentro de mi placard...".
Publicado el
Pablo escribió este texto en uno de los ejercicios del grupo de reflexión para varones gay que coordina ellic. Alejandro Viedma en la Asociación Civil Puerta Abierta. La consigna había sido: “Compartir con los compañeros algo que nunca habías contado”. Pablo tiene 37 años y recordó cómo fue la primera vez en la que vio una película gay porno, hace más de 20 años, época pre cibernética, pre Internet. Imaginemos aquellos tiempos que parecen tan lejanos. Hoy casi cualquier persona tiene acceso a la web y eso ayuda a que, por ejemplo, los adolescentes gay puedan asumirse como tales investigando su deseo más sencilla y tempranamente. Incluso sin salir de sus casas. Pero en los 90, y antes menos todavía, no era nada fácil.
Les comparto este relato que Pablo envió para que leamos todos enBoquitas pintadas.
“Barbita”
Estaba en casa con mi familia, hace poco más de 20 años. El día estaba bastante feo, llovía y hacía mucho frío. Después de almorzar, decidimos ir al video club a alquilar algunas pelis.
Como siempre, ya en el local, mi mamá se instaló en la sección de películas románticas o de historias verídicas (aburridas para mí en ese momento), mi papá en la de acción o comedia (las películas de acción no me disgustaban tanto porque los actores casi siempre estaban buenos, y las comedias me gustan), mi hermana y hermano más chicos (como 10 años menores que yo) estaban eligiendo una de dibujos animados, y yo buscaba de suspenso y terror.
Pero ese día en el video club descubrí algo que siempre estuvo ahí y nunca me había dado cuenta. Entre zombies y vampiros, monstruos y hombres lobo, decidiendo con cuál de ellos pasar la noche, siento de pronto a lo lejos la risa de mi papá, esa risa pícara que lo deschavaba cuando se estaba mandando una de las suyas, y a mi vieja la noto sonrojada y escucho que le dice con una voz susurrante y vergonzosa que era un pelotudo. Y es ahí cuando descubro mi gran hallazgo, la fila de arriba de todo era la de las películas porno, que enriquecía mi vista deseosa de todo aquello que observaba, pero a la vez incómoda ya que tenía que mantener la vista hacia arriba, y esto hacía que las demás personas que estaban ahí se dieran cuenta de lo que estaba mirando.
Entre miraditas rápidas, que eran como flashes, porque los nervios y la vergüenza me invadían creándome el fantasma que los demás podían descubrir mis deseos ocultos, de pronto lo veo a él, increíblemente bello, con su pelo castaño, claro y brillante, una barba prolijamente cortada, sus ojos azules que te invitaban a mirarlo y sus dientes blancos que se asomaban a través de una sonrisa que vencía toda resistencia de no quererlo, de no desearlo. Y otra vez mi viejo interrumpiendo el momento, pero esta vez en forma directa preguntándome si ya había elegido una película; quería pagar y que nos fuéramos.
Ese día comencé a convencerme que tenía que ver esa película, en la que estaba ese hombre increíble que había poseído mi mente. El tema era que tenía muchas dificultades para hacerlo, como por ejemplo, que tenía que estar solo en mi casa, mis viejos no se tenían que enterar jamás, y lo más difícil era cómo iba a hacer para alquilar una película para adultos, teniendo 14 años.
Una semana después, mi mamá me dice que una de mis tías nos había invitado a comer a su casa el sábado, obviamente le dije que no iba a ir, no sólo por el hecho de aprovechar el momento, sino también porque las reuniones familiares no eran de mi agrado; mi mamá, sabiendo esto, no me insistió.
Fueron dos días de planear el encuentro con “barbita”, pensé de todo, todo malísimo y peligroso, como por ejemplo: falsificar una nota firmada por mi viejo dándome permiso para llevar esa película, o disfrazarme para parecer mayor, y hasta se me ocurrió sobornar al señor del video club pagándole el alquiler de la película a un valor mucho más elevado, pero por suerte rápidamente desistí de estas ideas.
Ya casi resignado a que no iba a poder hacer nada, de pronto se me ocurrió el plan “perfecto”, que era: aprovechar la promoción de 3 películas por $10 y poner el número de cualquier película de terror o suspenso (género que siempre llevaba) en la de “barbita” y que el número de “barbita” sea el de la película de terror o suspenso que supuestamente quería llevar y, si el señor del video club me decía que no podía alquilarme esa película porque era condicionada, le mencionaba las tres películas que quería ver y le mostraba de dónde había sacado ese número y todo pasaba a hacer un error de él.
Llegó el sábado y mis viejos con mis hermanitos se fueron. A la media hora de su partida yo voy hasta el video club. Por suerte cuando llego no había mucha gente y el señor del local estaba distraído hablando con alguien. Era el momento perfecto, me acerco hasta “barbita” y saco su número rápidamente, de la misma forma agarro el número de una película de terror y la pongo en el lugar del número de la película de “barbita”, me tomo mi tiempo para elegir las otras dos películas y también para desacelerar mi corazón que parecía que iba a explotar por los nervios que tenía. Ya más tranquilo y juntando valor, tomo aire y me acerco al mostrador y le doy al señor los tres números de las películas elegidas, el señor agarra los números y va hacia atrás a buscar las pelis; casi inmediatamente vuelve con las 3 cajas negras y las pone en una bolsa, le pago y anota en su hoja mi número de socio, los números de las películas y que las dejé pagas, nos saludamos y salgo rápidamente hacia mi casa.
Ya estando en casa, pongo la peli, la cual vi varias veces ese día, en ella había hombres bellos por todos lados que se tocaban, besaban, chupaban y demás cosas, pero lo mejor fue cuando apareció “barbita”… Verlo entero, con su cuerpo delgado y delicadamente marcado, tocándose, mirando y sonriendo provocativamente, en realidad, provocando a otro pero, para mí, en ese momento, me estaba provocando sólo a mí: me llamaba, me invitaba a pasar un momento maravilloso, y así fue.
Más tarde, ya sabiendo que mis viejos estaban próximos a regresar, escondo la película entre las cosas que están dentro de mi placard, dejando solamente las otras dos películas para ver.
El lunes temprano antes de ir a clases, voy a devolver las películas, llego al video club, se las entrego al señor que lo atiende, nos saludamos y me dirijo hacia la escuela.
Así finaliza la historia de cómo alquilé mi primera película porno gay.
El miércoles 9 de marzo de 2016 a las 20 se inicia la treceava temporada de este grupo de reflexión de varones gays en Puerta Abierta, en el barrio porteño de San Cristóbal. Para ingresar al grupo el lic. Viedma toma una entrevista previa, que podés concertar comunicándote al tel. 15-6165-4485.