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Lic. Alejandro Viedma - CV resumido

Alejandro Viedma nació en Buenos Aires en 1973. Es Licenciado en Psicología, egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA), psicoanalista, coordinador de grupos LGBTQ+, supervisor de terapeutas y escritor. Profesional y activista independiente. Coautor, junto a Verónica Dema, del libro “#LESRARES. Relatos de Diversidad Sexual” (1a ed. 2018, Milena Caserola) y autor del libro “Amores di Versos. (De)construcción del Deseo” (2020, M. C.). Realizó diversos postgrados, seminarios y cursos en instituciones y hospitales porteños, entre otros, en temas como Clínica Psicoanalítica, Acompañamiento Terapéutico, Recursos Técnicos para la Coordinación de Grupos, Supervisiones clínicas, Familias, Co-visión en Terapia Vincular, Género y Diversidad Sexual. Disertó en múltiples congresos, facultades, simposios, foros, organizaciones, encuentros, jornadas, Ferias del libro, Centros Culturales y conferencias en la Ciudad Autónoma de Bs. As., en ciudades del interior de la Argentina, en Bogotá y Medellín (Colombia), en Tel Aviv (Israel) y en Barcelona (España). Tuvo participaciones en programas de televisión y radio, y colaboraciones en diarios. Es convocado como colaborador docente, tutor de tesis y prologuista de libros. Brinda asesoramiento y talleres en instituciones educativas y empresas. Fue distinguido con reconocimientos varios. Escribió en diferentes medios gráficos y portales de distintos países. 

Ig: @aleviedmapsi

Prólogo de "Papá Sirena", libro de Sebastián Caldubehere

Les comparto el prólogo que escribí para el libro Papá Sirena, de Sebastián Caldubehere.


Gracias Sebastián, queride autor de este librazo, por haberme regalado el privilegio de leer tus textos en sus procesos, gracias por editar un libro que abrazará a muches en un tiempo donde es preciso volver al contacto humanamente resiliente.



CANTOS DE AMOR 


Prólogo por Alejandro Viedma*

 

“Qué suerte que viniste,

justo te necesitaba.

Qué suerte que viniste,

tenemos tanto para hablar.

(…) Qué suerte que viniste,

ahora entiendo tantas cosas que antes no veía.

(…) No ves que ahora estoy más cerca de tu amor.

Que suerte que viniste —Celeste Carballo

 

 

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla”, escribió Gabriel García Márquez. 

 

El camino de vida de Sebastián Caldubehere y su forma de escribir, de relatar (que sorprende gratamente) se relacionan con el concepto de historizar, que es similar a aquella frase de Márquez, porque implica dar relevancia tanto a la experiencia vivida como a la percepción que se tiene del pasado en un momento determinado. O sea que se convoca a construir la historia desde la actualidad. Así, en la historización se trata de resignificar, de levantar recuerdos reprimidos, de remarcar esa extraña y misteriosa selección que unx (o su mente, o su sistema inconsciente-consciente) hace para que ciertos eventos sean “elegidos” y otros descartados. También y sobre todo para les adolescentes, tiene que ver con lo identitario, y más si pensamos en una biografía como la de Nahuel y todo lo que tuvo que atravesar en su niñez. 

 

Papá Sirena es un libro de microrelatos, es el armado de recuerdos entrelazados de Sebastián y Nahuel. Es lo escondido que sale del armario. Está atravesado por la subjetividad de su autor, quien se rearma en sentidos nuevos que emanan más seguridades. Se lee y se percibe un lazo invisible entre hijo-padre-abuelo, en especial con cosas que no se han hablado, un entramado en las historias con similitudes, con reflejos especulares.  

 

Esta obra tierna y sincera provocará a sus lectores emociones hasta las lágrimas, sonrisas y placer. Pues se respiran cuidados conforme pasan las hojas. Ejemplo de ello es cuando Sebastián narra su intención de no lastimar a sus padres, o cuando menciona situaciones dolorosas alrededor de virus como el VIH o el COVID, o cómo se las tuvo que arreglar conforme pudo ante el ataque de “machitos homoodiantes" en grupo, o hasta cómo dejó atrás esa desventaja violenta para cimentar una entrañable amistad con su amigo Marco. En todos estos temas, relatos e imágenes, lxs lectores se sentirán interpeladxs y con ansias de releer lo volcado por Sebas con honestidad fina y brutal al mismo tiempo.  

 

En esta obra cohabitan cuestiones varias que encantan: las metáforas atinadas, la rememoración de instantes clave (como la respuesta que le dio la seño Gladis al Sebastián niño), los remates en los finales de los capítulos y cómo Sebas resalta la importancia de los cuentos en su vida, ya sea de chico con sus amigos, los que le transmitió su abuelo, etc.  

 

Se sigue un hilo conductor en las páginas de este libro, el de los vínculos en la vida de Sebastián y, por otro lado, lo lúdico ahí atravesando y poniendo condimento lindo, colorido y sabroso a lo vital, como en algunos toques de humor.  

 

Hay tramos movilizadores, que hacen imposible que esta historia entre padre e hijo no toquen el cuore, como por ejemplo cuando Sebastián cuenta en detalle todo lo de la previa y el momento de adoptar. 

 

Enfocándome en eso, mientras leía los envíos que me mandaba Sebas y aguardando más material, volví a revisar de dónde viene el vocablo adoptar. Su etimología me gusta porque va de la mano de todo este deseo de él desde hace mucho: adoptar significa desear o elegir a alguien para vincularlo a sí mismo. Hermoso anhelo y más cuando se lo baja a lo concreto y se lo comparte a corazón descubierto en las páginas de un libro que puede animar a otres. 

 

En la base de la parentalidad -en este caso, del lado de Sebastián- tiene que haber amor, ganas (de educar, de aprender, de ayudar), es una gran responsabilidad asumida, un acto jurídico llevado a cabo por un adulto a un menor. Considero además que este libro remarca el verbo "ahijar", el cual refiere a criar, a construir lazos afectivos, de filiación, que no es más ni menos que integrar, unir. Y eso no depende de la biología, de lo consanguíneo. Y por añadidura se cumple un derecho fundamental de Nahu, el de tener una familia.  

 

Lo que no falta en este libro son los nutrientes vitales, esos intercambios de sentimientos entre Sebastián y su amado hijo, esa conexión de almas que ya no se ocultan. Quizá esa sea la senda para transformar lo doloroso en algo maravilloso, y el arte y la cultura son vehículos para ello. Esta obra además es reparadora de injusticias y deviene en un bien común, puesto que la memoria compartida también es útil para el instante presente y para proyectar en soledad y/o colectivamente. Quiero decir, estos dos seres humanos a través de sus testimonios de vivencias removidas son y nos hacen testigos de esta época de la humanidad herida. Mediante silencios, elipsis, frases de canciones y palabras justas de voces protagonistas en primera persona en busca de la (de)construcción de sus identidades, Sebastián y Nahuel brindan sus párrafos para muchas lecturas y sin dudas crearán una red más grande y afectivamente necesaria para todes, lo cual conlleva un compromiso vivo plasmado en más de una causa, y es en este punto donde me pregunto si este libro podría constituir una micromilitancia o es y será un conjunto de intersecciones de miradas que se resumen en inevitables macromilitancias, en el sentido de los aportes de todo esto que, al expulsar varios conceptos sociales preestablecidos y negativos, es más que literatura.  

 

Sebastián nos permite deambular por paisajes geográficos y musicales locales y extranjeros, dejando un legado personal y familiar donde el saber, el escoger los detalles y la letra destierran las persistencias de angustias en pos de un mundo más verdadero, alegre, amoroso y menos heteronormado. En esa transmisión Sebas afirma a Nahu y se afirma a él mismo, no casualmente el término sirena comienza con si; si-rena como ser no convencional, un padre que puede maternar, porque las parentalidades se tratan de funciones y no de sexos.  

 

Las Sirenas viven en el mar y son en-cantadoras. Sebastián Caldubehere revela desde el comienzo en su libro lo que para él representa el mar y encanta con su talento plumífero y su cantar paterno.  

 

 

*Alejandro Viedma es licenciado en Psicología (UBA), psicoanalista, coordinador de grupos LGBTQ+, escritor y supervisor de terapeutas. Instagram @aleviedmapsi 



Contacto con el autor: sebastiancaldubehere@gmail.com (Email)

Instagram: @sebastiancaldubehere 


Acompañaré a Sebas y Nahu en las presentaciones de Papá Sirena:

-Viernes 19/11 Monte Hermoso

-Domingo 21/11 Bahía Blanca

"Amores di Versos. (De)construcción del deseo", libro de Alejandro Viedma

Alejandro Viedma es Licenciado en Psicología, Escritor, Coordinador de grupos LGBTQ+ y Supervisor de Terapeutas. Psicoanalista con un enfoque en la diversidad sexual y perspectiva de género, y dos libros en su haber (“Amores di Versos. (De)Construcción del Deseo” y “#LESRARES. Relatos de Diversidad Sexual” -en coautoría con Verónica Dema-), ambos editados por Milena Caserola). https://www.instagram.com/aleviedmapsi/


Link para adquirirlo: https://mpago.la/2U566JP

Palabras del autor (en el Prefacio):

 

      Este libro trata sobre distintas etapas de mi vida y compañías en ellas presentes, mis inspiradores, mis musas, mis Amores de Versos concatenados allí. Hablando de esos objetos de mi deseo, mis amores pasionales o como quieran llamarlos, aclaro que algunos fueron tan reales que no sucedió nada sexual y otros fueron tan fantaseados que me dejaron las sensaciones más reales, los sentimientos más (des)encontrados. 

      Siempre fue fundamental para mí que circule algo del orden de la afectividad, aunque haya sido un encuentro de tiempo cronológico efímero, pero no menos intimista. En ese sentido, puedo decir que NO amé a todos, pero nos hemos dedicado más que un tiempo, más que un interjuego de intercambios de órganos corpóreos, entre los que se encuentra el más grande de todos en los humanos, la piel, y cuyo despertar y sus consecuencias resultan indefectiblemente un misterio.      

     Algunas palabras u oraciones están redactadas en lenguaje inclusivo, y se encuentran también apoyando la Ley de Educación Sexual Integral (ESI). 

Muchas gracias, amores míos, por escoltarme en esta senda de letras, este camino (de)constructor, apasionado, vertiginoso, afectuoso, testimonial, identitario y mágico que, al parecer, seguiré andando, deseando, trans-itando géneros.

 

Buenos Aires, Argentina, noviembre de 2020.

  

#LESRARES: MIS MARCAS DEL BULLYING HOMOFÓBICO Y CÓMO SALÍ ADELANTE

A continuación, les comparto el segundo Relato de Diversidad Sexual del libro "#LESRARES", de la periodista Verónica Dema y el psicólogo Alejandro Viedma. 
Publicado el 12.10.16 en el Blog de LN Boquitas Pintadas
Pasaron varios años desde que conocí a Alejandro Viedma hasta que me contó de su costumbre de tachar los días escolares. Como un preso, recuerdo que pensé, que no ve la hora de terminar con el encierro. 
En este relato en primera persona Alejandro se abre a narrar los episodios de bullying que lo acompañaron en su niñez y adolescencia. Fueron momentos que vivió con angustia y casi en soledad. “El viaje de egresados a Bariloche fue una tortura. Dos de mis compañeros les dijeron a los pibes de otros colegios que yo era re puto. Cuando me enteré me sentí observado y evitado; lo único que quería era estar en mi casa”, escribe en este texto rememorativo. El recorrido se extiende, también, hacia la adultez: Alejandro es Licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y un ejemplo de cómo salir adelante, pese a todo. Verónica Dema.
La vida de Alejandro, en sus palabras 
Desde muy chico sentí que no formaba parte de lo que hacían y les gustaba a mis compañeritos varones. Mis intereses se iban diferenciando cada vez más de los de ellos a partir de quinto grado, o sea, a mis diez años. Y no hablo de sexualidad, porque en esa época no tenía idea de lo que era el sexo. Pero sentía que no encajaba, que no pertenecía al grupo de pibes formado por quienes jugaban al fútbol o empezaban a admirar a ídolos que nunca fueron los míos, como Maradona o Soda Stereo, o denigraban al que parecía el más débil... Como empecé a juntarme más con mis compañeras, comenzaron las cargadas con palabras como “marica” o “nena”. Eso se fue acrecentando en sexto y séptimo grado y, paralelamente, iba escuchando en la televisión, en la misa a la que asistía los domingos, en el barrio, que ser homosexual estaba mal, que era pecado, que era sinónimo de ser un enfermo, algo contranatural, por lo cual fui incorporando que yo era diferente y con algo a corregir. 
Recuerdo que a los once varios de mis compañeros, los mismos que ya habían dejado de elegirme para jugar y habían dejado de invitarme a sus cumpleaños (algo horrible para mí), me esperaron en el aula luego de educación física, donde empezaron con cánticos agresivos. No aguanté y me puse a llorar, me veía tan en desventaja frente a ellos, como con el pudor de quedarme desnudo públicamente y aún más humillado por mis lágrimas, que fueron la descarga de tiempo acumulado de tensión. 
A mediados de los ochenta tampoco había comprensión ni contención en las familias y yo me sentía muy solo. En paralelo siempre fui un alumno destacado, tal vez inconscientemente me exigía mucho como para compensar lo que suponía que no le iba a agradar a los demás: tenía las mejores notas porque eso no me costaba y me gustaba que mis padres estuvieran conformes con ese aspecto mío. 
Lo peor fue a partir de la mitad del secundario -encima fui a un comercial técnico en administración de empresas, es decir, estuve seis años en aquel colegio-. Me acuerdo que en quinto año empecé a tachar los días que pasaban, se ve que ya me gustaban las agendas, así que era un aliciente ver que en el calendario faltaba menos para que terminaran las clases. Eso hacía menos insoportable todo: casi la mitad de mis compañeros había dejado de saludarme un año antes y, si bien nunca ejercieron violencia física sobre mí, sí fue muy fuerte la simbólica, verbal, psicológica con referencias homofóbicas. Y eso no fue menos duro porque, aunque no lo hicieran mirándome a los ojos, las burlas, los insultos, los grafitis en las paredes mencionando mi apellido, las notas que me dejaban en mi carpeta me lastimaban mucho. Y sentía mucha vergüenza, miedo y así me fui encerrando cada vez más. Por suerte tenía tres amigas en mi división, no sé qué hubiera pasado sin ellas, con quienes al menos podía hablar. 
En sexto la situación lejos de mejorar empeoró, porque llegó el viaje de egresados a Bariloche y fue una tortura en lugar de vivir una semana de diversión, porque dos de mis compañeros fueron por más, les dijeron a los pibes de otros colegios que yo era “re puto”, así que cuando me enteré me sentí tan expuesto, observado, evitado y mirado con sorna que lo único que quería era irme, estar en mi casa. Nunca me sentí tan aliviado como cuando terminé esa etapa. 
Hoy no tengo rencor ni enojo con nadie. Hasta puedo comprender por qué la gente discriminaba: en los ’80s y ’90s estábamos en un contexto donde nos maleducaron respecto a lo que ahora se denomina diversidad sexual, sin leyes igualitarias, sin cuidarse de lo políticamente incorrecto, siendo los homosexuales parte de manuales de desórdenes mentales, así que no culpo a nadie aunque lo haya vivido con dolor. Pero, obviamente, no quisiera retroceder el tiempo para nada, por eso creo que hoy -y mañana-siempre es mejor, lo peor ya pasó. 
No obstante, no olvido. En una de mis sesiones de terapia le decía a mi analista: “Recuerdo haber leído en un texto de Freud que de la guerra volvían más traumatizados los que regresaban ilesos que los que salían heridos o incluso habiendo perdido partes de su cuerpo... Los sueños eran más repetitivos en los que no tuvieron marcas corporales... Así que a veces la palabra que injuria lastima más que un látigo o una bala”. Y él me respondió: “Es que los oídos no tienen párpados, están sobreexpuestos, sin protección”, y me señaló una frase de Oscar Masotta: “No matar la palabra, no dejarse matar por ella”, es decir que no hay que quedarse callado ni permitir que la palabra que degrada provoque tanto daño. Quizás por eso es que pude hacer una transformación positiva con esa parte de mi historia: sin habérmelo propuesto, empecé a trabajar escuchando a mis pacientes y a los integrantes de los grupos de reflexión para varones gay que coordino hace muchos años, brindándoles un espacio para que puedan historizar(se) a través de su discurso y sus recuerdos. 
Empezar a conectarme con mis gustos, ir descubriéndome como gran oyente de música, por ejemplo, me ayudó en el camino. Y no solo me iban deslumbrando ciertas voces o melodías, sino que transcribía letras de canciones del rock nacional en un cuaderno, de artistas que hoy todavía admiro, como Charly García, Celeste Carballo, Fito Páez. En esa época además estudiaba Dibujo y Pintura y quizá la sublimación a través del arte también hizo que expresara cosas que no podía decir con palabras. Por otro lado, la gimnasia me gustó siempre. También empecé a estudiar inglés y con los años leí autores increíbles como Patricia Highsmith, Susan Sontag, Hermann Hesse. Al mismo tiempo, iba investigando mi orientación sexual y mi identidad con lo que obtenía de información en revistas con artículos o entrevistas a referentes o miraba películas de temática gay. Después vinieron los recitales, los primeros boliches en donde me di cuenta que no era el único “bicho raro”, que tenía pares, gente a la que le pasaba lo mismo que a mí o sentía lo mismo que yo. 
En 1993 me surgieron sentimientos que no había experimentado antes: entusiasmo por ir a cursar y la libertad de no estar presionado por tener que disimular algo. Y el plus de haber elegido yo la carrera que iba a seguir. No por casualidad en el Ciclo Básico Común (CBC) de Psicología pude tener mi primer gran amigo varón. Empecé a disfrutar de ir a leer al buffet de Ciudad Universitaria mientras tomaba un café y observaba el río a través de esos ventanales enormes. 
No tenía idea de que me iba a dedicar a las diversidades sexuales. Se fue dando -o lo fui buscando- paulatinamente. Me acuerdo que en cuarto año de aquel secundario tuve la materia Psicología y me encantó, así que de todo lugar negativo u oscuro, uno puede llevarse algo bueno. 
Luego de más de quince años de haberme recibido, creo que es difícil atender a una persona gay, lesbiana, bisexual o trans si uno no ha sufrido esa u otra discriminación en carne propia. Para abordar las diversidades sexuales hay que saber de los subtemas que conforman ese universo y, lamentablemente en el campo del psicoanálisis, aún falta apertura y actualización. 
Hoy estoy preparado para contar cuestiones de mi vida que nunca hice públicas, y lo hago porque tal vez mis palabras ayuden a alguien. Desde mi sinceridad y empatía con el otro y lejos de la victimización o de pararme en un lugar de ejemplo, no quiero ser ejemplo de nada ni quejarme de lo que viví, aunque tal vez aporte mi granito de arena para que idealmente nadie más padezca lo que a mí me hirió tanto. En ese sentido sí quiero dejarles un mensaje a los adultos que ocupan cargos de mucha responsabilidad, a los docentes, a los profesionales de la salud, a los padres: les pido que no tengan una mirada indolente, insensible frente al sufrimiento de niños, niñas y adolescentes en general y, sobre todo, al de los LGBT; es de suma importancia que estén atentos porque cuando te lastiman te vas cerrando gradualmente, aislando y, cuanto menos un pibe hable y socialice, más problemas tendrá en su vida ya que su autoestima irá decayendo. 
En general un chico que no se percibe o no se va perfilando como heterosexual cree que no tiene un lugar porque está más en soledad y en silencio que otra persona de cualquier otra “minoría” discriminada, se va metiendo en el placard porque advierte que no puede compartir con su familia lo que siente y cómo está siendo violentado, agredido, y eso no sucede con, por ejemplo, niños o adolescentes judíos, afrodescendientes, de países limítrofes porque comparten la misma característica que sus padres, quienes pueden ayudarlos porque los entienden, contienen y defienden. Por tales motivos, la tasa de suicidios de adolescentes y jóvenes LGBT es mayor comparada con la de adolescentes y jóvenes heterosexuales. 
En la actualidad todos los adultos somos responsables. No puede justificarse más la discriminación o la complicidad en agresiones por ignorancia. En 2016 tenemos mucha información, leyes que protegen, despatologización y si alguien no sabe también es responsable por no informarse. Que la falta de datos e ideas no camufle la maldad y la impunidad de herir al otro, cosas feas que lastimosamente todavía habitan en nosotros, los humanos.   

Pasaron dos años de la publicación de Alejandro. ¿Qué tiene para contar ahora? (octubre de 2018)
Sucedieron muchas cosas desde el momento en que salió esta nota. Una de ellas fue la gran repercusión que tuvo, ya que se comunicaron conmigo de varios medios y estudiantes de carreras universitarias para entrevistarme y, por otro lado y de manera individual, me escribieron muchas personas para felicitarme y contarme lo identificadas que se sintieron al leer mi texto. 
Al releer lo que expuse, noto que no profundicé en lo que dice el encabezado: las marcas que considero dejó el bullying en mí. Recién empecé a bucear por estas cuestiones con mi actual analista, desde hace dos años, es decir, a mis 42 años. Me costó mucho tiempo procesar lo que viví, no lo podía verbalizar, el sólo recordar ciertas escenas me seguía produciendo dolor, me hizo mal pero por otro lado fue revelador y aliviador levantar ciertos recuerdos reprimidos. Hubo varios momentos difíciles básicamente relacionados al aislamiento y a lo que decían de mí. 
Una de las marcas se relaciona con que por mucho tiempo fui muy susceptible respecto de la mirada del otro. Ante la presencia de alguien al cual yo consideraba amenazante (por años así me resultaban los varones heterosexuales que exacerbaban su machismo) se activaba una alerta en mi piel, como una alarma que me ponía más sensible y temeroso aún de lo que era. Tenía miedo de que notaran mi costado femenino. Eso se generalizaba a otras personas en cuanto a lo que pensarían de mí en general y particularmente de mi sexualidad. Más de una vez le pregunté a un/a amigo/a: “¿Fulanito te dijo algo de mí?” (como esperando que ese “algo” fuera negativo). Y, en general, fui buscando la aprobación del otro en lo que yo decía, en lo que hacía... Incluso ya de recibido y habiendo empezado a escribir en mi blog. ¿Estará bien lo que escribo? ¿Se entenderá? ¿Me enjuiciarán por esto?, eran mis interrogantes repetitivos, cuestiones que no me permitían disfrutar de las cosas bellas que tenemos en la vida. Quizá inconscientemente sentía que por ser gay arrastraba la condena de portar carencias bien notorias, y eso me llevaba a estar más pendiente de la aceptación de los demás.
Otra marca que me quedó es que de forma automática seguí tachando cada día que transcurría en mi agenda. Y de eso caí en la cuenta hace relativamente poco. Me gustó hacerlo consciente, comprender de dónde venía y cuestionarlo. Me pregunté: ¿Por qué continuás haciendo eso, si vos amás vivir? Fue agradable hacer una diferencia entre lo que me fue funcional en ese pasado, cuando quería que se terminara el año lectivo, y este presente en el que soy un apasionado de la vida, cuestión que me entusiasma y alegra. 
Algo que rememoré y quisiera agregar para sentirme aún más honesto y justo conmigo y con los demás, es que también he sido testigo de otros casos de bullying y no estoy contento, conforme ni mucho menos orgulloso de mi accionar allí ya que, de alguna manera, participé como espectador. Recuerdo que en séptimo grado entró un compañero nuevo, más “afeminado” que yo. Las miradas, cargadas y comentarios negativos hacia mí aflojaron un poco y se instalaron en él. De ser elegido último, por ejemplo para los juegos de equipo en Educación Física, pasé a ser el anteúltimo y a eso lo vivía con cierta paz puesto que, aunque sea por uno, no era el último orejón del tarro, lo que hacía que yo me ilusionara con poder pertenecer.  
Hoy, desde el profesional de la salud mental que soy, quiero decir que hay que hacer cosas para evitar el bullying. Básicamente, la prevención y eso implica hablar, poner toda la palabra que se pueda, porque si no se simboliza la situación, se la actúa, se continúa poniendo en acto la violencia psicológica y/o física. Sería bueno que las víctimas puedan sentir que serán contenidas; que haya más y mejor comunicación entre los establecimientos escolares, los alumnos y sus familias; que haya un referente especializado en el tema y a quien acudir en las escuelas y en los colegios; incorporar un sistema antibullying para mejorar la convivencia entre los alumnos (y docentes) y así su educación. Además, es de vital importancia que se respete y cumpla en todo colegio la Ley de Educación Sexual Integral (ESI), para comprender que la diversidad es bien amplia y así no sólo tener que abordar a una persona desde su biología, la cual cómodamente se abrocha a un cerrado e irreal sistema binario. 
Quizá aquello penoso que viví hizo que desde que empecé a especializarme en diversidad y género tenga un compromiso y una responsabilidad extras dentro de mi profesión, como por ejemplo saber exactamente el sufrimiento (llámese estrés, angustia, ansiedad) que se siente cuando uno está dentro de un placard, cuando -ya de adulto-no puede hablar de su sexualidad en el trabajo, cuando no puede vivir un amor plena y libremente, etc., y allí estoy ofreciendo un espacio donde ese sujeto pueda empezar a decir y levantar ciertos recuerdos que cayeron en la represión, para que pueda poner palabra y sentimientos a lo que se vivió en silencio y en solitario, resignificándolo positivamente, para finalmente fortalecerse y transformarse curando las heridas. 

#LESRARES comentado por el Lic. Sebastián Ferron

Sebastián es un flamante lic. en Psicología que se contactó para enviar qué le pareció #lesrares. Relatos de Diversidad Sexual, libro de Verónica Dema y Alejandro Viedma, editado por Milena Caserola:

“#lesrares me encantó, me conmovió, me nutrió, es un libro que llega muy bien, tiene formas de expresarse que hacen fácil la lectura, es para cualquier persona y eso es muy bueno, así que felicitaciones! Y en lo personal generó un interés profesional; tengo muchas ganas de formarme en cuestiones de género y trabajar comprometidamente desde el corazón, motivo por el cual, Alejandro, te molestaré a futuro muy próximo para que puedas guiarme. Abrazo fuerte y muchas gracias! Te mando algunas ideas inspiradas en estos relatos”.


#lesrares, comentarios por el Lic. Sebastián Ferron

Nos hallamos inmersos dentro de una cultura atravesada por la imagen, lo efímero como rasgo de un tiempo líquido, el consumo compulsivo en pos de llenar vacíos y, como emergente, los cuerpos hablantes procuran y promueven la puesta en marcha de una deconstrucción necesaria de patrones impuestos y sistemas binarios producto de la heteronormatividad imperante. Los cuerpos hablantes transitan el camino de la búsqueda eterna de un sí mismo, el motor del deseo propulsor, la necesidad de reconocerse desde lo más auténtico y genuino, desde la singularidad, desde lo diverso. 

A partir de allí, como profesionales de la salud, estamos obligados a formarnos constantemente sobre aspectos referidos a diversidad, identidad de género, entre otras cuestiones inherentes, posibilitando posicionarse subjetivamente desde un lugar más empático que facilite el acompañamiento despojado de prejuicios y por ende hostilidades enmascaradas que no hacen más que contribuir a incrementar falencias dentro del rol terapeuta-padeciente. 

Como terapeutas será preciso entonces mantenernos despiertos y dispuestos a tender la mano -escucha y palabra que alojen el sufrimiento y permitan realizar ese recorrido lo más responsable y comprometidamente posible con lo más humano de cada unx- al sujeto que busca, transita senderos sinuosos, teñidos de dudas, angustias, frustraciones, miedos. 

La diversidad no se agota, prolifera exhibiendo nuevas formas que proclaman dignamente su reconocimiento y la posibilidad de acceder legítimamente a la igualdad de derechos. 

Dicho esto, el compromiso es doble, como profesional de la salud y como ciudadanos dentro de un mundo cada vez más complejo.



Alejandro Viedma: “mi deseo es que les niñes y adolescentes que estén sufriendo bullying no se sientan tan soles”

OCTUBRE 29, 2018 Por 

El blog Boquitas Pintadas apareció un 28 de diciembre de 2010 en la web del diario La Nación. En ese momento no existían demasiados espacios para hablar sobre diversidad sexual, pero la periodista Verónica Dema -su creadora- emprendió una labor importante para visibilizar esta temática, recorrido que llegó hasta la presentación del libro “#lesrares, Relatos de Diversidad Sexual” (del que es autora junto al psicólogo Alejandro Viedma) en Casa Brandon el pasado 18 de octubre (que, entre otros invitados, contó con la música de la talentosa guitarrista Karen Bennett). Pero Boquitas Pintadas significó, además, un importante lugar desde el que se dieron a conocer valiosas historias de vida de personas que hablaban en primera persona sobre identidad de género, salida del closet, historias de amor, las marcas que deja el bullying. Alejandro Viedma, especialista en diversidad y temática de género, quien sufrió en carne propia el bullying por su orientación sexual decidió salir del perfil bajo y contar su historia (en el blog y en el libro) para ayudar a que ningún niñe o adolescente pase por esa penosa experiencia que deja marcas irreversibles. El uso del lenguaje inclusivo en el título del libro (y en esta nota) no es casual: es un signo de los tiempos que, poco a poco, va formando parte del hablar de muches, especialmente desde las nuevas generaciones, un lenguaje que no existía cuando salió Boquitas Pintadas. Alejandro (@aleviedmapsi en Instagram), colaborador de Boquitas Pintadas, habló con sinformatos sobre todo esto. IMG_5493
-Desde 2010 se dieron enormes avances en materia de derechos para personas que antes no los tenían. Los relatos de #lesrares de alguna manera lo reflejan, y se ven sustentadas en ese contexto.
-Sí, sobre todo en la visibilidad, ya sin miedo ni vergüenza, de historias que se enmarcan en las diversidades. La cuestión de que les protagonistas que forman parte de #lesrares quisieran compartir pública y masivamente una porción de su vida, entre otras cosas, tiene que ver con los avances en materia igualitaria que se fueron dando en Argentina sobre todo con la bisagra que significó la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario y, luego, la de Identidad de género, pero eso también fue resultado del trabajo de hormiga que vienen haciendo las organizaciones LGBT locales en las últimas cuatro décadas.
-¿Cómo vivís el lanzamiento de un libro sobre relatos de diversidad sexual en un contexto donde siguen habiendo ataques homofóbicos, y Bolsonaro ha sido electo como presidente de Brasil?
–#lesrares me parece que muestra una cara de resistencia, es un granito de arena que ponemos en un contexto complejo para la región en el sentido que alguien como Bolsonaro se presente sin filtros, sin velo como un ser con ideas y declaraciones fascistas, xenófobas, misóginas, homo y transfóbicas y, lo que aún me parece más grave, el gran apoyo popular que obtiene. Los relatos del libro son la contracara de ese odio, ya que hablan de amor, de aceptación, de padecimientos varios y de reivindicación/celebración de “la rareza” para seguir cuestionando prejuicios sin la instancia más cruel del juzgar, del maltratar, de desvalorizar al otro. 
-Teniendo en cuenta todo lo que implica el diario La Nación, ¿cómo fue tu experiencia en Boquitas Pintadas?
-Yo lo viví como colaborador del blog, estando especialmente atento a los intercambios producidos, a veces ferozmente violentos y discriminatorios, que se generaban en los comentarios de cada post. No entendíamos muy bien por qué surgía tanta agresión, porque consideramos que no había nada nuevo bajo el sol respecto a sexualidades, aunque las diversidades sí estaban siendo más difundidas, pero básicamente los ataques venían desde el anonimato. Por otro lado, nunca me sentí limitado o censurado en expresar lo que quería en los posteos, jamás me bajaron línea en las opiniones que di como profesional/persona. 
-¿Cómo viviste el proceso que llevó #lesrares?
–Para mí fue muy lindo, productivo, y de enseñanza, porque conforme íbamos seleccionando las crónicas de vida con Vero, me volvía a emocionar con la lectura de las mismas. Algunas me provocaban tristeza, otras sorpresa, otras alegría, pero ninguna me pasó desapercibida. Y nos gustó -para que no queden tal cual esas publicaciones habían figurado varios años atrás- que les elegides actualizaran su vida; allí notamos cambios importantes: hubo muertes, separaciones, así como pasar de noviazgos a matrimonios o de una pareja al poliamor y, siempre, desde nuestra posición con Vero y para transmitir a les lectores, que nos corramos del lugar de moral. La idea del libro fue, además de resaltar esos relatos personales, subjetivos e intransferibles, que sea un material didáctico, pedagógico, que ojalá pueda también circular en ámbitos académicos, por eso sumamos un glosario. Paralelamente, mi deseo o ideal es que les niñes y adolescentes que estén sufriendo bullying no se sientan tan soles y puedan buscar y encontrar alternativas a fantasear o lograr terminar con sus vidas. Por último, disfruté este proceso, ya que compartimos mucho tiempo y vida con Verónica, alguien a quien quiero, que considero mi amiga, que admiro y que me acompaña codo a codo con valores, acuerdos y códigos afines. 
#lesrares, Relatos de Diversidad Sexual (editorial Milena Caserola, 2018) está a la venta en Maricafe, Honduras 4096, CABA.

Desde la sanción de la ley de identidad de género, casi siete mil personas hicieron el cambio de DNI

Mis aportes para esta nota de José María Costa para LN del 27-08-18: "la autopercepción refiere a cómo se siente, se ve, se conoce uno mismo. Cuando se dice que en la identidad de género basta con cómo se autopercibe una persona, significa que eso es una vivencia personal, subjetiva, singular e intransferible. No existen dos identidades iguales". "Respecto a lo que suele acontecer en los establecimientos escolares: muchos educadores van reprimiendo en niños y niñas que podrían devenir trans la instancia del placer en los juegos, algo característico en esa etapa. Al hacer eso posiblemente sin darse cuenta, los adultos también van menguando la inocencia de estos chicos y chicas, porque mucho más que otros, ellos y ellas son receptores directos de lo que estará bien o mal, lo que se aceptará (por ejemplo, que el color celeste, la pelota o los autitos 'son de varón' y el color rosa, las muñecas, jugar a la mamá 'son de nena') o se rechazará socioculturalmente (que las nenas jueguen con los nenes a juegos de varones). Así se va dañando a los más vulnerables y desprotegidos".

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No te cae bien la pareja de tu amigo, ¿qué hacés?

Les comparto mi colaboración para esta nota de LN del 22-08-18. 
En principio, habría que aclarar que si estamos refiriéndonos a personas adultas, suponemos que son libres, al menos desde el plano consciente, en sus elecciones y actos. 

Comentarios?

En las juntadas, siempre tiene cara de aburrimiento y nunca habla cuando están todos. O pasa que tu amigo o amiga está feliz, pero su pareja no para de hacerle comentarios negativos sobre todo lo que hace. O aunque no lo quieras pensar, sentís que él o ella no hace una gran combinación para tu amistad. ¿Qué pasa cuando no te cae bien la pareja de un amigo? Muchos tenemos el impulso necesario de decirlo, pero nos vemos limitados cuando pensamos en que no deberíamos meternos porque somos personas grandes. Pero también, si somos amigos, ¿por qué no podríamos decirlo?

Estas idas y vueltas que habrán llenado cafés, cervezas y chats con otros amigos es muy común. Por eso hablamos con el psicólogo Alejandro Viedma para aclarar los tantos y ver de qué manera podemos transmitir eso que nos agobia de la relación de un amigo. Según Viedma, hay que aclarar por qué uno diría algo. "Antes de expresar algo desde el impulso vendría bien dilucidar si ese amigo está en algún tipo de riesgo con la persona que lo acompaña o es por mi propio malestar o por el de mi amigo", explicó a LA NACIÓN. ¿Lo puedo decir porque no me cae bien a mí? Viedma incluso se aventura y propone: "¿Siento celos porque por ejemplo ahora estoy compartiendo menos con mi amigo, entonces pongo al tercero como el que me quita tiempo con mi amigo?

Aunque la última proposición tenga poco sustento, el psicólogo aclara un buen punto: ¿Qué logramos si se lo decimos a nuestro amigo? Si lograste entender tus propias razones, excelente. Ahora, ¿cómo se lo comunicás? "Para no ser tan directo, uno como amigo podría tantear el terreno en ese tema, ver si el otro está dispuesto a escuchar y conversar sobre lo que se le quiere transmitir", explicó el psicólogo.

Un gran mecanismo para empezar es el humor, porque podés tirar verdades -palitos- sin ir al grano directamente y sin plantear la discusión como algo solemne. Otra cosa que ayuda es ir de lo general a lo particular. "Por ejemplo, se puede empezar con preguntas como '¿Cómo estás con X? ¿Cómo te estás sintiendo en esta relación? Dependiendo lo que y cómo vaya respondiendo (y también si mi amigo me pregunta o repregunta), uno puede llegar a interrogar: ¿Querés que te diga lo que me parece? O, ¿creés que lo estás conociendo bien?".

Otra cuestión a tener en cuenta es el momento momento de la relación de cada uno de los involucrados, es decir entre ustedes y ese amigo y su pareja. "Si mi amigo está noviando hace poco y se siente enamorado es posible que esté idealizando al otro, por lo cual quizá no esté en momento de oír o ver lo que uno tiene para mostrarle. Si uno lleva muchos años de relación con su amigo quizá se habilita más a decirle cosas buenas y malas, porque lo que se fue construyendo es un vínculo de confianza, sinceridad y cariño", dijo Viedma.
Cuando hablamos de la sinceridad con amigos, es importante entender que nuestras posturas podrían tener consecuencias. "Lo que se tiene que tener en cuenta es que en la amistad hay un lazo amoroso y respetuoso que genera bienestar, salud, armonía y uno tendría que evaluar cuáles serían los costos para uno y otro en el caso de hablar o callar", explicó Viedma. Prudencia, amor y respeto son claves para enfrentar este tipo de situaciones.


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Muchas gracias!

Jornada del Colegio de Psicólogos de Bs As, Distrito Xll

El 11 de agosto diserté en el panel de la Primera Jornada de las Comisiones de Forense y Violencia de Género y Familiar del Colegio de Psicólogos de la pcia. de Bs. As. Distrito Xll, “PSICOLOGÍA Y DERECHO: LAS VIOLENCIAS POSIBLES, INTERVENCIONES DESDE UNA PERSPECTIVA DE GÉNERO”, en  Quilmes. Aquí les comparto algunas imágenes de esa actividad tan exitosa y amorosa; muchas gracias colegas!


Muchas gracias, terapeutas, por su respetuosa escucha, por el afectuoso aplauso y por sus abrazos! Gracias Malvina querida! Muy interesante y rico el intercambio de comentarios, preguntas, saberes...
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