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TRANSITANDO OTRAS REALIDADES


-ALGUNOS LINEAMIENTOS COMO INTENTO DE DIÁLOGO ENTRE EL PSICOANÁLISIS Y EL ACTIVISMO TRANS SOBRE LAS “MUTILACIONES” QUE NO TIENEN LA MISMA MODALIDAD QUE EL PASAJE AL ACTO-
Por: Lic. Alejandro Viedma
¿Qué significa TRANS?
A modo de introducción, me es necesario precisar de qué se habla cuando se dice que una persona es “trans” y qué diferencias se encuentran, por ejemplo, entre las personas transexuales y las travestis.
El término transgénero refiere al sujeto que expresa un género o siente una identidad de género que difiere de lo que es esperable socio-culturalmente con respecto a su sexo biológico, por lo tanto a las personas transexuales y travestis se las ubica dentro de la “categoría trans”.
La persona transexual es aquella que durante toda su vida ha sentido que nació con el sexo equivocado, por lo cual va adoptando atuendos y modos de comportamiento buscando lo concordante con sus identificaciones, deseos, sentimientos, fantasías, gustos y preferencias. La transexualidad es definida como contradicción entre el sexo físico (genital, hormonal y genético) y el psíquico. Dentro de este grupo de personas hay algunas que no se operan para modificar sus genitales porque no lo consideran imperioso o necesario, o no cuentan con los medios económicos para hacerlo, o no se hallan preparadas psicológicamente para concretarlo, y otras que por medio de un tratamiento hormonal y la intervención quirúrgica logran la rectificación de su atribución sexual.
Una persona travesti es quien viste ropas y utiliza maquillaje del otro sexo como forma de expresar el género femenino. En general, las travestis no “reniegan” de sus genitales, por ende no se someten a una intervención quirúrgica para “adecuarlos”.
El contexto familiar y social de las personas trans
En la gran mayoría de los casos, las personas trans pasan por situaciones muy complicadas de vida. A medida que van asumiendo la identidad sexual que siempre sintieron como propia, o que van “moviéndose” dentro del “otro” género, generalmente son expulsadas a la calle por sus familias de origen.
Con el pasar del tiempo tienen que sortear distintos acontecimientos adversos cotidianos porque en la sociedad está incorporada la transfobia, un dispositivo ideológico que produce, promueve y justifica prácticas de odio, miedo, aversión y represión hacia las personas trans, creando y legitimando la discriminación a las –y también entre las- mismas. Para comprender estas cuestiones, al decir de Castoriadis, del orden de lo instituyente-instituido, sugiero volver al concepto freudiano del narcisismo de las pequeñas diferencias (1929) donde se explica el despliegue de la hostilidad, la agresividad, la violencia.
¿Hay un otro que goza por pertenecer a una mayoría y establecer un abuso de poder? ¿Goza también quien forma parte de la minoría en la medida que se victimiza y obtiene “beneficios secundarios”?
Volviendo a las travestis y transexuales, no hay un alojamiento de ellas como sujetos (de deseo y de derechos humanos en general y sexuales en particular) puesto que les son negadas necesidades humanas básicas como la vivienda, la educación, la salud, el empleo. Lo antedicho hace dilucidar el por qué la mayoría de estas personas casi no tenga una opción laboral distinta al ejercicio de la prostitución.
Sólo algunas de ellas logran vencer esas grandes dificultades y salen de la posición de ser víctimas para cristalizar sus proyectos, sus deseos y llegan a vivir lo más dignamente posible.
La trans-clínica
A menudo leo y escucho entre mis colegas psicoanalistas que todo caso de transexualismo es incluido –sin excepción- dentro de la estructura psicótica.
Continuando con el legado freudiano, los analistas debemos focalizarnos en el caso por caso, postura que también es la de Silvia Bleichmar en su experiencia con sujetos transexuales, para partir del diagnóstico, como con cualquier sujeto independientemente de su identidad de género u orientación sexual. Nuestro rumbo será guiado por la escucha de la enunciación y la pregunta por la relación que mantiene el analizante con ese enunciado que despliega. También apuntaremos a determinar la modalidad de goce en juego para ver hacia dónde nos dirigimos en la cura.
De lo contrario no observamos la particularidad del caso y nos quedamos atrapados en ese “empuje a la mujer” del caso Schreber de Freud y establecemos una peligrosa analogía entre esa cuestión específica que se enmarca dentro de un delirio de un caso de paranoia con otros sujetos que presentan un “trastorno de identidad de género” y luchan por su derecho a la reasignación de la identidad que asumen; o sellamos un diagnóstico anticipado y muchas veces erróneo porque nos cierra el punto central para Lacan respecto de la psicosis: el agujero en lo real (y lo homologamos a la castración, al corte del pene). De esta manera, como analista uno debe preguntarse por el estatuto que adquiere, por ejemplo, la frase “soy una mujer”.
Además, esta problemática nos convoca a visualizar y diferenciar los momentos históricos, socio-culturales, económicos, políticos, teóricos y científicos, a no dejar de lado todos los avances que se vienen produciendo en esos y otros campos para tener en cuenta que hay surgimientos de nuevas subjetividades y que cada sociedad específica también genera síntomas específicos. A modo de ejemplo, en el campo científico en estos tiempos es posible “hacerse un cuerpo del otro sexo”, es decir, los sujetos pueden ir por un dispositivo científico.
En el caso de un sujeto transexual que decide seguir el proceso hasta el cambio de sexo, desde el lugar del analista uno debe preguntarse por qué apoya dicha situación -si es que la sostiene, acompaña, avala-, qué está autorizando, habilitando, cuál es el modo de ubicarse, qué hay detrás del manifiesto conflicto corporal en juego. Uno debe interrogarse por la clínica allí con los datos y elementos con que cuenta, sobre todo si se trata de un sujeto menor de edad, porque se sabe que luego de la operación no hay marcha atrás.
Básicamente el profesional deberá estudiar, asesorarse y trabajar sus propios preconceptos. Uno de los más habituales es el que abotona la identidad sexual con la orientación sexual. He escuchado decir a colegas, por ejemplo: “sé de un sujeto que se operó para ser mujer y luego se puso en pareja con otra mujer, ¿para qué se operó finalmente?”.
Caso “Gabby”
Este sujeto llega al consultorio de Silvia Bleichmar con el nombre Agustín. La prestigiosa psicoanalista ya fallecida hizo un recorrido de este caso en su libro “Paradojas de la sexualidad masculina” (Paidós, 2006). Se trata de una sujeto adolescente que siempre se sintió del otro sexo y sus padres apoyaron el proceso de cambio de género y sexo. También la analista, por entender este transexualismo no ubicable dentro de la psicosis. Este texto de Bleichmar es un interesante hallazgo ya que en varias páginas la autora navega por la vida de “Gabby”, por sus contextos familiar, social, escolar.
Agustín, a los tres años, deja de mostrar su pene. A los trece toma conciencia de su verdadera identidad sexual y empieza un tratamiento hormonal. La analista fue consultada por los padres de la paciente y esta última (para realizar una evaluación que tendiera a redefinir una senda terapéutica: aliviar la angustia y determinar futuros riesgos psicopatológicos), que estaba siendo atendida por una terapeuta y un psiquiatra, cuestión bien especificada en el informe que elaboró Bleichmar; el grupo familiar vivía en una provincia del interior de Argentina. Es rescatable el intercambio de mails de la analista tanto con la adolescente como con la madre de la misma.

Pasaje al acto: algunas puntualizaciones

Jacques-Alain Miller, en “JACQUES LACAN, ANOTACIONES SOBRE SU CONCEPTO DE PASO AL ACTO”, subraya las siguientes características principales del pasaje al acto: la urgencia (la precipitación, lo no calculado, la impulsividad); el daño a sí mismo, la autodestrucción donde el sujeto está sustraído de la escena y se emparenta con la pulsión de muerte, el dolor, lo que contradice la idea del sujeto que quiere su propio bien, la utilidad; una desesperada afirmación del goce; la transgresión (del código, de la ley, del límite); la ruptura de la subjetividad; el rechazo al saber, el rechazo del inconsciente que implica el abandono de equívocos, pensamientos, palabras: hay un No al Otro, un impase.
Por lo anteriormente resumido es preciso diferenciar lo que sería un pasaje al acto, por ejemplo, en los brotes que devienen en automutilaciones, donde algo irrumpe con una temporalidad específica, pues hay un antes y un después dividido por lo instantáneo y operaría un goce absoluto, de todo lo que tiene que transcurrir y sostener un sujeto trans hasta llegar a operarse (el que haya decidido llevar adelante la intervención quirúrgica), donde el recorrido implica un acompañamiento interdisciplinario –que incluye un médico clínico, un psicólogo, un psiquiatra, un endocrinólogo, un cirujano, un perito forense- en una línea de tiempo que en la mayoría de los casos lleva varios años o hasta décadas.
De esta manera, ubico a este transexualismo (por ejemplo el de “Gabby”) no como una automutilación como resultado de un daño a sí misma, lo cual podría suceder con un sujeto psicótico que queda confrontado en lo imaginario sin ningún soporte simbólico cuando el objeto real (kakon) se presentifica en la relación especular con el otro, sino que tiene que ver con la reasignación de la identidad sexual, con el fin de buscar el bien propio.

Interrogantes que me surgen casi finalizando este escrito…
-Cuál es la particularidad del duelo en la persona trans? ¿Se duela por el cuerpo que se tuvo o el alivio encontrado en la reasignación sexual es suficiente?
-¿Qué sucede con la persona trans de mujer a varón? ¿Está invisibilizada? ¿Pasa por el mismo proceso que una trans de varón a mujer? ¿Cómo actúa en nuestra cultura la “extracción de lo femenino” a diferencia de lo fálico?
-¿Qué pasa con la persona trans que ya fue madre o padre? ¿Y con el/la que desea serlo?

A modo de una posible conclusión
Así como se catalogan y ordenan consensuadamente patologías organizadas en nomenclaturas, también pueden abolirse. Mi idea es que estas “nuevas subjetividades” trans lograrán en el futuro salirse de lo psicopatológico, del desorden, de la disforia así como los colectivos gays-lésbicos de los Estados Unidos y Europa han conquistado algo muy valioso: que la homosexualidad fuera retirada de la lista de enfermedades de la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) en 1974 y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1990. También es responsabilidad de los terapeutas colaborar para gestar y afianzar esos cambios, esos avances para humanizar a las personas trans, casi siempre catalogadas, diagnosticadas como enfermas, perversas.
Por tal motivo no se debería perder de vista la articulación deseo-ley, ya que la ley es “para todos” (los mismos derechos que pertenecen por ciudadanía a todos) y el deseo de uno, siempre singular, único, irrepetible. Aún hoy, en el 2008, existe una proscripción para el cambio de sexo en Argentina. En estos momentos existe en nuestro país un proyecto de ley de identidad de género que cuando sea aprobada, la ley garantizará el derecho a goce de las personas trans.
Considero que la persona trans, al cuestionar los binomios existentes (varón/mujer; masculino/femenino; activo/pasivo, entre otros), interpela a –y discute con- los discursos Amo, sobre todo los de la biología, la religión, la psiquiatría.
Si la esquizofrenia nos ha enseñado que no hay allí una elaboración desde lo significante, ¿no podríamos pensar que el/la transexual nos confirma que la atribución del cuerpo nunca es de entrada? En “Introducción del narcisismo” (Sigmund Freud, 1914) leímos que de entrada siempre hay un cuerpo fragmentado a ordenar y no una corporalidad dada como unidad, sino que deberá constituirse. El cuerpo es además armado simbólicamente, no hay un cuerpo como perteneciéndole a uno desde que nace y los/las transexuales sienten esto durante muchos años.
En los testimonios de las personas transexuales que han sido operadas escuchamos algo en común: hablan de un “nacer de nuevo”, que coincide con la fecha en que se llevó a cabo la intervención quirúrgica; hay algo del orden del alivio (que debe diferenciárselo de una estabilización de un pasaje al acto en la psicosis) de empezar una vida nueva y plena con la identidad que siempre han sentido como propia ahora “ajustada” a su cuerpo.
Es por ello que es fundamental que el analista esté preparado para alojar a este tipo de pacientes, a su discurso y su historia de vida, revisando, como siempre, primero sus propios prejuicios, (in) formándose permanentemente, trabajando interdisciplinariamente, controlando sus casos, teniendo su análisis personal, desarrollando una escucha atenta, un deseo puesto en la enunciación del analizante que visita semanalmente el consultorio y una ética en todo lo que pueda y esté dispuesto a hacer. Sólo así podremos entender que ni la identidad de género ni la orientación sexual definen a priori la estructura (de hecho existen personas transexuales neuróticas, psicóticas o perversas) para ningún sujeto, ya sea varón, mujer, trans, o hetero, homo, bisexual, etc.
En la presente columna he intentado plantarme en un lugar TRANSicional entre la militancia LGBT y el psicoanálisis, he querido introducir una especie de discusión desde adentro de ambos campos diferentes y convergentes a la vez, desde una posición particular, propia, mía. En estos momentos me encuentro pensando ciertas cuestiones complejas para la clínica psicoanalítica, lo cual implica que tampoco me emplace en otro discurso AMO, el de cierto activismo trans que intenta borrar las diferencias y normativizar a todos los sujetos, expresando: “no somos enfermos, somos todos normales”.
La trans-clínica me seduce porque las cuestiones planteadas en este escrito nos convocan a reformular las teorías, pues a los consultorios están llegando nuevas demandas. La diversidad nos propone un re-pensar lo sabido y “abrochado”, cerrado, nos invita permanentemente a realizar una reelaboración seria en este mundo tan ricamente TRANSitado por todos y cada uno de “nosotrans”.

Nota del autor:
Deseo expresar un agradecimiento especial a las coordinadoras del grupo de estudio de pasaje al acto en la psicosis y al Dr Millas del hospital Álvarez, a la revista DZO de Bahía Blanca por el contacto y por ofrecerme un lugar para pensar y plasmar mis inquietudes. Por último y como siempre, a Martín, director de AGMAGAZINE por permitir que sea columnista de su gran portal, lo cual me ha posibilitado un intercambio interesante y apasionante con varios lectores del sitio. Alejandro.

Bibliografía consultada:
Bleichmar, Silvia, “Paradojas de la sexualidad masculina”, Ed. Paidós, 2006.
Freud, Sigmund, “Introducción al narcisismo”, Tomo XlV, Ed. Amorrortu, Buenos Aires.
Freud, Sigmund, “El malestar en la cultura”, O. C. Tomo XXl, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1982, página 111.
Giberti, Eva, “Ese otro deseo de hijo que la tv documenta”, en Homosexualidad ¿Estructura o elección?, Actualidad Psicológica, Año XVlll – N 202, Número especial, Setiembre de 1993.
Miller, Jacques-Alain, “JACQUES LACAN, ANOTACIONES SOBRE SU CONCEPTO DE PASO AL ACTO”, en Actualités Psychiatriques No. 1, Janvier 1988.

Films recomendados para continuar reflexionando en torno a estos temas:
“Mi vida en rosa” (Francia-Bélgica-Gran Bretaña, 1997); “Transamérica” (USA, 2005); “20 centímetros” (España, 2005).

Activistas trans Marcela Romero y Valeria Ramírez.

Chicas Trans: mucha tela para seguir cortando

Columnas 03-07-2008, AG Magazine, portal de noticias declarado "De Interés Municipal" por el Concejo de la ciudad de Rosario por su trabajo en favor de la difusión de la temática LGBT.

Por Alejandro Viedma | Un posible modo de articulación entre los más recientes avances del colectivo trans argentino, como consecuencia de no haber retrocedido ante su deseo.

“…matar simbólicamente a aquel que se ha sido para que de ese modo se distinga lo dado de la niñez de lo conquistado de la madurez.” –Pierre Rey-

En el último bimestre estuvieron circulando varias noticias en la prensa nacional acerca de los novísimos emprendimientos y logros del colectivo de travestis, transexuales y transgéneros. Resumidamente, a continuación hago un racconto de dichos sucesos:

El día 15 de mayo del presente año el Concejo Deliberante de La Matanza (provincia de Buenos Aires) aprobó que los hospitales públicos de dicho municipio llamen a las personas trans por el nombre –femenino- que eligieron, es decir, por su nombre de identidad de género y no por el que (aún, hasta el momento) figura en su DNI. Diana Sacayán, integrante del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL), fue una de las protagonistas y luchadoras para que esta medida empezara a implementarse.
Casi un mes después, Marcela Romero, presidenta de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA) y coordinadora general de la Red LacTrans, y luego de diez años de infatigables reclamos, logró que el Juzgado Número 2 de San Martín (provincia de Buenos Aires) aprobara la documentación para el cambio de nombre de la mencionada activista y se rectificara su partida de nacimiento.
El jueves 19 de junio se hizo la presentación del segundo número de la revista “El Teje”, hecha por travestis y transexuales argentinas, en el Centro Cultural Rojas, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La directora de esta publicación es la activista Marlene Wayar. El primer ejemplar de “El teje” había salido a la luz en noviembre de 2007.
Exactamente una semana después, la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti-Transexual (ALLIT), cuya presidenta es Lohana Berkins, inauguró la primera cooperativa de trabajo integrada por travestis y transexuales del planeta que se dedicará a la producción textil, básicamente de sábanas y ropas blancas. El nombre elegido de dicha cooperativa es “Nadia Echazú”, una travesti de Salta fallecida en 2004, y quien durante años luchó por los derechos de las personas trans.

Siguiendo -y estando atento a- estos datos, a mí me atrae pensar que estas personas, activistas trans, pudieron capitalizar sus deseos en lo legal, en lo social, en lo cultural y en lo amoroso, justamente los campos en donde, históricamente, más se las ha marginado.

El novelista Pierre Rey, en su genial obra “Una temporada con Lacan”, dice: “No es gran cosa lo que se elige. Ni el momento de nacer, ni el nombre que llevamos, ni el color de los ojos ni aquellos que más tarde nos herirán por haberlos amado”. Contrariamente a su postura, las chicas trans desafían y esquivan ciertas elecciones del Otro y se responsabilizan por las propias. Ellas sortean esos primeros nombramientos.

Inscriben, estampan sus nombres elegidos, adquiridos, su letra, sus ideas, sus sentimientos en una red más real, visibilizando la trama tácita. Tejen descubriendo velos para que esos nombres, esas redacciones abandonen la clandestinidad, para que los significantes que las a-traviesa-n dejen de resultar vergonzosos, esclavizados-esclavizantes.

Producen y trabajan con telas. La tela como género (femenino). Las sábanas para ser coherentes con su discurso político: las trans revelan que todxs somos seres sexuadxs, puesto que los cuerpos humanos, que hablan, laburan, se muestran y gozan, al mismo tiempo demuestran que el sexo es eros, pulsión de vida.

De tal manera las chicas “costureras” salen de la victimización desde lo grupal, desde el cooperativismo, la unión, la preocupación por que sus pares y ellas mismas tengan una mejor calidad de vida, se dignifiquen, transiten por la vida como sujetos que van a la vanguardia, que inauguran espacios y posiciones diversos en este mundo.

Sartre dijo que uno es lo que hace. Yo, siendo psicoanalista, agrego: uno es –también- lo que dice (y lo que calla, y lo que deja de hacer). Y con Lacan aprendimos que la ética tiene que ver con la realización del deseo, con no sucumbir, dar pasos atrás ante éste.

Entonces, pienso: ¡qué chicas tan éticas estas personas trans! Ellas van haciendo y diciendo, nombrándose, y sobre todo (trans) formando: sus cuerpos, su género, sus discursos, sus nombres, en fin, su posición subjetiva.

Mi idea fue hacer un pequeño escrito, un re-corte que valorice retazos de estas vidas de chicas que se re-nominan y cortan con cuestiones que antes era impensable que pudieran modificarse. En su andar, estas personas hilan fino, pedalean máquinas duras, manchan con tinta imborrable hojas para crear nuevos ciclos y lugares históricos. Por eso este pequeño homenaje a ellas, como forma de hermanarme en el sentido de plasmar mis ideas en palabras dichas y escritas, de intentar que todos y todas podamos diseñar y escribir una historia distinta a la pasada, ya con menos violencias.

Para terminar, estimadas Diana, Marcela, Marlene, Lohana, representantes de miles de compañeras trans, quería desearles que luego de tanto compromiso, tanta batalla -lo cual ha implicado/implica malestar, golpes, humillaciones, pero también reconocimiento, placer, orgullo- esta noche puedan relajarse y disfrutar de todo lo conseguido, conquistado.

Es por ello que me permito humildemente sugerirles un programa: cuando se vayan a descansar, antes de producir sus otros dulces sueños, encuéntrense con la delicia de envolverse en esas sábanas claras que confeccionan, releyendo la revista “El Teje” para pensar en próximos artículos y personas interesantes a entrevistar, mientras esperan a algún partenaire que las mime merecidamente.

Ah! Y luego de esos encuentros corporal y emocionalmente intensos y ya casi por dormirse para recargar pilas, energía para el próximo proyecto, miren de reojo a su mesita de luz y sonrían porque allí está (o estará en breve, en la mayoría de los casos) su DNI, el objeto real que enseña, concede y plasma todo lo que hicieron en su verdadero y único nombre de ahora en más: el de su persona resiliente, el de su deseo que, como tal, ha sostenido su (trans) misión, su transición, sus triunfos y que va por varios (deseos, proyectos, misiones, transiciones y conquistas) más!!



A. V. 

Derechos Humanos Trans-gredidos

Por: estudiante de Ciencia Política Facundo García/ Lic. en Antropología Marcelo Zelarallán/ Lic. en Psicología Alejandro Viedma.

La génesis de la transgresión de los derechos humanos radica fundamentalmente en la negación del otro en tanto su calidad es juzgada inferior a la del ser propio, siendo por ende aquél – según esa visión – indigno de disponer de los mismos derechos detentados por el “acusador”.

Se origina de este modo un conflicto vertical en el que se reconoce una relación de la cual resultan opresores y oprimidos, donde uno de los pilares que sostiene este vínculo asimétrico es el prejuicio.

Principios (hetero) normativos del día a día

Siguiendo estos lineamientos, nos interesa reflexionar sobre la violencia a la que se encuentran expuestas las personas LGTB en la vida cotidiana y que muchas veces no se alcanza a advertir o se la internaliza como la forma “natural” de relacionarse. Esta naturalización, en la medida que vulnera los derechos de un grupo social, afecta al conjunto del cual ese o esos grupo/s forma/n parte.

La agresión se muestra en todos los órdenes, pero en la vida cotidiana suele aparecer como obvia y “natural”.

Según algunas concepciones, parecería que el único destino posible para las personas LGTB sería aceptar o ajustarse a las normas discriminatorias -aparejando así, en base a las capacidades individuales, una indeterminada cuota de sufrimiento- que estructuran cada esfera de la vida.

A los procesos de violencia o de vulneración de derechos hay que empezarlos a ubicar en el marco de los profundos cambios producidos por el capitalismo a partir de las políticas y gobiernos neoliberales que se establecieron en la región latinoamericana y que, crisis mediante, están condicionando la entrada a una ciudadanía plena, fragilizando la permanencia en el mercado y destinando a la exclusión social a un número creciente de la población. La desigualdad que el sistema capitalista imprime se traduce en una violencia estructural coordinada por aquellos detentadores de poder.

Una cuestión de derechos, ciudadanías e identidades (trans)

Quienes no pueden acceder al ejercicio de su ciudadanía quedan estigmatizados, no asisten a la competencia que posiciona a cada uno en su propio entorno.

Existen grupos como las personas trans (travestis, transexuales, intersexuales) que casi no son incorporados a ninguna política de asistencia estatal, expulsándolos (no sólo de ciertas zonas de la ciudad) sin miramientos del espectro humano.

A las personas trans se les dificulta más que a los demás miembros del colectivo LGTB “disimular” sus cuerpos sexuados en relación con lo socialmente esperado. Esta cuestión que se da en lo fenomenológico es correlato del inconsciente colectivo, que trata a los actores trans como enfermos, en lugar de reconocer su particular identidad, como la de cualquier otro ser humano.

Si pretendemos hacer un análisis de la situación del colectivo LGTB en términos de ciudadanía es preciso que incorporemos la noción de identidad. En tanto que la legislación y las prácticas concretas la señalan en términos peyorativos, negando su existencia directamente o a través de una serie de estereotipos y prejuicios, se torna necesario replantear y reflexionar sobre la abstracción de la identidad, como en su trascendencia, en función de un cumplimiento efectivo de los derechos ciudadanos de las personas LGBT.

Un Estado que no contempla las múltiples y variadas identidades

Por ende, la enunciación de las diversas legislaciones debe considerar que la identidad de las personas no representa un esquema fijo y/o definitivo, sino que está íntimamente relacionado con el contexto; en tanto seres humanos adscribimos a variadas pertenencias.

Esta idea de identidades múltiples debe ser considerada seriamente por parte de quienes tienen a su cargo el diseño y la ejecución de las políticas públicas.

Un Estado estático no se corresponde con vidas personales y sociales dinámicas y cambiantes.

Esta perspectiva de las identidades múltiples, ligada a una concepción de ciudadanía y derechos con un carácter histórico, es básica para una política que verdaderamente tenga en cuenta la diversidad de los grupos humanos que conforman una sociedad.

Una política basada en una identidad exclusiva que se rija por principios ahistóricos se transforma en una sociedad no democrática que privilegia la homogeneización a la diversidad.

Lic. Alejandro Viedma junto a Héctor Pellizzi, autor de “El orden de las tumbas” y Oscar Farías en la ciudad de Junín.
Viedma fue invitado para esa ocasión por Pellizzi para dar una charla sobre Discriminación y violencia de género en la biblioteca Florentino Ameghino.