2007-08-21 | Columnas | Para una posible deconstrucción de prejuicios y estereotipos alrededor de lo LGBT

Por ALEJANDRO VIEDMA

«Es posible que cada persona sea un individuo, pero la mayoría de los individuos funcionan como tales dentro de los confines de un grupo más extenso. En primer lugar están los estereotipos y luego están las embarazosas verdades».
Matthew Rettenmund


ALGUNAS NOCIONES…

Prejuicio (del Lat. praejudicium = juzgado de antemano) es el proceso de "pre-juzgar" algo o alguien y de esta manera se evalúa, se hacen atribuciones y se orienta la conducta en base a premisas culturales. Generalmente implica llegar a un juicio sobre el objeto o el sujeto antes de determinar dónde está la preponderancia de la evidencia, o la formación de un juicio sin experiencia real o directa. Los prejuicios son actitudes, procesos afectivos y cognitivos que definen la realidad y orientan la conducta. Es por ello que se tiende a rotular a los gays de promiscuos, degenerados, superficiales, infelices y demás adjetivos gravitados por la agresión.

Las ideas prejuiciosas que rodean al colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y trans) parten de una base de sistemas de creencias compartidos, ya que culturalmente se percibe a estas personas como peligrosas, por ejemplo, cuando la Iglesia Católica proclama: “atentan en contra de la naturaleza y la preservación de la sociedad, porque tienden a su extinción”, al no haber, supuestamente, descendencia. Digo “supuestamente” desde una doble faz: o bien la institución eclesiástica cree que todos los sujetos que integran las minorías sexuales son estériles, o está negando o no queriéndose percatar de todas las formaciones vinculares alternativas al matrimonio heterosexual, monogámico y con fin reproductivo que se vienen desarrollando, sobre todo, desde mediados del siglo XX; como ejemplos se pueden citar a las familias con dos papás, con dos mamás, madres adoptivas transexuales, etc.

En varios casos, existe una connotación tan mala de los grupos LGBT que el rechazo hacia ellos es irracional y se busca apoyo cognitivo para las conductas que responden a ese sentimiento negativo, por ejemplo, cuando determinados/as padres/madres no envían a sus hijos a estudiar a establecimientos escolares donde enseñan docentes gays, por considerarlos “pederastas”, término este antecesor al de homosexual en pleno siglo XlX. Ello se ha arraigado en el pensamiento de algunas personas que considera que el sujeto gay sólo despliega su conducta sexual con menores de edad.

Un revuelo se suscitó en agosto de este año, cuando tomó estado público el caso de una profesora transexual que trabaja en Tierra del Fuego y quien fue amenazada por un grupo de padres de sus alumnos por “falsear su identidad”.

Otra modalidad de la actitud es el estereotipo, que conlleva imágenes y atributos con características de fijeza, por los cuales se clasifica a los grupos; por ejemplo, se infieren categorías de personas según la vestimenta de pocas: “las lesbianas son camioneros” por considerar que “no visten femeninamente ni a la moda, sino de manera desprolija y varonil”.

La intolerancia o la aceptación hacia las minorías sexuales no brotan de un impulso natural; el rechazo o la discriminación compartidos (hacia estos grupos LGBT) surgen de procesos aprendidos y no de experiencias individuales. Lo positivo, en este sentido, es que pueden modificarse o re-aprenderse, ya que alguna vez se edificaron. Para ejemplificar una posible reconstrucción, apelo a mi recuerdo y a la película Filadelfia, donde el abogado que defendió al personaje que desarrolló Tom Hanks, un hombre que en algún momento aprendió de su contexto social, que connotaba negativamente a los homosexuales (más si se trataba de personas viviendo con el virus del VIH-SIDA), a rechazar a los gays, de a poco y con acercamiento e información, fue trocando ese sentimiento por aceptación (de su defendido).

Por otro lado, la explicación que brinda Freud para las conductas agresivas es la existencia de impulsos innatos, si bien el Psicoanálisis no deja de creer en el interjuego de factores emocionales y cognitivos cuyas raíces se hallan en los conflictos y las tendencias relacionados con las primeras experiencias de vida. Es por ello que el trabajo de los/las profesionales de la salud mental dentro del consultorio debería apuntar a regresar y bucear en esos estadios para trabajar terapéuticamente lo que se vivenció e incorporó en ellos, por ejemplo, esclareciendo lo que alguna vez han transmitido los progenitores (y otros/as) y más tarde se instauraron como mandatos y se los repitió inconscientemente sin cuestionamientos
singulares.


COMPARTIENDO EXPERIENCIAS EN LAS AULAS

El prejuicio posee también una función utilitaria, pues permite integrarse a un grupo. Es lo que constaté el año pasado, cuando fui invitado a un colegio del conurbano bonaerense, donde se llevó a cabo un foro denominado “Problemáticas sociales de ayer, hoy y… siempre?” y en el cual tuvo un espacio un taller sobre la temática “La homosexualidad”.

Por lo que vengo diciendo, no me resultó llamativo observar que al inicio de la inscripción no se había anotado, para esta jornada, ningún varón. Después esto pudo modificarse mediante la sugerencia e insistencia de algunos docentes. Cuando se manifestó y preguntó este asunto dentro de la actividad, los adolescentes varones confesaron: “no queríamos que el resto del colegio piense que somos gays por participar de esto, sentíamos vergüenza y miedo al qué dirán” (se habían auto-excluido para no ser discriminados). De hecho, el único varón que formaba parte del grupo que llevó adelante esta exposición estuvo ausente el día del foro.

Los/las alumnos/as compartían lo arduo que les resultaba hablar sobre este tema en sus casas, ya que en ellas siempre ha sido un tabú, o sus padres/madres lo trataban desde un juicio de valor negativo. Entonces, señalaban que si bien ahora tenían más información por los medios de comunicación, les era imposible hacer cambiar lo que pensaban sus familias acerca de esta temática. “¿Cómo hacemos para no seguir lo que nos inculcaron o no creer todo lo que leemos/escuchamos?” (Por ej., en una página web cristiana habían leído que las relaciones sexuales entre gays sólo consistía en el intercambio de funciones excretorias). “¿Cómo hacerle entender a los demás que ser homosexual no es ser un desviado o un enfermo?”, “¿Cómo aceptar la homosexualidad cuando mi Iglesia la considera un pecado o algo contra natura?”, fueron algunas de las preguntas de los/las adolescentes, inquietudes con componentes cognitivos: opiniones y creencias adquiridas hacia los grupos minoritarios, sus formas de relacionarse afectiva y sexualmente, y eso los/las lleva a afirmar que dichas conductas son inmorales y los/las que las practican son pecadores/as.

Para finalizar, apelo a la reflexión personal de cada uno/a de nosotros/as:

¿Cuáles son tus prejuicios alrededor lo LGBT? ¿Y los míos? ¿Soy prejuicioso en otras temáticas? ¿Y vos? ¿Por qué aspecto te sentís discriminado/a? ¿A quién/es discrimino? ¿Y vos? ¿En cuáles temas considerás te falta información? ¿Qué estereotipos edificaste en torno a lo LGBT? ¿Y yo? Porque claro… ¡la deconstrucción de prejuicios y estereotipos empieza por un trabajo personal!


Bibliografía: De Muchinik, Rubistein y Frydman (1987) Temas en Psicología Social lll. Actitudes, prejuicio y discriminación. Buenos Aires: Tekné.

3 comentarios:

Edgardo C. dijo...

Estimado Alex:
Muy interesante y didáctico tu artículo. Me pareció muy interesante la idea que el prejuicio y la discriminación se construyen desde lo social y es un puro aprendizaje, no existiría quizás en un individuo aislado y sin contaminarse de valoraciones negativas.
Hablando de esto de "reconstruir" también el prejuicio se puede modificar o disminuir desde el cambio del discurso; por ej., cuando se habla del VIH/SIDA, la palabra infección:
1. f. Acción y efecto de infectar o infectarse. Y la palabra infectar:
1. tr. Dicho de algunos microorganismos patógenos, como los virus o las bacterias: Invadir un ser vivo y multiplicarse en él.
2. tr. Corromper con malas doctrinas o malos ejemplos. U. t. c. prnl.
3. prnl. Dicho de un ser vivo: Resultar invadido por microorganismos patógenos.
Si observas la acepción 2 de la palabra infectar, encontrás una idea valorativa (mal), infectar siempre es malo, una acción de maldad. Ergo los que infectan son malas personas. Ergo yo no quiero ser malo, entonces discrimino.
Por eso avalo utilizar la palabra viviendo y no sólo viviendo con el virus del VIH, hay miles de personas que viven con la enfermedad del sida.

Carlos Avila dijo...

Hola Ale!!!!

Lo tuyo es fantastico y esto te lo digo como un individuo que fue a escucharte a una charla; fue sintetico, aunque hubiera requerido un poco mas, fue claro, consiso, tenes todas las condiciones de ser un excelente orador, trasmitis claramente y el manejo que tenes con el otro, es INCREIBLE.-

Abrazo!!!!!!!!

Carli

Jorge E dijo...

Ale...

El motivo de estas lineas es AGRADECERTEEEEE por TODOOOOOOOOOOOOO LO QUE HICISTE en el foro, me encanto, me enorgullecio que estuvieras conmigo en la escuela, y me dejo absolutamente tranquilo que el tema se trabajaria con respeto, profundidad y equilibrio.
Te quiero mucho, y aunque no lo crea mi estimado ALEJANDRO VIEDMA, esta dejando huellas en la vida de muchos que se cruzan por su camino, mi querido Ale... mas alla de lo profesional que sos, mas alla de compartir nuestra eleccion sexual... el vivir el dia a dia, muchas veces se hace dificil, tedioso pero creo que tu forma de ver la vida ayuda a muchos. A mi te aseguro que si!
Creo que en el foro de la escuela seguimos sembrando un proyecto de vida mejor para los chicos y para nosotros mismos, cuando las cosas que se hacen se creen, se hacen mas creibles y se pueden internalizar.
MUCHASSSSSSSSS GRACIASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS DE CORAZON.. te quiere Jorge.